martes, 28 de enero de 2014

Carta de Francisco Pradilla en "El Noticiero" de Zaragoza



El sábado 5 de noviembre de 1921, cuatro días después de su fallecimiento, el diario zaragozano El Noticiero, publicaba una carta escrita por Francisco Pradilla a un amigo suyo en la capital aragonesa, en la que refleja sus sentimientos y lo que había sido su vida en el aspecto profesional, además de algunas inquietudes que le habían afectado en el plano personal. El artículo en cuestión se titula "Algo sobre Pradilla" y está firmado por ESTÁN TUDELA, en la portada del mencionado Diario de tendencia confesional católica.
Comienza el articulista con un párrafo en el que opina que fue una verdadera lástima no germinase la idea varias veces expuesta por García Mercadal sobre llevar a cabo en Zaragoza una Exposición dedicada al insigne villanovense; "porque a tal señor tal honor, de tal artista aragonés de fama mundial, al cual Aragón debe reparación de olvidos si los hubo y rendimiento de afectos, que por venir de Zaragoza habrán de calentar más profundamente el corazón del viejo maestro". Reprocha que a estos buenos propósitos no contestara nadie, "ni aun la Academia de Bellas Artes de San Luis". Quedando la propuesta en el olvido y se lamenta de que que "en estos últimos tiempos, los más tristes de su vida, se le reintegrase al ambiente espiritual de España. Murió Pradilla, siendo objeto de un olvido injustísimo en el cual no tiene parte de responsabilidad las multitudes españolas, sino los que tienen la misión de dirigirlas y encauzarlas". Se queja de que una vez desaparecido el pintor se quiera subsanar el error, (aquello de poner cebada en el rabo al burro, después de muerto) aunque corregirlo sea "un deber de regionalismo y de practricismo" y expone que el Arte debe vencer al espacio y al tiempo, siendo muy justo "se rinda devoción necesaria a esos soberanos artistas, a los que por lo mucho que valen o han valido, quieren alejarnos de nosotros, para colocar en cambio a esos adecendros, lumínicos de ocasión, que explotan un apellido, vulgar también, o que hacen arte entre los políticos". Para finalizar diciendo que "si un pueblo no tiene conciencia de si, no sabe querer  y respetar a sus artistas".
¿Cómo era Pradilla en sus últimos tiempos? se pregunta, y acto seguido cita la siguiente carta que le escribió y que lo retrata perfectamente, en un acto de nobleza "ofrece al museo por si es de su interés" en la que se dice:
«…Entre tales corrientes de contratiempos nuestro ilustre amigo J.Mercadal me envió con su última erudita bella e interesantísima publicación “España vista por los extranjeros" en su artículo de usted, “de Arte”. Son por tanto las nobles manifestaciones del patriótico entusiasmo que en usted alienta y muestras de su juvenil espíritu que si acaso es común en Aragón, rejuvenecerán sus viejas glorias.
En carta y artículos alude usted a dos puntos a mis referentes. No fui afortunado en mi modesta relación con la tierra natal, ni diría verdad si negara mi queja. Pero me refería al humilde y transitorio apoyo de mi jornal que en las crisis más aciagas de mi trabajosa vida solicité para mis hermanos, que sin trabajo, con familia y yo imposibilitado de socorrerles, se disponían a emigrar, burlados, entretenidos, salvamos con solo nuestro esfuerzo la terrible crisis. ¡La muerte zanjó este asunto que en mi corazón sangraba! (En este párrafo hace alusión sin duda a la quiebra de la Banca Villodas y al fallecimiento de su padre y seguramente a la necesidad de vender la casa de Villanueva para poder pagar deudas). Pero como artista, no me quejé sino a título de cita. Pronto aprendí que si, como dicen aquí «En la patria nadie hace falta» en el Estado «hace de más por las artes de la Pintura» “Por eso soñé y trabajé por encontrar el modo de dar a nuestros estudios de Arte una dirección práctica. Mi desgracia financiera me desertó y unció de nuevo al yugo de la necesidad diaria. ¡Inapelable! Y fue un bien para mí. Los «hechos» me han probado que aquí carecía de la precisa autoridad y del respeto necesarios para repercutir en utilidades. Me hubiera estrellado de cualquier modo. A menos, hoy vivo libre de toda ambición, como no sea la de aprender en mi oficio.

Latía en mí todavía la de llevar por el mundo una colección de obras mías, según la costumbre actual. Núcleo de estas exposiciones serían los «cuadros» históricos de género inédito que pinté estos últimos años y que sus dueños me prestaban para este único objeto. Para aumentar su número y género retuve unos, cuanto pude, en el estudio; pero con la prolongación de la satánica guerra me fue obligando a desprenderme de ellos. Los que me quedan son de escasa cuantía.
Su artículo aludido, es la sola noticia que tengo de esa proyectada  exposición de arte aragonés. Desde que volví a la Patria he ambicionado darme a conocer de mis paisanos, pero es imposible retener obras cuando hay que vivir de su venta inmediata y le han robado a uno todo su mísero haber y por añadidura y burla de la contraria suerte, le declaran a uno «bien y legítimamente robado». Nuestros amigos señores González pueden decir que de haber ignorado realizar la proyectada serie de exposiciones, la primera etapa hubiera sido Zaragoza.
Entre las corrientes de arte resultan anárquicos los varios géneros de arte que por ambicioso o por necesidad he cultivado, usted apreciará que impida la exposición de muchas obras donde no soy apenas conocido, como no lo soy en Aragón; de ninguna manera la de una a dos obras. Veremos si al fin lo logro...”
Las imágenes corresponden a dibujos realizados por Francisco Pradilla Ortíz y publicados en su día en la revista Ilustración Americana y Española. En ellas se representan imágenes de la vida de la Zaragoza que él vivió hacia 1870.

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