lunes, 11 de julio de 2016

Ponerse como el Señor de Alfocea

Barranco de los Lecheros o de Alfocea
Hace unos meses estuve en el barrio zaragozano de Alfocea, allí me encontré con un señor llamado Juan Francisco Montemayor y Córdoba de Cuenca quién, a pesar de los apellidos era de Huesca. Me dijeron que él había sido el famoso Señor de Alfocea, que había echado de la isla de la Tortuga (en el Caribe) al no menos famoso Drake y sus compinches piratas y que de vuelta a casa se empeñó en tirarse con un cañizo desde las ripas que dan al Ebro para demostrar que se podía volar, cosa que no consiguió en repetidas ocasiones pues, como buen aragonés era tozudo y obstinado. De hecho ha pasado a la historia como “eres más bruto que el Señor de Alfocea” cuando una persona se empeña en una cosa sin razonamiento alguno y llevando persistentemente la contraria. Aunque yo he oído otra acepción generalmente dirigida a los niños pequeños cuando pillan un berrinche por que no consiguen algo y se ponen “como el Señor de Alfocea” y por tanto sinónimo de reacción desproporcionada o de enfado sin razón.

Este barrio rural es el más alejado de Zaragoza y se encuentra escondido entre los escarpes del Castellar, en la desembocadura de una cerrada Val que procede de este monte, que da nombre al lugar y que está situada entre Juslibol, el río Ebro y el campo de maniobras de San Gregorio, que ocupa lo que antes era este histórico monte zaragozano. Durante la baja Edad Media formo parte del Señorío del Castellar y por tanto Señores de Alfocea lo fueron también los del Castellar, al menos durante el siglo XV.

Señor de Alfocea en este tiempo fue Martín Diez de Aux, quien se lo compró a Alonso V por 13.000 florines para que el Monarca se pudiera marchar a Nápoles. Este noble aragonés llegó a ser Justicia y un gran conocedor de los Fueros y Costumbres aragonesas. Consiguió obtener la inmunidad parlamentaria en Cortes de Alcañiz para la figura del Justiciazgo, sus lugartenientes y oficiales, no pudiendo ser acusados ante el Rey si no estaban presentes estos magistrados. Alonso V vio esta maniobra como un abuso de poder aprovechando que él se encontraba en Italia, así que le exigió que renunciara al cargo, cosa que se negó a hacer de manera tenaz y contundente, fue entonces cuando el Rey le acusó de dilapidar las rentas del general y ordenó a su mujer, la reina María de Luna, que lo detuviera. Sin mediar ninguna otra cosa y a pesar de ser contrafuero fue apresado de noche, sacado por el Ebro de Zaragoza y conducido a Valencia en 1439, siendo encerrado en el castillo de Játiva, prisión en la que murió al año siguiente.

Sus dominios fueron embargados y sus bienes vendidos, quedándose con el señorío de Alfocea y del Castellar Juan Ximénez Cerdán, quien era hijo a su vez de otro de los prohombres aragoneses de la época: Juan Ximénez de Cerdán padre, también había sido Justicia del reino entre 1393 y 1423 y destacó como uno de los partidarios clave de Fernando de Antequera durante el Compromiso de Caspe. Sin embargo acabó enfrentándose a Alonso V por haber nombrado Bayle general del Reino a Álvaro Garavito, que no era aragonés sino castellano, lo que contravenía El Fuero. También el napolitano le obligó a renunciar al puesto de Justicia y al negarse éste a ello fue acusado de Sodomía y de sustraer documentos oficiales, pero el caso se resolvió sin violencia tras haberse defendido con vehemencia ante su propio tribunal. Este señor contrajo matrimonio con María Pérez del Sou con quien tuvo ocho hijos, pues bien el segundo de estos vástagos, llamado igual que su padre, también fue Señor de Alfocea y del Castellar:

Alfocea, de espaldas al Castellar, de frente a Zaragoza y al Ebro

Siendo Juan Ximénez de Cerdán, hijo, Señor de Alfocea ocurrió que unos vecinos de mi pueblo «iban al Castellar como término propio» actividad que ha causado más de un disgusto a los villanovenses a lo largo de la historia. En 1462 dos vecinos del entonces barrio zaragozano fueron sorprendidos por los monteros del señor del Castellar haciendo leña en sus posesiones. Estos fueron detenidos y llevados a presencia de Juan Ximénez de Cerdán, a la sazón señor de este monte, quien decretó el llamado Ius malectractandi, o lo que es lo mismo, la pena de muerte que se llevó a cabo inmediatamente. Enterada la ciudad de Zaragoza del suceso salió en defensa de los vecinos de Villanueva y se originó una revuelta que acabó con la destrucción del palacio de Juan Ximénez. La exigencia de entrega de los asesinos y una serie de enfrentamientos, que durarían al menos quince años entre el consistorio zaragozano y el señorío del Castellar y que llevó al incendio y destrucción de las casas del Castellar, tal como se recoge en los Annales Gerónimo Zurita. Aunque el dominio jurisdiccional correspondía al Duque, los zaragozanos podían acceder a la muela del Castellar a “pacentar” con los ganados de la Ciudad así como «hacer leña verde de su monte bajo, amalladar, foganizar, cabilar, parizonar, aventar y cazar».

Todavía entre los términos de Alfocea y Villanueva, junto al Castellar, existe una zona conocida por “Loma de la justicia”, por algo será y digo yo, ¿no será? este Juan Ximénez de Cerdán quien a partir de entonces ¿sería conocido por su brutalidad como ejemplo de castigo desproporcionado? contra dos pobres campesinos que buscaban leña para calentarse. Y digo yo, lo de “Señor de Alfocea” no sería también por degradarle un poco al Señor del Castellar y hacer mofa y escarnio del cruel Ximénez de Cerdán y es que el pueblo siempre es muy sabio a la hora de saberse expresar colectivamente y bien podría ser ejemplo de lo inútil que es emplear la violencia y muchos menos cuando no está justificada.

Fuentes:
Urzainqui Biel, Carlos: Un Lugar en la Huerta, DPZ (Institución Fernando el Católico). Zaragoza 2008.
Varios: Gran Enciclopedia Aragonesa, Unali Ediciones. Zaragoza 1981. 
González Miranda, Marina: “Noticia de la documentación medieval conservada en el Archivo Histórico Provincial de Zaragoza”. Aragón en la Edad Media nº 8, 1989, págs. 315-336.

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