lunes, 10 de abril de 2017

Recordando en Sigena

Monasterio de Santa María de Sigena en Huesca

Ayer me acerqué hasta el monasterio de Sigena, me fui con la impresión que ya me temía. Los bienes que nos habían devuelto eran lo que tenían en los sótanos sin catalogar y sin ni siquiera estudiar es decir, lo que nos han traído es trabajo para restaurar, datar, catalogar, documentar, etc. Una especie de muestra a modo de decirnos: “mirad esto es lo que había aquí y punto” y “si quieres bien y si no también”. Por un lado me sentí triste y burlado, por otra parte, menos mal que todavía en esta tierra tenemos gente preparada y con ganas, como el guía que tuvimos dispuesto a trabajar, a investigar y a estar a la altura de las circunstancias para sacar mucho, de lo poco que nos han devuelto. Como escuché el otro día a Mari Sancho Menjón, por cierto voy a dejar aquí también el enlace de la entrevista que hizo con Olivier Villain en 15 Tv, no es cuestión de sembrar odio, pero si por lo menos que no nos traten por tontos.

Quiero referir aquí una historia que escuché durante la visita, hace unos días visitó el convento una persona que había nacido allí antes del incendio. En las dependencias destinadas a los laicos y en las que también había nacido Miguel Servet. Siendo muy niño asistió al expolio y recordaba a su padre ir y venir para sacar a las monjas del refectorio, montadas en un carro y disfrazadas de abuelas para llevarlas en dirección a Fraga y así salvarles la vida. El hombre recordaba sobre todo como sacaban los libros a la plaza del recinto y como en una pira quemaban todos los ejemplares, muchos de ellos pergaminos, incunables y registros notariales que se conservaban en Sigena (no olvidemos que fue archivo real) todavía recordaba el olor de las páginas ardiendo. Entre otras muchas cosas y emocionado, dijo que cuando se marchaban aun pudieron escuchar los disparos y los gritos de las personas que habían pillado y fusilado los milicianos, un horror que esta persona quiso que se supiera porque aquello había sido también Sigena y pertenecía a la historia de cenobio y debía saberse, así que yo hoy lo cuento.
Marcas del incendio al que fue sometido el cenobio durante la Guerra Civil

De toda esta historia hay una cosa que me indigna tremendamente y es que como la Dictadura de Franco, que decía defender la religión Católica y los bienes de la Iglesia colaboró de manera necesaria con el expolio efectuado por los milicianos republicanos y fue incapaz no solo de restituir los bienes de Sigena donde deberían de estar, porque ese era su sitio y como después de la Guerra y cretinamente se continuó con esa labor de desarraigo en un lugar que era Monumento Nacional desde 1923, no lo olvidemos. Marisancho en esa entrevista tiene fe en que se restituyan todas las piezas al Real Monasterio, yo no soy tan optimista al respecto.

Para los que dicen que la Generalitat y Companys no tuvieron nada que ver, el encargado de arrancar los frescos de Sigena cobró con dinero legal, un sistema que para el resto de habitantes de Cataluña en esa época les estaba vedado, pues la moneda de curso legal no estaba permitida en esa zona y era sustituida por vales, mientras que el dinero efectivo se encontraba en poder de la Generalitat, esto lo sé porque hace un tiempo conocí una historia de un señor, al que conocí, que trabajaba entonces en un banco en Barcelona durante la guerra y tuvo que sacar dinero de la caja fuerte de la entidad para poder pagar a unos estraperlistas y así poder sacar a unas personas de zona republicana por Francia, ya que estos contrabandistas no reconocían los “papeles” con que funcionaban en Cataluña.

Para tener una idea de lo sucedido ¿alguien imagina que durante el bombardeo de Guernica, la Luttwaffe hubiera arrasado la Casa de Juntas y el árbol sagrado de los vascos? cosa que no hicieron por cierto. Pues bien en Sigena ocurrió algo muy similar, no solo destrozaron viviendas, familias y vidas. A los aragoneses nos arrancaron nuestro pasado, se lo llevaron y quemaron nuestra historia.



PD.: Curiosidad, el primer concierto que ofreció Labordeta, tras la muerte de Franco en noviembre de 1975 lo hizo precisamente entre las ruinas del claustro del Monasterio de Sigena, sin duda todo un símbolo para el cantautor.

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