martes, 9 de diciembre de 2014

Zuera y sus casinos

Esta bella fachada casi decimonónica corresponde al edificio del Casino Independiente de Zuera

Sociabilidad Zufariense a finales del XIX

Cuenta Odón de Buen en sus memorias que, en su juventud había en Zuera dos casinos «el de los monárquicos» en el que se reunían los intelectuales y ricos del pueblo «sin verdadero matiz político» y el de «los republicanos» que congregaba a la mayor parte del lugar. Prosigue diciendo que en aquel, llamado “Casino Principal” «se representaban comedias y fiestas cuya alma era “Don José” el boticario local. Este señor, de apellido Martínez, reunía a las mujeres del pueblo en torno a su hija, entre las cuales se encontraba la propia madre de Odón, para organizar obras de teatro en Centro. También era aficionado a la escritura y componía ingeniosos versos que luego recitaba en las fiestas y “veladas literarias” del Centro. De Buen recuerda una anécdota de este señor muy típica de este tipo de espacios societarios decimonónicos. «Un día estaba jugando al tresillo en el Casino se le presentó el mancebo de la botica todo compungido, a notificarle que un cliente le había dado una peseta falsa que sólo podía pasar como un chavo. No te apures, respondió don José, aún ganamos un maravedí (la mitad de un ochavo)»[1].

En los tiempos que Odón visitaba Zuera por vacaciones existían el Casino Agrícola Comercial, fundado el 8 de octubre de 1880, con finalidad básicamente recreativa y cuyo presidente era D. Pablo Yuste y el Casino Agrícola e Industrial fundado el 18 de diciembre de 1883, según nota gubernativa, tenía este centro una clara finalidad política, su presidente fundador fue D. José Bagüés Diestre[2], seguramente a este último se refería de Buen cuando señalaba el centro “republicano” y aquel como el “monárquico” o “Principal”.

Sin embargo el nombre oficial de este último era el de Casino Agrícola y Comercial de la Villa de Zuera[3] se creó durante el verano de 1880 con el fin de «procurar a sus asociados una agradable reunión amenizada con la lectura de periódicos, obras instructivas, juegos lícitos y otras distracciones de decoroso entretenimiento». Sus socios no «se entregarán» a discusiones que puedan ocasionar controversias desagradables y, por lo tanto, debían abstenerse de suscitar debates que se relacionaran con la religión, la política o la moral no permitiendo que, bajo tal concepto, tuvieran las conversaciones un carácter «público o colectivo». El número de socios podía ser indeterminado, pero la Junta general podía fijarlo en cualquier época si lo consideraba conveniente.

Para formar parte del Centro era necesario ser mayor de 18 años y hallarse exento de nota desfavorable en su conducta, se solicitaba por escrito al Presidente y, tras pasar por Junta directiva, su nombre era publicado «por espacio de ocho días» en el tablón del Casino, durante ese tiempo cualquier socio podía hacer las observaciones que consideraba oportunas.

Todos los socios estaban obligados a observar «tanto en sus actos como en su lenguaje» las formas propias de toda persona bien educada y reprender, en términos prudentes y moderados, a todo socio que faltase a las prescripciones reglamentarias. En caso de ocurrir algún disturbio o problema dentro del local, y en ausencia algún miembro de la directiva, se hacía responsable el socio de mayor edad que se encontrara en ese momento en el Centro quien, a su vez, debía de poner en conocimiento del Presidente lo sucedido.

Podían existir socios honorarios, establecidos por la Directiva y cada socio podía presentar un forastero o transeúnte «por espacio de un mes bajo su responsabilidad y a satisfacción de la Junta directiva»

Era obligatorio pagar las cuotas mensuales y ejercer los cargos directivos que se les confiaran, a excepción de los mayores de 60 años quienes estaban exentos de ser Presidente, Depositario y Secretario, si alguien no quería formar parte de la Junta directiva era inmediatamente expulsado de la entidad, a excepción de quienes ya hubiesen ocupado cargo al menos en el año anterior.

