lunes, 17 de julio de 2017

Un año más de "Pax avant" en el tributo de las tres vacas

El mojón 262 de la línea fronteriza entre España y Francia y que representa a la desaparecida piedra de San Martín, la mojonación es de mediados del siglo XIX.

El pasado 13 de julio, como desde hace 700 años al menos documentadamente se viene repitiendo, salvo extraordinarias excepciones, se celebró uno de los actos jurídico-administrativos más antiguos de Europa. Con reminiscencias de la Edad media, el llamado Tributo de las tres vacas ha pasado de ser un acuerdo entre pueblos vecinos sobre arriendo de pastos a uno de los tratados internacionales más antiguos del continente, reconocido ya en el siglo XVII por Felipe IV de España y Luis XIV de Francia. A pesar de algunos la ceremonia no solo se llevaba a cabo antes de que Navarra formara parte de la jurisdicción española, sino que también antes de que Francia tuviera fuerza sobre el valle de Baretous, los que pagan las tres vacas. Pero lo que estos personajes no quieren saber es que la peculiaridad de este rito viene dado por esa internacionalidad entre ambos países si no, no dejaría de ser una facería más entre pueblos vecinos que pleitean por un territorio, como por otra parte ocurre muchos lugares de la geografía. Además han sido las presiones del estado francés sobre España las que le han quitado parte de la fuerza que tenía antaño y que hicieron que los galos protestaran porque en ocasiones llegaban a la humillación. Sin embargo todavía impresiona ver llegar a los alcaldes franceses con sus bandas tricolores dispuestos a pagar el tributo, como en años anteriores y respondiendo “si señog”. Es triste que por culpa de los complejos hispanos la ceremonia este casi dirigida por los del otro lado y como queda en parte edulcorado, el fin de la reunión, que no es otro que el pago de un tributo consistente en tres vacas que igual “pelaje, dentaje y añaje” que deben ser entregadas a los pueblos del valle del Roncal, en concepto de arriendo para poder disfrutar del puerto de Larra hasta finales de agosto, ceremonia que tiene su origen en disputas que en tiempos fueron sangrientas y que tuvieron resolución mediante la llamada Concordia de Ansó, fechada en 1377 y cuyo alcalde actúa como testigo junto a la piedra de San Martín, muga entre España y Francia.
La delegación roncalesa esperando a las baretonesa junto a la Piedra
En la edición número 640 que es la que corresponde a este año no faltaron los mediadores del Valle de Ansó ataviados con sus trajes típicos, así como el resto de los participantes, Montse Castán y Antonio Jesús Gorría representaron a a los vecinos del vecino valle aragonés en el que se firmó la concordia un ya lejano 12 de octubre del año 1375 y al que acudieron roncaleses y baretonenses: “porque era un pueblo de paz con fama de unir a la gente”, tal como recordó Pierre Casabonne, alcalde de Arette y auténtico mantenedor de la ceremonia, quien también recordó los casi cuarenta años que lleva Marcelino Landa, asistiendo como secretario de la Junta del valle de Roncal a este tributo del que ya es un auténtico especialista.


Alcaldes navarros y bearneses durante el acto





Los representantes de Baretous respondiendo que si van a pagar el tributo, ante el alcalde de Isaba
La alcaldesa de Uztarroz no llevaba el blusón típico de alcaldes de Roncal y que ya plasmó Sorolla en sus cuadros y la de Lanne lucía un curioso traje a mitad de camino entre el vasco y el de aragonesa del valle del Ebro (baturra) con un mantón de Manila sobre los hombros.

Los alcaldes de ambos valles colocan las manos sobre la piedra en señal de paz y amistad (de izquierda a derecha: Lanne en Baretous, Lydie Campello; Isor, Cédric Pucheu; Arette, Pierre Casabonne; Isaba, Jesús Mari Barace; Uztarroz, Carmen Fayanás; Urzainqui (casi no se ve a  Javier María Landa y Garde, José Javier Echándi)















Juramento de los guardas: en el centro de la foto Marcelino Landa. Secretario de la Junta del valle de Roncal
Tras la ceremonia fui testigo de una de esas escenas que cuando te las cuentan no te las crees que suelen ser reales como la vida misma. Entró un gudari en un establecimiento hostelero solicitando a un camarero una consumición en euskera. El camarero le contestó en español que no le entendía y que por favor le hablara en español. El euskaldún crecido ante tal circunstancia siguió dirigiéndose a él en batua. A lo que el camarero que era aragonés le charró una parrafada en fabla que dejó tieso al gudari quien de la perplejidad, al no entender aquella lengua, pasó al contraataque a su bola, a lo que contestó el otro como le dio la gana, en esas quedaban las cosas cuando la Nekane que acompañaba al euskaldún, que debía tener algo más de seso que su acompañante, le dijo al camarero en español ¿por favor me puedes dar un poco de leche para el biberón del niño? A lo que el camarero amablemente accedió. La cara de tonto que se le puso al gudari era inenarrable.

El alcalde de Ansó (Antonio Jesús Gorría) dando fe de que el tributo se ha desarrollado con normalidad

El veterinario de Isaba comprobando que las vacas están en buen estado






















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