viernes, 27 de enero de 2017

El Llano de la Batalla (entre Perdiguera y Leciñena)

Llano entre Perdiguera y Leciñena (al fondo a la izquierda) donde tuvo lugar la batalla entre españoles y franceses el 24 de enero de 1809. En el centro de la imagen el santuario de Nuestra Sra. de Magallón.

El Barón de Lejeume cuenta en sus memorias que, el coronel Delage avanzó con su columna por la margen izquierda del Gállego hasta Perdiguera donde tuvo que batir a 2.500 hombres después de un reñido encuentro, volvieron por el campo hacia Zuera. “Los vecinos de estos pueblos huyen hacia la sierra soliviantados y atemorizados; bien a encontrar cobijo o refugio, bien a organizar la resistencia en el Santuario de Nuestra Señora de Magallón, junto a Leciñena”. Este será uno de los lugares donde mayores fuerzas se reunirán, de tal manera que por las noches eran visibles las fogatas y hogueras que iluminaban Monte oscuro, desde la misma Zaragoza. Al frente de todo este ejército se encontraba el coronel Felipe Perena.

Guirao Larrañaga relata cómo el Coronel, reúne una corta división de cuatro a cinco mil hombres que tendrá su base precisamente en el Santuario, llegando a ocupar una línea que abarcaba desde Villafranca en el Ebro, hasta Zuera. Puestos de nuevo en contacto Perena y Palafox el 18 de enero, éste firma un plan de operaciones señalando la fecha del ataque combinado para liberar Zaragoza dos días más tarde. Insistiendo en que Perena intentara entrar en Zaragoza por los montes de San Gregorio, repitiendo la hazaña del primer sitio, pero la situación ha cambiado. En estos momentos la zona está ocupada por una división napoleónica y con una presión mayor que la ejercida durante el verano. El oscense conoce las dificultades para desplazar a todos sus efectivos desde la margen izquierda del Gállego, debido a esta importante presencia militar francesa entre Villanueva y Juslibol, pensando que es mejor intentar el ataque por Villamayor. Perena, que se encuentra en Leciñena, se entera por el Alcalde de Zuera, Antonio Nasarre de Letosa, que los franceses se han replegado hacia Villanueva, dejando la villa de Zuera libre, por cual dispone que sus tropas ocupen dicha población. En definitiva se trata de repetir milimétricamente el plan efectuado en agosto.

El 22 de enero el mariscal Lannes toma el mando supremo del tercer y quinto cuerpo, éste a su vez ordena al mariscal Mortier que regrese de Calatayud con la división de Suchet, para que preste apoyo a la de Gazán, ocupado en el bloqueo del arrabal y acuda al encuentro de Perena. En esta situación se produce la ya conocida como “Batalla del llano” que recoge Matías Calvo en su manuscrito publicado por Juan José Marcén:

«Precisamente se hallaba en el Santuario, Perena con unos tres mil paysanos. De Huesca y Barbastro y como unos doscientos hombres de Voluntarios de Aragón y Saboya, que según digeron venían a levantar el sitio, ¡infelices! Tan pronto como los Franceses lo supieron vinieron a verlos, cuando no por quitar Estorbos y vinieron nada menos que un ejército de 16.000 hombres, que todos ellos se hallaron formados en columnas en el llano que se hallava muy cerca de ellos en el cubilar de Cabañas, que estabamos todos los tiradores del pueblo, debe de entenderse cazadores. Tan pronto como rompieron la marcha nos retiramos por las faldas del monte de las mulas, en dirección a Macerado, menos yo que ranque a la Virgen, que se hallaban allí los Padres de familia; pero cuando llegué ya no había otro que los artilleros haciendo fuego».

Matías Calvo escribe que ese día fueron muchos los que quedaron «en las sardas de la Virgen y de Bartolo que en aquellos tiempos estaban espesas de tanta sabina», que esa noche cada uno durmió en la sierra como pudo y donde pudo y, que ese día, murieron en Leciñena treinta y siete personas «además de niños y solteros fue quemada la Casa de Nuestra Sra. de Magallón». El párroco de la localidad dejó certificado que «con motivo del Sitio de la ciudad de Zaragoza y choque o pelea habida en esta mi parroquia de Leciñena en la tarde del día veinticuatro de enero de mil ochocientos nueve, del Ejército francés con el aragonés y español, pereció, rasgaron y se robaron el libro nuevo que hice yo. Los que murieron de y en esta mi Parroquia, en dicho pueblo de Leciñena y su territorio, huyendo a los montes y de dichos ejércitos en calidad de paisanos son treinta y tres»

Todo esto sucede a partir del 24 de enero cuando, los españoles son sorprendidos estudiando cómo llevar a cabo la acción. Mortier se pone en movimiento y pasa por Villamayor, simultáneamente otra columna francesa se dirige hacia Zuera. Seguramente en este contexto se produce una acción que refiere Lejeune cuando cuenta que «algunos millares de aldeanos, que afortunadamente estaban mal dirigidos, se arrojaron un día sobre nuestros puestos y nos causaron un momento de terror pánico. El mismo terror que se apoderó de ellos cuando al instante se presentó el Mariscal Mortier que avanzó en su persecución y huyeron» En este retroceso se tropezaron con Gasquet, que volvía del campo, y mató a unos 500 lugareños. Además el comandante regresó con «excelentes ganados merinos, muy apreciados por la finura de su lana». De los aldeanos combatientes se refiere a ellos como cazadores furtivos, buenos tiradores y contrabandistas que solían inquietarles con sus disparos después de las comidas de los lugareños «la división Gazán se encontraba por así decirlo, sitiada por ellos». Lejeume achaca estas intervenciones a la influencia que tenía el clero de la zona sobre los campesinos, a quienes excitaban continuamente para que les hostigasen; incluso él llego a ver alguno de estos clérigos redoblar su actividad y su ánimo para hacerles fuego a los franceses como un «Ejército de nueva leva pero numeroso y mandado por viejos oficiales (entre los que se encontraba Francisco Palafox, hermano del general), que resistió bien y conservó largo tiempo una actitud amenazadora en la excelente posición que había tomada sobre las alturas de Leciñena. Sin embargo lo atacó tan vigorosamente a la bayoneta, que lo puso en fuga tomando cuatro cañones y matando cerca de 1.000 hombres».
Santuario de Magallón en Leciñena (Zaragoza)


Bibliografía:
Juan José Marcén Letosa, El manuscrito de Matías Calvo. Mira editores, Zaragoza 2000.
Lejeume, Louis-François, Los Sitios de Zaragoza (Edición de Pedro Rújula) en Colección Letras Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2009, pág. 50

Guirao Larrañaga, Ramón. Felipe Perena Casayus. Ayuntamiento de Huesca 1999

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