sábado, 2 de septiembre de 2017

Marcas de platero en las Santas Reliquias

Hace unos días me llegó un artículo publicado por un compañero de carrera que ahora ejerce como profesor en la Universidad, en esta publicación hablaba de las Santas Reliquias de Villanueva y en él, me aclaraba algunas dudas y me daba pistas sobre otras cosas; por ejemplo citaba al profesor Ángel San Vicente en la reseña que hizo con motivo del catálogo de la exposición “El espejo de nuestra historia” que se celebró hace un cuarto de siglo en Zaragoza (La diócesis de Zaragoza a través de los siglos, 1992). En esta obra se indica que el relicario que fue expuesto en su día y que ahora se conserva en el Museo Diocesano, lleva las marcas buriladas de Zaragoza y REAL, acuñaciones que están registradas por J.F. Esteban, platero zaragozano que vivió en la segunda mitad del siglo XVII, pues se conservan obras suyas en la capital de fechas comprendidas entre 1663 y 1687.

En dicho catálogo se describe el relicario de la siguiente manera: “En forma de frontispicio partido y descansando sobre pie de copa, al que le une su astil de balaustre”, a modo de retablo, “presenta vano central rectangular con una pintura sobre cobre (en mediocre estado) que representa la Resurrección y otros catorce vanos menores alineados alrededor”, donde se alojan reliquias colocadas de manera indiscriminada tras vidrios de época como el que guarnece la pequeña pintura. Sobre el relicario hay una figura del Pelícano eucarístico, “habiéndose perdido las de los polluelos acompañantes”. Para San Vicente esta arquitectura y disposición de vanos recuerda la del retablo de Nuestra Señora del Rosario en Cella, obra del pintor S. Estanmolin, realizada en el año 1601. Lo del pelícano místico es una primitiva representación de Cristo que fue adoptaba por las primeras comunidades cristianas, según la cual la madre se sacrifica por sus propios polluelos al igual que hizo el Salvador por nosotros, La simbología fue retomada desde finales del XVII hasta principios del XIX.


Javier Ibáñez indica que en principio se trataba tan solo del retablo en forma de relicario y que posteriormente, seguramente para enfatizarlo, se le añadieron sendos postigos laterales a modo de columnas fijas, a manera de frisos dieciochescos que se asemejan por cierto a la entrada principal de la iglesia del Salvador de Villanueva, adornado con grutescos, cestillas y serafines de fundición acabada en cincel. A estos laterales, a modo de guardapolvo, se le añadirían también el pie circular que es claramente barroco, Ibáñez defiende que el añadido es al menos de finales del último tercio del siglo XVII. (Javier Ibáñez Fernández y Jesús Criado Mainar: “El arte al servicio del culto de las reliquias… en Aragón” Memoria Ecclesiae nº35 págs. 97-123).

A raíz de lo escrito por Javier me vino a la cabeza la idea de ¿Que fue del retablo de las Santas Reliquias durante la Guerra de Independencia? No hay que olvidar que se trata de una obra de platería de extraordinario valor, pero que no fue arrebatada por los franceses, que estuvieron acantonados en la localidad y que llevaron a cabo una fuerte represión sobre los vecinos, e incluso utilizaron la nave de la iglesia como cobertizo, llegando a provocar un incendio que dañó gravemente la estructura del templo, tampoco sufrió ningún daño la talla de la Virgen de Burzajud, aunque si desaparecieron libros que seguramente fueron empleados como hoguera y otros objetos. Seguramente el retablo fue escondido, al igual que la Virgen en algún lugar seguro, a la espera de que pasara la ocupación y que una vez terminada la guerra saliera de su refugio donde había estado oculto. Sería entonces cuando se decidiera añadirle el pie y las columnas con el fin de realzar el relicario y poderlo exponerlo mejor en la peana sobre la que se saca en procesión cuando se decidió que las Santas Reliquias debían definitivamente ser el patrón villanovense, para ello se le añadieron piezas que provendrían de otras figuras y que han completado su forma actual.



Miré las marcas de buril existentes en la parte posterior del relicario pero no están claras, o al menos no he logrado distinguirlas pero, lo que si es cierto es que el mismo ya aparece mencionado a finales del siglo XVII y seguramente constaría tan solo del espacio central, donde se encuentras las reliquias y que posteriormente se le irían haciendo añadidos para realzar la imagen y que no pareciera, como decían algunos mal intencionados, “Una tortilla de santos”.


Fotografía inferior: Marcas de platero existentes en la zona posterior del relicario.

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