viernes, 19 de julio de 2013

Nº.100: Villanueva de Gállego 18 de julio de 1936


Reunión familiar en la que participan varios villanovenses exiliados en Francia (Gentileza: Carmen Casalé)
Josefina tenía quince años y vivía en la torre del Aliegar, para ella aquel 18 de julio, aunque fuera domingo, era como otro cualquiera. Por la mañana, como hacía todos los días, bajaba a Villanueva a comprar el pan. Pero le llamó la atención que en el Puente ancho había más gente que de costumbre y ésta, parecía más nerviosa y excitada, además a esas horas de la mañana no era normal y sobre todo en verano. Una vez en el horno se enteró de que las tropas militares de Marruecos se habían sublevado contra el Gobierno y la clientela andaba preocupada. Entre los jóvenes que se encontraban en la carretera había uno al que llamaban “Regaña” y otro llamado Mariano, decían que les habían avisado de Zuera, que iban a bajar unos cuantos de izquierdas a Zaragoza en un camión y que se unieran a ellos en la casilla de los camineros, situada a la entrada del pueblo. Se organizó una manifestación compuesta por una veintena de personas que, al pasar por delante de la casa del líder local de la CEDA, el tío Felipe, comenzó a increpar al ex alcalde, intentado entrar en el edificio pero estaba cerrado, ya que sus moradores hacía unos días que se habían bajado a la capital. “La casilla” era un lugar habitual de reunión de los más izquierdosos del pueblo y allí había todo tipo de propaganda, ente ella una enorme bandera roja que uno de los congregados clavó delante del campo de fútbol, situado detrás de la casa, entre gritos de “Viva la Revolución”. Algunos de los reunidos, los más jóvenes, se dedicaron a jugar a la pelota mientras esperaban a los de Zuera. En efecto al rato llegó un camión. El vehículo paró y alguien les dijo “subid, subid”, no se dieron cuenta de que eran falangista, era demasiado pronto. Uno de los que jugaba al fútbol se dio cuenta de que algo raro pasaba y advirtió a sus compañeros que no se movieran y siguieran con el balón, mientras tanto uno del retén recién llegado vio insignia, se dirigió hacia ella y la ametralló, para después arrancarla. Los chavales asustados miraron la escena y el falangista desafiante les increpó a que siguieran “jugando”. Entre los que subieron al camión se encontraba Pepito, un joven disminuido y retrasado que se montó “para ir de viaje”.

Villanovenses exiliados en París (Gentileza: Carmen Casalé)
Enseguida corrió la noticia por el pueblo. Santos, un republicano de tradición, marchó a casa de su amigo Faustino, que era concejal por el Frente Popular. Le avisó de lo sucedido y juntos se dirigieron a casa de la madre de Faustino, que tenía una radio de galena, allí se enteraron de lo que pasaba y al salir de la vivienda se tropezaron con la Guardia Civil, que detuvo al concejal y lo envió a la “Carbonera” del Ayuntamiento. Mientras tanto Luis, que entonces no pasaba de los 8 años, vio como un militar requisaba el autobús del pueblo a punta de pistola.

El vecindario comenzó a huir despavorido hacia el monte y la huerta, en el camino que va hacia el río por la torre de Guallart, se encontraban Pepe y Justo (que no eran precisamente de izquierdas), este último fue alcanzado por una bala en la pierna que le disparó un falangista que los vio, pero pudo contarlo muchos años. Pilar tenía 25 años y se encontraba embarazada, su marido había huido y al no poder capturarlo detuvieron a ella, fue fusilada.

La gente estaba aterrada porque nunca habían visto nada parecido. Francisco, que entonces tenía quince años, huyo junto con sus padres al monte, refugiándose en el corral de Oñate, en el kilómetro 5 de la carretera de Castejón justo debajo de la Bajillera, recuerda que esa noche «se empezaron a escuchar muchos cañonazos y nadie sabía lo que pasaba, decían que los comunistas habían proclamado la Revolución». El tío Gonzalo, que era un señor muy anciano, al escuchar los bombazos exclamaba: «Ya han tirado el Puente Piedra, eso habrá sido el Cabanellas, (que era el Capitán General)» seguramente recordaba la voladura del mismo puente por los franceses que habría oído a sus mayores. Según Francisco llegó a ver una veintena de personas escondidas por las bajilleras pero en el pinar y en el monte del Gato seguramente había muchos más. Entre los que se escondieron en el pinar se encontraban Pepe y José, éstos entraron en contacto con los refugiados de Zuera y cuando éstos fueron rescatados por los republicanos, fueron llevados con ellos como rehenes a Tardienta, donde fueron fusilados.

Representación de lo que era la lucha en el Frente (Gentileza: Conchita Pisa)
En pocas horas la Guardia Civil se había apoderado del pueblo y fue el Comandante del puesto de la Benemérita de San Juan de Mozarrifar, Felipe Sánchez Muñoz, quien se hizo con la situación reuniendo en el Ayuntamiento al Alcalde; Pablo Acín Salafranca y sus concejales «para dar cumplimiento a lo ordenado por el Excmo. Sr. Capitán General de la Quinta División Militar Orgánica, cumpliendo órdenes de la Superioridad, relativo al cese inmediato del Ayuntamiento» a los concejales depuestos les llamó la atención que, entre los nuevos ediles, se encontrara el Secretario local de UGT y es que, como dice el Comandante en su informe, “estaban un poco confusos y andaban despistados”. El Secretario de la Corporación, Andrés García, se había ausentado unos días antes con el fin de ir a tomar baños a Tiermas, pero tenía previsto pasar unos días en Tardienta, localidad de la que era su mujer, fueron detenidos, trasladados a Sariñena donde fueron torturados y asesinados, dejó el matrimonio dos hijos de corta edad.

Mientras tanto las noches siguientes para Josefina no fueron tan idílicas, hacia la madrugada escuchaba el motor de los caminos que paraban en el cercano barranco de “de los cinco ojos” y escuchaba gritos de piedad, llantos de las mujeres recordando a sus hijos, hasta que una descarga seca y contumaz acababa con sus vidas. A la mañana siguiente un encargado del Ayuntamiento recogía los cuerpos y los trasladaba a la fosa común que exista en el cementerio municipal. Según un documento que se conserva en el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego, en 1950 había 74 cadáveres enterrados en la fosa común, de los cuales 64 permanecían sin identificar y al menos 10, correspondían a mujeres.

En cuanto a la suerte que corrió el Consistorio depuesto hay que decir que todos pudieron salvar la vida, pero no de forma gratuita. Al menos treinta villanovenses fueron represaliados, multados y embargados sus bienes, algunos como el caso de Faustino fueron controlados por los “representantes gubernamentales” durante años. Con todo siempre guardó un grato recuerdo de la estancia de los soldados italianos que montaron en su casa, la de un republicano, el centro de transmisiones y correos además de servir de alojamiento a oficiales entre los cuales llegó a convivir con ellos un sobrino del mismísimo Pio XII.
Faustino Biel Ginés, junto a su esposa Margarita, su nuera Anamari y el autor de este Blog, que con esta hace 100 entregas sobre Villanueva de Gállego.
 

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