El Casino se regía por una Junta directiva elegida anualmente el primero de enero en Junta general. Se consideraba como tal la reunión de la mitad más uno de los socios, también se podía censurar a la Directiva en cualquier época del año, siempre y cuando lo solicitaran un mínimo de 6 socios y se aprobara en Junta general, si ésta acordaba la renovación de la Directiva los que quedasen fuera de la misma podrían verse sujetos a expulsión. Todos los acuerdos debían tomarse por votación secreta, excepto si la ocasión requería otra forma. Para que el acuerdo fuera ejecutivo era necesario obtener voto favorable de la mitad más uno de los asociados en primera votación, en segunda intentona sería suficiente con la votación de los «socios que hubiesen asistido» no pudiéndose reclamar el acuerdo por entenderse que «se avenían a aceptar los resultados».

La Junta directiva quedó obligada para encontrar un local «a propósito» donde instalar el Casino, así como también encontrar o adquirir el mobiliario y utensilios necesarios, quedando en suscribir al centro dos periódicos «uno de Madrid y otro de Zaragoza». Encargado de la «conservación del orden» se encontraba el conserje, como auxiliar de la Directiva, para el cumplimiento del Reglamento así como «para el aseo y buen régimen del local de la Sociedad». Éste podía no permitir la entrada en el local de personas ajenas a la sociedad, así mismo debía procurar que el Centro estuviera abierto y aseado a las seis de la mañana en verano y a las ocho en invierno, para cerrarlo a las once de la noche en todas épocas del año, fuera de estas horas no estaba permitido la estancia de «socio alguno» en el Centro salvo que se diera algún espectáculo de otra índole». La administración de bebidas y comestibles corría por parte de la Directiva, pudiéndolo contratar por quien tuviera conveniente. Así mismo ésta no permitía otros juegos que los consentidos y autorizados por la ley y «aun éstos a un tanto módico que se determinaría por el presidente» para evitar abusos que pudieran originarse «los jugadores debían tener siempre el dinero «a la vista» en los juegos de naipes y «pagarán al fin de cada partida para que todos vean que se cumple el Reglamento» estando prohibido cualquier tipo de juego en Jueves y Viernes Santo.

Era función de la Directiva calcular a principio de año los gastos que se iban a ocasionar y para cubrirlos, fijar cuotas con las que contribuir los socios. Las cuotas no podían alterarse durante el año. Entre otras facultades la Directiva podía crear o proporcionarse recursos indirectos como bailes, funciones teatrales y otros espectáculos análogos en los cuales debía de observarse el mejor orden tanto en los bailes como en las funciones dramáticas en las cuales, las piezas que se representaran, debían reunir las condiciones de moralidad necesarias para contribuir a la instrucción y acrecentamiento de las buenas costumbres. A este fin, cada año, la Sociedad formularía un reglamento especial o interior que regulará la marcha de los espectáculos que se realizaran ese año.

Hacia 1930 la cifra de casinos había ascendido a tres sociedades: el Independiente, situado en la calle Mayor y vecino a la plaza, el Republicano, enfrente de aquel y en la esquina suroeste de la plaza y el Monárquico, emplazado en el extremo noroeste de la Plaza, esquina con la calle Mayor y enfrente justo del centro republicano. Existía además el llamado Sindicato Agrícola[4].

El Casino Monárquico pasó a denominarse, en 1934, Centro de Acción Popular Agraria. Se fundó con objeto de defender «político y socialmente» la Religión, la Patria, la familia, el trabajo y la propiedad privada y al mismo podían pertenecer «todos los españoles residentes en Zuera o su Término municipal» mediante una cuota de 6 ptas. anuales pagadas por anticipado. En el artículo 7º, de sus Estatutos se establece que «se estará a lo que disponga Acción Popular de Zaragoza, cuyos preceptos conocen los agrupados»[5]. Por esas mismas fechas se creó la llamada Agrupación femenina aragonesa de Zuera, constituida el 18 de septiembre de 1934 con el fin de «preparar y organizar a la mujer para el debido ejercicio de los derechos políticos, que la actual Constitución le concede y para trabajar en el terreno político y social por la defensa de los principios esenciales de la civilización cristiana»[6], sus actividades se enmarcan seguramente dentro de Acción Popular, siendo su sede en la Plaza de la Constitución 4.
 
