jueves, 9 de mayo de 2013

Francisco Pradilla en el Paraninfo

 
El Paraninfo de la Universidad de Zaragoza (Antigua Facultad de Medicina y Ciencias) acoge una exposición sobre los pintores aragoneses en la Escuela de Roma a finales del siglo XIX. La llamada “Escuela de Roma” agrupa a un amplio número de creadores que, siguiendo el camino que anteriormente habían marcado Goya o Velázquez, vivieron y trabajaron en la Ciudad Eterna. Aunque con diferentes estilos que los individualizan, compartieron inquietudes vivencias personales, influencias y modelos, entre ellos el malogrado Fortuny, y rincones únicos que Italia les ofrecía. Unidos por estrechos lazos de amistad y un modo de plasmar el color muy parecido, en la muestra participan Hermenegildo Estevan, Joaquín Pallarés (animado por Pradilla viajo hasta allí, pagándose el equipaje), Agustín Salinas, Mariano Barbasán y Juan José Gárate. Pero en esta entrada nos vamos a centrar en Francisco Pradilla Ortíz.
 
Paisaje de la isla de Capri

Ya en el siglo XVIII la Academia de San Fernando había institucionalizado el envío de “Pensionados” (becados) a la Ciudad Eterna. El prestigio, la creciente influencia y los progresos alcanzados por algunos de esos artistas, pronto hicieron pensar en la necesidad de crear una sede estable. En ese contexto y con esa función surgió la Academia de España en Roma, fundada en 1973 durante el gobierno de la Primera Republica y que quedó instalada de manera definitiva desde 1881, bajo la denominación de Real, en el convento de San Pietro in Montorio, situado en la colina del Gianicolo. Pintores y escultores aragoneses del cambio de siglo disfrutaron de esas pensiones del Estado y antes incluso, pues el maestro del pintor villanovesense, Bernardino Montañés, también estuvo en Roma.
 
El de Villanueva de Gállego llegó a la Academia de España en 1874, La especialidad por la que resultó elegido fue la de “pintura de historia” que marcaría su destino, disfrutó de la pensión entre abril de 1874 y julio de 1877. Durante este período realizó el cuadro Doña Juana la Loca que, a sus 28 años le consagró y a los 33 llegó a ser su director. El cargo le ocupó tan solo unos meses, entre septiembre de 1881 y abril del 82 y es que, Pradilla, era un artista que huía de todo lo que fuera trabajo representativo u ostentoso, el se quejaba del tiempo que perdía con estas obligaciones que le quitaban tiempo para trabajar.
 
Autorretrato de Francisco Pradilla
 durante su estancia en Roma

Su estancia en Roma perdurará hasta 1896, cuando es llamado para ocuparse de la dirección del Prado (cargo que también terminaría rechazando). Durante estos más de 20 años en Italia pasaba largas temporadas en Terracina, atraído por las Lagunas Pontinas. También tomó numerosos apuntes que luego plasmaría en cuadros tras su regreso a Madrid.
En la exposición hay un autorretrato del pintor, algunos retratos, paisajes italianos como uno de las lagunas pontinas (que yo siempre he dicho que le traían recuerdos de su infancia aragonesa; el pontón de Peñaflor que seguramente atravesaría muchas veces de niño, la ribera del Gallego y la vegetación del soto de Guallart). Pero a mí, la obra que más me ha llamado la atención es un cuadrito pequeño que representa un pueblecito en la isla de Capri. Es el que sirve como cartel anunciador de la muestra y una maravilla de colores, expresión pictórica y luz, todo ello en un reducido espacio. Otra de las razones por la que merece la pena visitar la exposición es por el magnífico marco que es el Paraninfo, esta muestra se puede ver hasta el 13 de julio de 2013.
Lagunas pontinas
 

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