sábado, 19 de noviembre de 2016

Benito "Sebastián" Calvo Guillén


Hoy nos ha dejado Benito Calvo Guillén o Benito “El Sebastián”, he sentido mucho no poder estar para despedirme de él, entre otras razones porque me he enterado tarde, pero como sé que su nieto Miguel es seguidor del Retabillo, quisiera hacerlo desde aquí. La historia de Benito fue la de un superviviente, le faltaba una pierna. Las consecuencias de la maldita guerra civil se la arranco, estaba jugando con otros chicos en una trinchera, abandonada en Lanaja (Huesca), cuando explotó una bomba que había allí cerca, él pudo contarlo. Sin embargo eso no fue un obstáculo para que se ganara la vida y ni mucho menos para que condujera su Citroën dos caballos sin que se le “calase” al cambiar del freno, el acelerador y menos con el embrague. A Benito no le subvencionaron muletas, ni piernas ultrasensibles, ni tampoco sillas de ruedas aerodinámicas, con su inteligencia le bastaba. Solía trabajar como albañil, aun le vi tejer cañizos, con caña, en cierta ocasión me pidieron de TV alguien que hiciera trabajos tradicionales, le llamé pero ya era muy mayor y no se atrevió. Pero como todo el mundo le conocía era como el chatarrero del pueblo.

Cuando yo trabajaba en casa (de esto hace muchos años), el pienso para los animales no se distribuía a granel, como ahora, sino que se utilizaban sacos de papel. Cuando éstos se amontonaban, un servidor llamaba a Benito y este venía con su furgoneta y su báscula, él solo organizaba su oficina y cerrábamos el trato. Gracias a los dinerillos que me pagaba, yo comencé a comprarme libros para la biblioteca que ahora tengo, todavía recuerdo que los primeros que conseguí fueron Los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós (quizás por eso me acuerdo) y también algún que otro disco.

Quizás esto parece trasnochado pero creo que merece la pena recordar cómo con esfuerzo, trabajo, ilusión y respeto, se pueden conseguir cosas y como existen personas, como Benito, que saben poner las cosas fáciles. El “empentón” que a veces necesitamos, para que se pueda conseguir aquello que queremos, quizás porque él había sufrido y luchado mucho para conseguir lo que tuvo.

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