Centro Republicano
El centro republicano

En 1909 los republicanos de Zuera ya estaban organizados en torno a un centro, al menos así se desprende del acuerdo tomado por la Junta general de la sociedad Centro de defensa de los intereses generales de la población que se conserva en un acta firmada el 3 de septiembre de 1909 y según la cual acuerda comprar «la casa donde se halla instalada dicha sociedad por cinco mil pesetas»[7] situada en el número 45 de la calle Mayor con el objeto de que «sea dueña para siempre la mencionada sociedad». En este local, esquina con la Plaza, se reunía «toda la clase liberal del pueblo que frecuentaba este lugar. Allí se reunían delante de una taza de café y discutían de los problemas municipales, libremente, entre ellos y en su propio local»[8]. El 2 de noviembre de 1912, en esos mismos salones, se fundó el Centro de Unión Republicana[9] por un grupo de vecinos que «deseaban formar un Centro de Unión Republicana por profesar ideales republicanos y puesto que había un salón vacante en el Centro de Defensa, se pedía arrendar dicho local y por mayoría se acordó, con la conformidad de los socios del Centro de Defensa, arrendarles dicho local para que puedan funcionar separadamente unos socios de otros».

Dentro del Centro Republicano se reunían las diversas sensibilidades convergentes en la izquierda local. El Partido Republicano Radical sufrió una importante crisis hacia 1915 que supuso una división interna entre quienes renunciaron al término “revolución” como medida de alcanzar el poder y las tendencias más activas. Esta crisis supuso la marcha de muchos de sus afiliados a las filas del Partido Socialista y la UGT. Existía también en Zuera, bastante tiempo antes de la llegada de la República, un grupo de simpatizantes de tendencia libertaria quienes aunque no estaban organizados, se reunían regularmente también en este lugar.

El 26 de marzo de 1931, pocos días antes de proclamarse la República, se creó la Agrupación Socialista de Zuera y unos meses más tarde, en diciembre de ese mismo año, se fundará la agrupación Radical Socialista[10]. Poco antes de las elecciones de 1936, durante el mes de enero, un grupo de jóvenes de la localidad se propusieron fundar una sociedad recreativa con el nombre Asociación artística recreativa Zufaria[11] que pudiera dar «alguna distracción en los ratos de ocio en un lugar común donde reunirse en íntima camaradería» celebrando al efecto verbenas, bailes, veladas teatrales a base de elementos de la Sociedad, conferencias culturales y deportivas y cuando tienda a estrechar la amistas y armonía de los vecinos, pudiéndose organizar, asimismo rondallas, cuadros artísticos, masas corales, etc. Podían pertenecer a ella los mayores de 16 años y para ingresar en ella sería necesario aportar 10 ptas. de entrada, siendo reducida a la mitad en caso de formar parte dos hermanos, además de dos ptas., mensuales, un hecho significativo era que los cargos electos duraban 6 meses. La sede de la sociedad se estableció en la calle Pablo Iglesias nº 59[12].
Casino Monárquico
Casino Independiente

El Centro fue fundado con el fin de reunir a la clase media moderada de la localidad compuesta por artesanos, comerciantes, funcionarios y profesionales o medianos propietarios[13]. Tuvo una actividad social importante enfocada al ocio básicamente, tal como publica Heraldo de Aragón en una nota publicada el 31 de agosto de 1934, en la que se da cuenta de lo acontecido durante las fiestas patronales en honor a San Licer[14]: «Los salones del Casino Independiente se han visto como en sus mejores tiempos, de animación y de mujeres bonitas, tanto a la hora de los conciertos como en la del baile. Todos sus actos han estado amenizados por un quinteto dirigido muy acertadamente por el profesor don Dionisio Rivas, de Tauste. Así como la celebración de un certamen de jota en el Casino y ante nutrida concurrencia varias señoritas interpretaron estilos de nuestro canto regional»[15].

