jueves, 1 de mayo de 2014

Almadías en Urzainqui (Navarra)



En verano de 1978, creo que fue a finales de julio, se celebró el día del valle Roncal en Urzainqui y entre los alicientes que tenía esa fiesta estaba mi tío haciendo queso, creo que fue la última vez en mi vida que lo vía realizar tal faena y las almadías flotando por las aguas de Ezca, algo que no sucedía desde hace bastantes años. Aquél día saqué estas fotos pero no pude a mi tío, que sí salió en el Diario de Navarra y alguna foto de él se conserva. Tampoco me monté en las almadías porque sencillamente me pareció un poco preparado y sin alicientes, la embarcación estaba amarrada a una enorme sirga que terminaba en un tractor-oruga que estaba en medio del río y quien controlaba la operación era el señor de la máquina, no los viejos almadieros que realizaban la exhibición. Buscando más información he encontrado esta que publicó en Dialnet mi querido pariente, Tomás Urzainqui Mina, hace unos años realizó una encuesta etnológica en la villa de Urzainqui dirigida por la Cátedra de Etnología Vasca de la Institución Príncipe de Viana que pertenece a la Diputación Foral Navarra, en ese trabajo se dice lo siguiente sobre las almadías, más o menos y entrecomillado:
“Se cortaban los pinos en el mes de mayo, en primavera. Durante el verano se trabajaban y en el invierno se marchaban hacia la ribera.
El temperamento del alrnadiero era decidido y aventurero, solían decir ellos: «los pastores que están siempre en el monte, aunque tienen más dinero que nosotros, no disfrutan como nosotros».

La madera estaba por lo general muy barata. Para trabajarla subían cuadrillas de peones de Burgui y Salvatierra, estaban una temporada en el monte y en el pueblo. Las almadías estaban formadas con los barreles o conjuntos de troncos como chaparro, roble o haya. Para atar los troncos de un tramo se utilizaban como argollas, jarcias más gordas, para engarzar de barrel a barrel, se utilizaban ramas de avellano retorcidas y puestas a remojar. Sirgas pequeñas para atar los barreles y sirgas más grandes para amarrarlas.
En el matral (lugar donde se construían) juntaban las almadías. El marido se encargaba de los peones y de la madera. La mujer en casa debía de preparar las comidas, meriendas y cenas para los almadieros y les llevaba la comida hecha de casa al pedregal donde estaban montando la almadía.
Algunas veces bajaban con las almadías y subían sin cobrar la madera. Siempre subían andando hasta el Valle, con las sirgas al hombro”.

NOTA: La cámara no era muy buena era de aquellas Kodak instamatic de los años 70, aun la tengo guardada, pero el testimonio al menos ahí está.

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