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| Posible representación de san Licer, encontrada en la iglesia parroquial de san Pedro en Zuera (Zaragoza) |
Poco se sabe de la vida de
San Licer, tan solo que este nombre proviene de Lizerio y a su vez de Glicerio.
En las actas del Concilio de Adge (Francia) celebrado en el año 506, se
menciona la diócesis de Conserans y a su obispo, de nombre Glicerio. Se sabe
que fue a la vez que clérigo, militar y que lucho contra los godos y contra los
sarracenos hacia el año 500 d.C. Por otra parte los Godos ya llevaban
establecidos en la Narbonense, entre el actual norte de España y sur francés,
casi cien años antes de la época de San Licer. Es difícil que el obispo
Glicerio luchara contra los sarracenos entre otras cosas porque los musulmanes
no llegaron a Francia hasta doscientos años después de que él viviera, a no ser
que se trate de una mala traducción de un término geográfico o una población
determinada de la zona pirenaica (existe el valle de Sarrance). También es
cierto que existen “otros” santos con el mismos nombre “Glicerio”; uno de ellos
en la zona entre Siria y Turquía. Según se cuenta fue un agricultor, discípulo
de San Jorge y más tarde sacerdote y mártir. Otro Glicerio fue mártir en
Nápoles aunque no está especificado en que época. También en Italia y más
concretamente en Milán, parece ser que existió un obispo de nombre Glicerio en el
siglo IV, que acabó siendo mártir[1].
Sea como fuere el culto a San Glicerio es bastante antiguo y extendido.

Ahora bien, poco
antes de la caída del Imperio Romano de occidente en el año 476, uno de sus
últimos gobernantes de jure se llamó
Glicerio, éste fue considerado usurpador del trono por otro de sus rivales, de
nombre Julio Nepote, quien gobernaba en la parte oriental y que parece ser, por
su apellido, era sobrino del emperador romano de Oriente[2].
Glicero por el contrario formaba parte de la zona occidental del Imperio y fue
coronado por el príncipe burgundio Gundebaldo, que era magíster militar, el 5 de marzo del año 473.
Los burgundios fueron una tribu germánica originaria
de Escandinavia, que a partir del año 200
iniciaron una migración masiva hacia Europa central para, luego asentarse en la Galia[3].
A principios del siglo V se instalaron pacíficamente en la
zona de Provenza, en un área entre las actuales
Suiza, Francia e Italia, que por ellos acabaría tomando el nombre de Burgundia (y que más adelante evolucionaria
a la actual Borgoña). Como muchas tribus germánicas, se
convirtieron al arrianismo, aunque
los católicos dominaron tras la conversión del rey Gundebaldo en el 500.
Glicerio
o Licerio, formaba parte en principio de una familia patricia-romana, la
historia cobra sentido si se tienen en cuenta varias consideraciones. Al final
del Imperio romano, éste se encontraba divido en dos mitades, Oriente con
capital en Constantinopla y Occidente cuyo poder se había ido descomponiendo a
pasos agigantados sobre todo a raíz de las invasiones bárbaras. Estos pueblos
dominaban a principios del siglo V casi todas las regiones y tan solo tenían en
común la figura del Cesar, que ni siquiera tenía su residencia en Roma, sino en
Ravena, ciudad situada en el norte de Italia. Durante este período, los
emperadores se sucedían de manera vertiginosa y tan apenas tenían más poder
político y militar que el que le otorgaba la clientela que le había apoyado sin
embargo, la suprema magistratura siempre era ostentada por un “ciudadano
romano” seguramente esta fue una de las razones por la que los Burgundios
apoyaron a Glicerio[4].
Cuando fracasó en su lucha contra Nepote accedió a ser nombrado obispo,
seguramente como una manera de salvar la vida, refugiándose en territorio
amigo, en este caso el sur de Francia. Según algunas noticias fue obispo de
Salona en el norte de Italia y otras lo citan como obispo de Milán, aunque es
más creíble la hipótesis de que terminara en la Galia. Mientras tanto el
vencedor, el general Orestes, coronaría a su hijo llamado Rómulo Augustulo en
el año 474, a la sazón el último de los emperadores romanos. Una tradición histórica
francesa dice que en el siglo IX habitó en la zona de Aquitania un obispo de
nombre Licerio que hizo frente a los normandos, cuando éstos invadieron la
costa francesa destruyendo iglesias y matando a la población. Licer arengó a la
población incitándoles a resistir. Durante un combate recibió un fuerte
espadazo en la cabeza, a pesar de lo cual siguió peleando hasta que no le
quedaron más fuerzas. Fue enterrado en Avignon y su tumba se convirtió en lugar
de peregrinación.
Cuenta
la leyenda que fueron caballeros gascones, que venían a incorporarse a las
tropas aragonesas que iban a combatir en las Navas de Tolosa, quienes trajeron,
a lomos de una mula la reliquia de San Licer a Zuera. Entraron en la iglesia de
San Pedro a orar cuando las campanas comenzaron a repicar de manera milagrosa,
a la vez que el animal se negaba a seguir caminando, desde entonces el obispo
es patrón de la localidad, la festividad de San Licer está datada en Zuera
desde principios del siglo XVI. Se celebra el 26 de agosto pero en algunos
lugares lo hacen el día 2 de septiembre o el 2 de octubre, como en Venecia[5].

[1] En el Santoral católico existen
varias referencias a San Glicerio, San Licerio y San Licer.
[2] Roberts, JM. Historia Universal: de los orígenes a las invasiones bárbaras. RBA
Ediciones, Barcelona 2009.
[3] Lardero Quesada, Miguel Ángel. Historia Universal: Edad media vol. II,
Vicens Vives. Barcelona 1992.
[4] García Moreno, Luis, Historia Universal II (2): La antigüedad
tardía. EUNSA, Pamplona 1989.
[5] Florez, España Sagrada,
Madrid 1836. Villanueva, Viaje literario
por iglesias de España, 1851