lunes, 2 de septiembre de 2013

Del tío Narciso al tío Manquico



Jesús Sabaté, al fondo, con el trombón de su abuelo
He leído que en la localidad zaragozana de Tabuenca se va a celebrar un certamen oficial de “Comedores de Albóndigas”. Esta noticia me ha recordado una anécdota referida a un músico de la Banda de Villanueva de Gállego al que llamaban “Tío Narciso”. Dicen que el hombre apenas sabía leer y escribir pero que conocía el pentagrama como el más adiestrado de los músicos. No obstante debía tener cierta habilidad, pues ejecutaba el bombardino, un instrumento bastante difícil de aprender. Yo he llegado a ver sonar “el bombardino del tío Narciso” y creo que todavía lo hace. Dicen que en un pueblo le hicieron la apuesta de que no era capaz de comerse las albóndigas que cabían en la campana del instrumento, el aceptó y ganó la apuesta.


Lorenzo Suñer y Lorenzo Salafranca
Francisco Porta Barceló recuerda que siendo él un niño fueron a tocar a un pueblo más allá de Calatayud y que los mozos del lugar les llenaron la tuba de “huevos duros”. En otro lugar les subieron una vaquilla al entablado, les llegaron a tirar cohetes borrachos o a chupar limón para que se les llenara la boca de agua y es que, la vida de los artistas ha sido siempre bastante dura. También es cierto en muchos lugares se alojaban en las mejores casas del pueblo y eran constantemente agasajados por el Ayuntamiento. Porta me cuenta que un viaje que en la actualidad se realiza en media hora, de Villanueva a Castejón de Valdejasa, en los años treinta del siglo XX costaba casi un día de trayecto.

 

Durante la República les ocurrió que estando tocando en Farlete unas señoras les pidieron que tocaran la Salve en la ermita del pueblo, pero no llevaban partitura y además estaba mal visto. El tío Evaristo estaba apurado, así que se pusieron a tocar lo que saliera, al final una mujer se les acercó y les preguntó ¿Qué clase de Salve era esa? A lo que uno de los músicos le contestó: La sálvese quien pueda, señora.

En otra ocasión hubo una huelga y la banda se negó a tocar en el baile del Casino, así que la Ejecutiva del Centro se vio obligada a contratar los servicios de un vecino de Peñaflor llamado Cipriano, éste cuando le tocó pasar a Villanueva no pudo porque el río venía de crecida y el pontón estaba fuera de servicio, así que para burlarse de él, los de Villanueva le sacaron una canción que dice así:
Cipriano pásame el río, Ahora no puedo que anda crecido

Cipriano pásame el piano, No puedo ahora que anda llano

Y respondía:

Si queréis «musícos» Llamar a los chaticos

Que hace falta un clarinete, Llamar a Miravete

Que se ha puesto uno malo, Que llamen a Gonzalo

Parece que suena bien, Que avisen a Samuel

Si quieren violín, llamar al tío Crispín.

Si quieren saxofón, que vaya Benitón.

Si quieren cuadrilla, que toquen los Pradilla.

Y para bailar, las hijas de Aguilar.

Así, uno a uno se iban desgranando el nombre e instrumento de los de Villanueva
 Joaquín Urbén, en el centro, tocando el instrumento de su abuelo Narciso
 
Durante la Guerra Civil la banda de Villanueva fue agregada a la Falange y a sus órdenes bajaron a la piscina de las Palmeras, en el cabezo de Buenavista, para tocar en una fiesta organizada para los pilotos alemanes, Francisco Porta cuenta que se levantó una tormenta que invadió de agua todo el recinto, sin embargo «nos vino muy bien porque nos sacaron un montón de bandejas con banderillas de langostinos». También entonces se organizó algún baile en el casino para “jefes y oficiales”.
Pero la historia que más me ha gustado siempre de los músicos villanovenses es la de Vicente Serrano. Era conocido por el “tío Manquico” y es que cuando contaba con apenas 10 años sufrió una caída de un burro que le dejó deformado un brazo, Vicente aprendía música y tenía mucha ilusión, así que cuentan se le modificó un trombón, que era su instrumento preferido, para que pudiera seguir ejecutando en la Banda, y así se hizo.
 

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