sábado, 10 de febrero de 2018

Hijos de Túbal

El monasterio armenio de Kor Virat a los pies del Ararat

El historiador judeo-romano Flavio Josefo recogió en el siglo I de nuestra era una leyenda destinada a ser duradera. Según ella, tras el fracaso de la Torre de Babel y el castigo divino de las distintas lenguas humanas, los descendientes de Noé se dividieron en 72 familias o gentes. Una de ellas fue la de Túbal, quinto hijo de Jafet y por tanto nieto del patriarca, quien pobló Iberia tras el Diluvio: "Fundó Túbal a los tubelos, a los que ahora se llaman íberos"[1]. Dada la existencia de dos pueblos con este mismo nombre; uno en el Cáucaso (actual Georgia) y otro en Europa (actual península Ibérica), existió desde ese momento entre los exégetas y los historiadores la duda de a qué íberos se refirió Josefo, estableciéndose pronto diversas teorías sobre la relación posible de las dos Iberias.

Este dato fue recogido por san Jerónimo en el siglo VI, quien lo transmitió a Isidoro de Sevilla y éste, seguramente, al obispo Braulio de Cesaraugusta, amigo suyo, colaborador y heredero espiritual. Gracias a la función de la Iglesia católica, se difundió durante la Edad Media desde los monasterios y abadías: que Túbal atravesó Europa y tras pasar por Italia pobló Hispania. El dato lo recogió y, aceptado el padre Mariana en el siglo XVI es el que ha llegado hasta nuestros días[2]. Tan asumida está la leyenda que se atribuye al nieto de Noé la fundación de ciudades como Setúbal en Portugal o los montes Setúbales (primitivo nombre de los Pirineos). En la Depresión central ibérica levantaría Teruel y daría nombre a los turboletas, un pueblo indígena de la zona del Jiloca, e incluso crearía la mismísima Salduba. También poblaría Tarragona, Sagunto, Calahorra, Oca, Tafalla y Tudela. Muy cerca de esta última ciudad ribereña del Ebro se encuentra Tarazona y que se considera fundada por Túbalcaín. Descendiente de Caín y, según Caro Baroja, inventor de la forja, a quien se equipara en los textos clásicos con el dios latino Vulcano.

Pero Túbal no estaba solo, ya que llegó a fundar una tribu que se encontraba ubicada originariamente en la zona sudoriental de Asia Menor, más concretamente en la costa de Cilicia, entre las actuales Turquía y Siria. Se les consideraba grandes guerreros, orfebres, vendedores de esclavos y buenos conocedores de la elaboración de metales como el hierro y el cobre, así como difusores de la metalurgia. Lo mismo ocurría con la tribu de Túbalcaín, lo que provoca que en ocasiones ambos personajes se confundan. Los cimerios les habrían obligado a retirarse a la zona montañosa oriental del mar Negro, entre el monte Ararat y el Caucaso, posiblemente en la actual Georgia: es la llamada Iberia caucásica y fue desde allí donde estos íberos emigraron a la península a la que terminaron por darle nombre.

Otra leyenda afirma que Túbal tuvo un hijo llamado Aitor y que éste es el padre de todos los vascos. Es el origen de la llamada teoría vascoibérica o vascocántabra, que recoge el arzobispo Ximénez de Rada a mediados del siglo XIII y al que sigue Alfonso X el Sabio. Según dicha historia, los hijos de Túbal, después de recorrer diversas provincias con despierta curiosidad, se dirigieron a los confines de occidente y, una vez en la actual España, fueron los primeros habitantes de las alturas de los Pirineos. Convirtiéndose en numerosas tribus que al principio fueron llamados cetubeles, o coetanios de Túbal. Prosigue la narración medieval diciendo que descendieron a las llanuras de la península y, junto al río que ahora se llama Ebro, fundaron villas, aldeas y ciudades. Como se quedaron allí, los que antes se llamaban cetúbales corrompieron este nombre por el del río Ebro y pasaron a llamarse celtíberos. Iruña (la actual Pamplona) fue la primera ciudad que fundó la comitiva de Túbal y de allí se extendieron los vascos. En el siglo XV comienza a identificarse a estos con los primitivos pobladores de Iberia y al euskera con la primera lengua de la misma[3].

En la zona oriental de la república caucásica de Georgia existe una región llamada en la antigüedad Iberia, que se encontraba entre la famosa Cólquida y el mar Caspio, Incluso existe la idea de que tanto georgianos como vascos son hermanos, algo que viene de lejos, pues ya en el siglo X un estudioso georgiano llamado Ioanne Mtatsmindeli intentó visitar las provincias vascas sin conseguirlo, ya que falleció en el camino. Al sur de Georgia se encuentra Armenia, patria de Túbal, de donde se supone que partió hacia la península Ibérica. En Armenia se encuentra también el monte Ararat, que es el lugar donde se cree que atracó el arca tras el Diluvio. Haystan es un lugar muy relacionado con la cultura vasca gracias a las investigaciones de Vahán Sarkisian, un doctor de Ciencias Filológicas de la Universidad de Yerevan, quien durante años estudió y publicó libros sobre las relaciones entre el euskera y la meseta de Armenia. Sarkisian encontró coincidencias tanto en el significado como en el sonido de cientos de vocablos como arán (valle), ardi (oveja) y urti (abundante en agua)[4].

