miércoles, 19 de abril de 2017

Cartuja Baja (Zaragoza)


Según cita Pascual Madoz en su Diccionario, dista a una hora de Zaragoza (9 kilómetros del centro de la ciudad) y está situada en la orilla derecha del rio Ebro, fue fundada por Gerónima Zaporta, viuda de Alfonso Villapando, según consta en escritura otorgada por la misma en 20 de agosto de 1634. Describe el monasterio diciendo que: “el artista menos severo tiene que llorar anticipadamente por sus inmensos claustros y por su risueña y adornada iglesia que renovaron los monjes en el año 1781”. Hallándose a mediados del siglo XIX en el más completo abandono. Dice el cronista que en uno de dichos claustros está pintada la vida de San Bruno, obra del pintor Francisco Bayeu. “Este magnífico edificio e iglesia se hallaban casi totalmente reparados de los estragos causados por la invasión francesa, cuando fue suprimido el monasterio en el año 1833 habiendo sido vendido posteriormente como finca nacional”.

El conjunto enajenado fue adquirido por varios propietarios que alquilaron a su vez las tierras y dependencias a colonos agrícolas que ocuparon las habitaciones de los monjes y en algunos casos las transformaron en viviendas. Tras un breve periodo de tiempo de independencia municipal, a principios del siglo XX pasó a ser barrio zaragozano, pero conservando su aislamiento característico entorno a un millar de vecinos cartujanos.

Situado en el sureste de Zaragoza es uno de los barrios rurales de mayor crecimiento en los últimos años. En 1979 tenía 851 habitantes y en 1991 alcanzaba ya los 1.482; es decir un incremento al 85’9% en poco más de 10 años, en la actualidad cuenta con 2.100 habitantes. A ello ha contribuido también el desarrollo industrial de Zaragoza a lo largo de la carretera de Castellón. Hasta los años ochenta la cartuja de Miraflores (como también es conocida) conservaba su sabor o imagen rural, siendo el principal medio de vida de sus habitantes la agricultura y la ganadería. Hoy día la ampliación urbanística del barrio nos traslada a otras zonas de la ciudad, haciéndolo más urbano. Sigue constituyendo su principal atractivo el antiguo entorno de la Cartuja de la Concepción. Declarada Bien de Interés Cultural en 1982. En la actualidad todavía se conservan dependencias del antiguo monasterio barroco: portería, hospedería, procura, iglesia, torre y sacristía, exterior del refectorio, partes de algunas celdas, parte de los lienzos del patio del gran claustro, parte del muro que rodea el recinto con sus torreoncitos ultra semicirculares. El trazado general de la cartuja coincide con las actuales calles.


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