Un cronista de Zuera, llamado Pepe Ester, hace una crónica del Casino Independiente en los años veinte:

«Estaba hoy bonito el patio del Casino, artísticos farolillos iluminaban el lugar del vermuth y un quinteto dirigido por el notable profesor D. Ramón Salvador interpretaba todos los tangos de moda. Y es que la junta el Centro está constituida por hombres de gran entusiasmo: D. Gabriel Sañudo, presidente, D. Benedicto Pueyo, D. Paco Imaz, D. Mariano y D. Antonio Nasarre».

«Los conciertos y bailes celebrados en el Casino Independiente con un quinteto bajo la dirección del señor Soria, de Zaragoza, superaron si cabe los celebrados en años anteriores en un local a la intemperie, adorando a la veneciana». Además ya por entonces poseía un “Cinematógrafo”.

Pero uno de los puntos más animados en las Fiestas, particularmente, aunque de forma general todo el año, es el Casino. En un grato ambiente, afluyen las conversaciones sobre todos los temas que informan el cotidiano vivir de aquél simpático vecindario. Aquí se han reunido durante este período festivo, ha sido escenario de animadas fiestas de sociedad y punto de reunión de toda la juventud local. Precisamente en este centro se ofreció una de las notas más simpáticas de estos días y que fue ofrecida por las hermanas Trinidad y Conchita Pueyo, dos excelentes cantadoras de Jota, la primera de ellas conquistadora ya de importantes premios. En el Casino, ante nutrida concurrencia interpretaron varios estilos de nuestro canto regional y tanto Trinidad como Conchita escucharon grandes ovaciones y fueron muy felicitadas.

La cordialidad que transmite, la percibe el forastero desde los primeros momentos de convivencia con sus socios. Además su confort se ha atendido con el mayor esmero, procurándose que no exista deficiencia laguna en el orden de los servicios, así como en el funcionamiento de las distintas dependencias del mismo. Fruto de esto, es la labor eminentemente acertada que desarrolla la Junta directiva actual, integrada por hombre de tan sano amor a su tierra como el presidente don Antonio Marcen, Vicepresidente, don Benigno Miravete, Tesorero, don Gabriel Faure, secretario, don Eduardo Piedrafita y los vocales don Santiago de Buen y don José Giménez. Cuenta este centro con doscientos cuarenta socios y está fundado desde 1884. Seguidamente voy a contar un acto que se celebró en este centro y que tuvo bastante repercusión.

 
Los centros monárquico y republicano se encontraban en la plaza Mayor frente a frente y entre ambos edificios llegaron a ocurrir graves altercados




[1]. - Odón de Buen, Mis Memorias. Institución Fernando el Católico. Zaragoza 2003, págs. 21-23.
[2].- Archivo Histórico Nacional: Gobernación Sg.574-s75 “Relación de sociedades Prov. Zaragoza” exptes. 31 y 23.
[3].- Archivo DPZ. Orden Público, Sg. 1357.
[4].- Anuario General de España tomo IV. Edit. Bailly-Bailliere-Riera. Barcelona 1930, pág. 1463
[5].- Archivo DGA: Asociaciones. C30977
[6]  Archivo Histórico Provincial de Zaragoza: Asociaciones: Zuera, Expte. Agrupación Femenina Aragonesa.
[7].- Archivo General de Protocolos de Zaragoza «Escritura firmada ante el notario D. Pedro P de Areitio y Asúa el 5 de septiembre de 1909. nº. 001370
[8].- D. Gómez Arqué. Zuera y el martírio de sus demócratas. Barcelona 1990, págs. 27-28
[9].- Biblioteca Nacional. Anuario General de España, Sg. Z/1365, rollo nº.4 (1912)
[10] AHPZ.: Asociaciones
[11].- AHN: Secc. Interior A leg. 5-1 carpeta 6, expte. 21 (Zaragoza)
[12].- Archivo DGA. Asociaciones: C30977
[13].- Op. cit., págs. 43-44.
[14]  HMZ.
[15].- Alejandro Soteras. Mis memorias, Diputación Provincial de Huesca 2003, pág. 31
[16]  AMZ: La Voz de Aragón, martes 26 de marzo de 1935, pág. 12

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