domingo, 14 de enero de 2018

Era rusa y se llamaba Laika



Dentro de la carrera espacial hay un héroe casi desconocido por la gran mayoría. En medio de la lucha entre estadounidenses y soviéticos por conquistar el espacio, se llevó a cabo el sacrificio de la perrita Laika en pos de la carrera espacial. Oficialmente el primer ser vivo fue lanzado a la órbita terráquea el 3 de noviembre de 1957 dentro de una alocada carrera rusa por superar a la tecnología yankee. En apenas un par de meses el animal fue preparado y encerrado dentro de la cápsula del Sputnik 2 con el fin de ascender hasta casi 1.700 km. de la superficie terráquea. El nombre de la perrita en cuestión significa ladrador y se lo impusieron después de haberla encontrado callejeando por las calles moscovitas, se trataba por tanto de un perro sin dueño y abandonado, un vagabundo llamado a convertirse en un mito. A pesar de este nombre era un perro dócil y tranquilo, que ha pasado a la historia de un símbolo en los derechos de los animales. Se pensó en un can callejero porque supuestamente estaban más capacitados para sobrellevar los intensos entrenamientos a los que serían sometidos y se prefirió a estos animales sobre cualquier otra especie. Laika fue elegida entre diez candidatos y sometida a un proceso de adaptación a espacios cada vez más reducidos durante veinte días, pasándola de una caja más grande a otra más reducida, como las matriuskas. Fue introducida en una centrifugadora y en una caja con vibraciones y ruidos, que simulaban la brutal aceleración del cohete en el momento del despegue. También se le sometió a un régimen de comidas consistente en gelatina nutritiva compuesta con proteínas animales.

Tras este período de aclimatación fue introducida en el Sputnik tres días antes de su lanzamiento. La capsula presurizada consistía en un cilindro metálico de tan solo 80 cm de largo y 64 de diámetro, dotado de diversos compartimentos con equipos radioeléctricos, oxígeno, alimentos y aparatos para controlar la presión sanguínea y el ritmo cardíaco del animal. La perra estaba sujeta con un pequeño chaleco que le permitía incorporarse, pero no darse la vuelta y se le habían insertado en el cuerpo, sensores para seguir sus funciones vitales. Todo estaba previsto, incluso que Laika no volviera a la tierra, pues la nave no estaba preparada para el regreso, así que se le fabricó una mezcla de sedante y veneno en su alimentación para que no sobreviviera una semana. Toda esta operación se llevó dentro del mayor secretismo y sobre todo nunca se comunicó cual fue la suerte de Laika, hasta que en 2002 trascendió la verdad de lo sucedido, cuando el que había sido su preparador Oleig Gazenko confesó la suerte que había tenido la perra más famosa del planeta.

Lo cierto es que la pobre Laika no sobrevivió ni cinco horas al lanzamiento, eso sí después de realizar cuatro órbitas a la Tierra. La causa del fallecimiento fue el ascenso de la temperatura dentro de la cabina en la que se encontraba a una temperatura superior a los 41ºC., debido a un fallo  en el sistema disipador de calor. Según confesó el propio Gazenko su muerte debió ser atroz y dolorosa, además de inútil. Por su parte la cápsula aun llegó a dar 2.570 vueltas alrededor de la Tierra hasta el 18 de abril de 1958, cuando se precipitó sobre la atmósfera y se desintegró.  También se supo que Laika no fue el primer animal en entrar en órbita. Los dos primeros fueron también dos perritas en 1951, en un cohete que alcanzó los 100 kilómetros de altura, pero sin potencia orbital, solo para rozar el espacio sideral.


 
Fotografía de Laika dentro del Sputnik 2 (Historia y Vida nº 596)

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