viernes, 3 de junio de 2022

La casa de "La Mompeona" en Maella (Zaragoza)



Situados en el puente sobre el Matarraña, en Maella (Zaragoza) llama la atención por su espléndida rejería, una fachada orientada hacia el sol de mediodía, viendo desde Cataluña. Visible desde varios ángulos, al acercarme aun pude observar en la zona superior de su fachada, algún disparo de cuando la guerra civil. El edificio debió ser soberbio en su tiempo y según me han dicho contenía esplendidos salones, biblioteca e incluso capilla. Se trata de la llamada casa de “la Mompeona” en honor de doña Feliciana Mompeón y Goser, que vivió allí. Doña Feliciana era natural de Sástago (Zaragoza) y estaba casada con don Manuel Jordana Benedito, natural de la Puebla de Híjar y dueño del molino de esta localidad bajo aragonesa. El matrimonio gozó de buena posición social allá por mediados del siglo XIX, ella fue tía de Antonio Mompeón Motos, que llegó a ser director del Heraldo de Aragón entre otras muchas cosas. La pareja tuvo un hijo llamado Jorge Jordana Mompeón. Feliciana falleció en Zaragoza en 1904 a los 71 años de edad. 

Don Jorge fue un personaje relevante en la vida social aragonesa y zaragozana, sobre todo durante el primer tercio del siglo XX. Nacido en el pueblo de su padre en 1857, realizó sus estudios de Derecho en Madrid al amparo de su tío materno Juan Mompeón Goser, a la sazón por entonces diputado aragonés en la Corte de Amadeo de Saboya. Jorge Jordana no solo fue un importante empresario agropecuario que introdujo y modernizó cultivos en Aragón como el de la remolacha azucarera o la mejora de la cría y producción del ganado lanar. Ejerció como secretario de las Comunidades de Regantes de Rabal y Urdán, fue un importante promotor del asociacionismo agrario cooperando en los primeros años de la creación de la Asociación de Labradores de Zaragoza. En 1910 fundó la Federación Agraria Aragonesa. Fiel seguidor de la política hidráulica costista, a quien seguramente conoció en sus años madrileños, impulsó el I Congreso Nacional de Riegos en 1913, a raíz de la aprobación de la Ley de Riegos del Alto Aragón. Fue también Presidente de la Casa de Ganaderos de Zaragoza, patrocinando desde ella el cooperativismo, fundando la primera lechería cooperativa aragonesa. No participó en la política activa salvo en excepcionales ocasiones: como concejal del Ayuntamiento de Zaragoza, al constituirse una corporación de notables tras la muerte de tres funcionarios municipales durante el agitado año de 1923 y como alcalde el último año de su vida, pues falleció en 1931. Apasionado de todo lo aragonés, editó en su día un “diccionario de voces aragonesas” que fue publicado por la Diputación de Zaragoza. 

Exactamente no sé por qué motivo vivió allí doña Feliciana, aunque intuyo que la mujer de su hijo Jorge era de Maella, tal es así que su nieto, Luis Jordana de Pozas tenía en esta casa su biblioteca y pasaba temporadas en esta residencia. Luis, que había nacido en Zaragoza hacia 1890 también fue abogado como su padre, aunque se centró más en la vida docente, llegando a ser catedrático de Derecho comparado en la Universidad Central de Madrid. Se dedicó a la política de la mano de Calvo Sotelo, de quien llegó a ser un estrecho colaborador. En los años cuarenta fue Director General del Instituto Nacional de Previsión, siendo uno de los principales impulsores del Seguro Obligatorio de Enfermedad, implantado en 1942. Su padre en este sentido ya había promovido políticas al respecto durante el primer tercio del siglo XX mediante la creación de sociedades de socorros mutuos en el Aragón rural, en Maella todavía existe una reconvertida en cine de la localidad. A lo largo de su vida tuvo numerosos cargos y falleció en Madrid en 1983. Hoy día, la calle donde se encuentra la “Casa de la Mompeona” lleva su nombre. Tras su muerte, sus herederos entregaron la casa a las personas que cuidaban su hacienda en el pueblo y se marcharon de Maella. Hoy en día el gabinete de abogados de Jordana de Pozas es uno de los más prestigiosos de Madrid y han saltado a la fama nacional gracias al caso Villarejo. 

La casa sigue ahí en pie, todavía. Según me contaron; en ella vivieron algunos años los nuevos propietarios pero, con las comodidades modernas la abandonaron por otra vivienda más moderna, mientras tanto “la Mompeona” ahí sigue, cerrada con su impresionante fachada a la espera de mejores tiempos, o peores vete a saber.






 

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