sábado, 4 de junio de 2016

Veremundo y Mossen Julián

Partitura que aparece en la obra de Mingote
Hace años escuché una canción titulada Veremundo que decían eran originaria de Villanueva de Gállego, un típico canto de taberna o de bodega, una especie de juego de prendas o de corrillo que termina con una advertencia moralizante, lo cierto es que nunca la había oído fuera del contexto en que se publicó, es decir que nunca la he escuchado en Villanueva en un ambiente distendido y social en una taberna, peña, bodega o similar. En sí cuenta la historia de un personaje que se fue de casa para “ver el mundo” y acabó borracho en una bodega donde fue encontrado por su padre que se apiadó de él, lo recogió y lo devolvió a casa de donde no debía haber salido jamás el chaval y al final acabó de alguacil, toda una neo-parábola del hijo pródigo pero que, en lugar de volver el hijo al padre, va el padre al hijo quien lo reconduce.

La canción en sí fue publicada como "Canción de taberna" por el musicólogo darocense Ángel Mingote (padre del dibujante de ABC tantos años) en una obra titulada Cancionero musical de la provincia de Zaragoza  y editada por la Institución «Fernando el Católico» de Zaragoza en 1950, es decir que la obra tiene sus añicos, me enteré de que había un ejemplar en la Biblioteca y lo conseguí, para enterarme algo más sobre esta cancioncilla tan representativa de mi pueblo y, cuál fue mi sorpresa cuando vi que estaba recogida por don Julián Vililla Sánchez. ¿Quién era este señor?
 
Mossen Julián en el centro de la imágen, durante un acto religioso

Mossen Julián Vililla era el hijo del médico del pueblo, nació en Zaragoza en 1891 y siendo jovencito despuntaba entre sus compañeros de colegio por su afición a la poesía y la interpretación, fue ordenado sacerdote en 1917 y ejerció como coadjutor en Villanueva de Gállego hasta 1933, año en que sustituyó como párroco a d. Luis Berduque. Don Julián era un hombre serio que causaba más temor que respeto, distante pensaba que todos sus feligreses eran rojos o cómplices de los rojos o novias de los rojos, así se lo manifestó en cierta ocasión a un oficial italiano quien le describió como una persona enigmática pero culta y amable, un personaje ambivalente que tras una visita al Arzobispado, de vuelta a su parroquia, hacía el porte de las cervezas del casino de derechas, del cual era por supuesto socio y protector. Lo que no fue obstáculo para conseguir de la protectora del casino de las izquierdas que dedicara en su testamento, cierta cantidad de dinero para misas en sufragio de su alma que todavía se siguen celebrando.

No sé dónde encontraría esta canción, seguramente no en Villanueva pues no frecuentaba esos ambientes tabernarios, aunque parece compuesta más bien contra esos lugares. Si hacemos caso a la partitura que recoge Mingote; la canción es típica en “Villanueva de Gállego y otros” lo que indica que el hombre tenía sus “pecadicos” y quiso hacer patria o que el autor es él realmente y que quiso ocultar el hecho de esta manera, como una canción popular en lugar de atribuírsela. Hay un detalle en la partitura que indica el tono “cómicamente solemne” de la obra, a mitad de camino del canto gregoriano o de iglesia y el coro, quien la compuso tenía ciertos conocimientos musicales.



Sí que es cierto que poseía ciertos conocimientos musicales y llegó hacer pinitos escribiendo un himno a San Isidro, al que le puso música, seguramente hizo lo propio con la tradicional Ave María de Villanueva y con alguna otra obra más. Además recogió algún dance para ser ejecutado en las Fiestas organizó un coro parroquial y en sus misas solemnes nunca faltó la música religiosa interpretada por la Banda, me contaron hace un tiempo una anécdota sobre él, que desconocía y que es bastante definitoria de su personalidad; en cierta ocasión y creyendo estar solo en el templo parroquial, Don Julián se lanzó a interpretar “María de la O, que desgraciadita tu eres teniéndolo tó”, estrofas que fueron escuchadas por una feligresa que en ese momento entraba en la iglesia y que se quedó horrorizada y espantada ente aquella interpretación del párroco, seguramente por lo inesperada de la actuación. Don Julián temía pasar al martirologio siendo quemado por los rojos mientras dormía en la casa parroquial o ver como tabicaban la iglesia con él dentro, sospechas no infundadas pues le habían llegado noticias de que cualquier día el templo apareciera saqueado y todos sus bienes desaparecidos. Más de algunos, aprovechando las circunstancias, creyendo que hacía daño al cura, hizo daño a sus parroquianos, pero la cosa es así, “a rio revuelto, ganancia de especuladores”.


Mossén Julián Velilla falleció el 27 de enero de 1952, a la edad de 61 años, recuerdo como, quince años después, el entonces párroco todavía aplicaba oraciones por su alma en la misa mayor y es que el hijo cura, del médico, dejó muchos recuerdos en Villanueva a lo largo de los años.

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