viernes, 28 de octubre de 2016

Cementerio de Perdiguera (Zaragoza)


Ahora hace un año visité el cementerio de Perdiguera buscando restos de la Guerra Civil y tengo que decir, que realmente me sorprendió y es que, nuestros camposantos guardan mucha información histórica. Al fin y al cabo son archivos definitivos en el que acabamos todos más o menos.

Me encontré con una curiosa placa que recuerda a “todos los hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, han contribuido a construir la localidad y que yacen en una fosa común que ha sido trasladada del cementerio antiguo”. Hay un par de cruces que recuerdan las sepulturas de italianos y que son muy comunes a otras que he encontrado por el bajo Gállego. También hay un monolito bastante singular en el que puede leerse: “Mármoles Raufast. San Miguel 19” y que no sé a quién puede corresponder. Hay alguna cruz con referencias a militares o personas que cayeron en el frente. Perdiguera, no hay que olvidar, se encontraba en primera línea y muy cerca de las trincheras de los “rojos” por tanto vivió muy de cerca los combates de la guerra y por tanto sufrió también el clima de terror que se infundía en estas localidades, para presionar al enemigo.

Casi me da miedo decirlo, por si lo lee algún talibán de la llamada “Memoria histérica” pero también conserva la placa de los caídos por España, es decir los muertos del bando nacional muertos en el frente, junto a una especie de fosa común. Me llamaron la atención dos sepulturas bastante curiosas: Una se encuentra justo delante de la entrada del cementerio en el centro del paseo central de acceso y en la que reza lo siguiente: “Rogad a Dios en caridad por estos cuatro seres inocentes que, en horas de confusionismo, dieron su vida por España. Manuel Escuer, Saturnino Alfranca, Benito Bailo y Segundo Arruga". Según me cuenta el cronista local, Constan Escuer Murillo, estos vecinos de Perdiguera fueron fusilados en las tapias del cementerio el  28 de agosto de 2016, junto al maestro de Lanaja, cuyo nombre desconoce. Anteriormente habían sido fusilados el maestro, el secretario municipal y el médico del pueblo.

A la izquierda de la anterior fosa, (a la derecha según se entra) separada a tan solo un par de metros, se encuentra otra sepultura más grande. Constan relata la historia de dicha tumba, bastante sobria por cierto y muy bien delimitada o como se dice actualmente "dignificada", lo que la hace bastante visible: “Pocos imaginaban en el pueblo que aquel 27 de septiembre de 1936, hace de ello 80 años, se producirían unos hechos que constituirían la página más negra y trágica de la historia de Perdiguera. Aquel domingo, en un pueblo tomado desde el inicio de la guerra por los militares sublevados, un grupo de guardia civiles al mando del teniente del cuartel de Movera, después de bien comidos y bien bebidos, según contaban quienes se acordaban de ello, se dedicaron a recorrer el pueblo deteniendo a 31 vecinos que fueron introducidos maniatados en la caja de un camión. Posteriormente fueron trasladados al límite del término de Perdiguera con Villamayor, donde en las paredes de una antigua casilla de peones camineros que había junto a la carretera, fueron fusilados y enterrados en una fosa que allí hicieron. Pasada la guerra, los cuerpos fueron exhumados de la fosa donde se encontraban y enterrados en el cementerio municipal bajo una lápida común situada muy cerca de la entrada a mano derecha”.


La historia de estos desdichados es muy similar a las que ocurrieron en otros muchos pueblos; mujeres embarazadas que fueron asesinadas porque no encontraron a sus maridos, jóvenes movidos por sus ideas que fueron detenidos, vecinos denunciados por pertenecer a un partido republicano, campesinos que pasaban por allí o simplemente la mala suerte o una rencilla personal, familiar o vecinal. Descansen en paz.


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