Según estas teorías, Aralar, la sierra que separa Navarra de Guipúzcoa, tiene una leve desviación del nombre Ararat en su pronunciación. Sin llegar a la altura de este volcán de más de 5.000 metros, comparte con la montaña de Noé su característica sagrada y mítica. También en Armenia se encuentra otro monte que supera los 4.000 metros llamado Aragatsotn y que da nombre a una de las provincias en que se divide el país. De este término, Aragatsotn puede derivar Aragón. En Georgia discurre el río Aragvi, que transita por la antigua Iberia y que el griego Estrabón en el siglo I lo cita en su Geografía de tres maneras: “ton Aragón, to Aragó y ton Aragona”. El texto que hace referencia es el siguiente: “En el centro hay una llanura atravesada por ríos; el más largo de ellos, el Ciro, tiene sus fuentes en Armenia y penetra enseguida en la llanura mencionada recibiendo las aguas del Arago, que fluye desde el Cáucaso y de otras corrientes…”[5] Según esta etimología, Ararat, Aragón, Ara, Arga y Aralar tienen la misma raíz, “ara”, que traducido vendría a significar dios o padre. De esta manera, Ararat sería el dios monte o el padre monte y Aragón sería el padre río o el dios río.

Los defensores de las teorías tubalistas[6] dicen que el nombre de este río es similar al que cruza Pamplona, el Arga, aunque también en Cinco Villas existen los Arbas de Luesia y de Biel. Del mismo modo se relaciona el río armenio Arajes con el navarro Araxes y el monte Gordieyo con el Gorbea, otra elevación mítica y casi sagrada que se encuentra en la unión de las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya. La ciudad transcaucásica de Seltia tendría relación con Ejea de los Caballeros y el nombre del país, Armenia con Armañac (Gascuña), departamento francés donde se produce un excelente coñac al igual que en las faldas del Ararat, región donde se fabrica el coñac armenio. A la entrada del valle de Benasque y en las faldas del Cotiella (un pico con casi 3.000 metros de altura) se encuentra el circo de Armeña. Por si hubiera pocas coincidencias, lo que en Aragón llamamos pernil, es decir, la paleta de jamón de cerdo secada y curada con especias, en Armenia es lo mismo, pero con la única diferencia de que allí es anteriormente cocida y después rellenada de frutos secos, sirviéndose el día de Navidad como plato estrella y tradicional[7]. En nuestra región, el jamón se ha relacionado hasta hace poco con un plato de fiestay objeto del lujo. Hasta la mismísima jota, el canto aragonés por excelencia, tiene cierta similitud con los cantos religiosos armenios según he comprobado personalmente en la catedral de Echmiadzin, el llamado Vaticano Armenio.

El romano Sertorio firmó una alianza con el rey del Ponto, Mitríades, para poder defenderse en Hispania de sus antiguas legiones. Las posesiones de este bíblico monarca se encontraban en la Cólquida, que corresponde a la actual transcaucasia, zona donde están enclavadas las actuales Georgia y Armenia. Cuando su monarca fue derrotado por Roma se refugió en este último país cuyo gobernante, Tigranes II era a la vez aliado y yerno de Mitríades. Ambos reyes se hicieron fuertes en la meseta de Haystan contra el poder del Senado de la Urbs, llegando a firmar con la potencia mediterránea un tratado por el que Roma reconocía la independencia de Armenia como aliado natural en la zona. El acuerdo duró hasta que Marco Antonio consiguió derrotar y encarcelar al rey armenio Artavasdes II[8]. No sería de extrañar que años más tarde algunos de estos aliados caucásicos fueran utilizados por Augusto para terminar sus campañas militares en Hispania.

Una vez hubo fallecido Túbal, reinó su hijo Íbero, de quien tomó su nombre la futura España y a la que se llamó Iberia por ser propiedad suya, así como al rio principal que la atravesaba y que no era otro que el Ebro. Después reinaría su hijo Idúbeda, que dio nombre al monte Idúbe o, lo que es lo mismo, el primitivo nombre del Moncayo, aunque se piensa que puede ser toda la cordillera ibérica. El Monte Cano ha dado para muchas historias y leyendas, entre ellas la plasmada en la fachada del Ayuntamiento de Tarazona y en la que aparecen Pirres Caco, Hércules y Sansón[9]. Existe una coincidiencia física entre nuestro Moncayo y el Aratat. Ambas montañas se encuentran aisladas, en una zona fronteriza y son casi inaccesibles. A pesar de que el armenio tiene el doble de altitud que el español, son también un referente totémico, visual desde largas distancias y casi ideológico. Un legionario transcaucásico, traído a Hispania, relacionaría perfectamente ambas altitudes y por tanto se sentiría identificado con ese hito para asentarse en su entorno.

El monasterio de Veruela a los pies del Moncayo





[1] Domínguez Lasierra, Juan. Aragón Legendario. Editorial Delsan – Clásicos. Zaragoza 2009, págs. 22-23.
             Pikaza, Xabier. Diccionario de la Biblia, Verbo Divino. Pamplona 2012.
[2] Mariana, Juan de. Historia de España, Biblioteca de autores españoles. Madrid 1854, Volumen 1 – Capítulo 1.
[3] Ruiz Vega, Antonio: Los hijos de Tubal. Mitología hispánica, dioses y héroes en la España antigua. La Esfera de los libros, Madrid 2002.
[4] Zahuri, Orbelyán. Armenia (edición en español) Yerevan 2013.
[5] Serrano Pellejero, Lucía. ¿Qué es Aragón?: Álbum visual, Heraldo de Aragón & Ibercaja. Zaragoza 2003.
[6] Ruiz Vega, Antonio Los hijos de Túbal
[7] Zahuri, Orbelyán. Armenia
[8] García Moreno, Luis Antonio. Historia Universal II*: La Antigüedad clásica, EUNSA. Pamplona 1989, págs. 512-17.
[9] Domínguez Lasierra, Juan. Aragón Legendario

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