Mariví es bibliotecaria y trabaja
en Gallur (Zaragoza) la tengo de amiga en Facebook y cuando quise ir a su
pueblo, para ver la procesión y el dance no solo me animó, sino que me dio todo
tipo de facilidades, poco después me enteré de que es una chica eficiente,
trabajadora y a la que le gusta lo que hace. El caso es que al regresar de su
pueblo me escribió y me dijo que si me interesaba alguna publicación sobre el
dance, que me la enviaba encantada. No quise ponerla en un compromiso en
principio, pero ella se empeñó y no solo me ha enviado unas publicaciones sobre
el dance de Gallur, sino que me ha mandado por correo una pequeña biblioteca
con publicaciones acerca de esta villa ribereña del Ebro aragonés.
Además de un librito sobre el dance
de Gallur, publicado por Ángel Pueyo y Fernando Sancho, me ha remitido otro
sobre los “Bailadores: el dance de Gallur en el siglo XX”, escrito por Carmina
Gascón y Saturnino Iglesias Broc. También me ha pasado una revista sobre “María
Domínguez Remón” la primera alcaldesa de España, que lo fue en Gallur y otra
sobre actividad local. Dos interesantes separatas publicadas por el Ayuntamiento
de Gallur y la DPZ sobre “El padrón de Infanzones del pueblo en 1797” y “la bandera
del somatén y su presentación en 1929” ambas escritas por Leonardo Blanco
Lalinde, así como dos guías sobre Gallur y su comarca pero, tengo que
reconocerlo, la que más ilusión me ha hecho recibir es un librito titulado “De
Gallur a Nueva York (diario de un viaje en 1929) escrito por Tomás Expuny, y
publicado por su nieto Manolo, recientemente fallecido y que era mi
farmacéutico, muchas gracias Mariví por todo.
El dance de Gallur (Zaragoza) ha
tenido sus altos y sus bajos, como todas las tradiciones aragonesas. En la
época en que Carlos Cebrián escribió
su libro sobre “Cómo celebra Aragón sus fiestas” la representación estaba en
sus momentos bajos. Dice Cebrián que “el dance a San Antonio es antiquísimo y
que su fama ha saltado las fronteras de Gallur, su comarca y que impresiona a
los espectadores por su belleza, alto nivel de calidad y categoría aunque, pese
a ello no ha sido demasiado realzado en los libros especializados y escritos
sobre el dance en Aragón. Destacar entre sus mudanzas “La Pelegrina”, “El arco
doble” “La patatera” etc. Piezas muy importantes y populares”. Recuerda que
antiguamente había también una “soldadesca” de la que tan solo quedan hoy en
día “los Dichos” que se recitan al entrar el santo en la iglesia y al final de
la procesión. En cuanto al “pasapeanas” dice que fue suprimido al considerarse
una falta de respeto a los santos y sus imágenes pero que finalmente fue
recuperado en los años 80 del siglo XX.
Mercedes
Pueyo dice de este Dance que “no posee texto
propiamente dicho e impropio de una representación de este tipo. Se celebra en
la plaza pública y con ocasión de las fiestas patronales. Se desconoce todo lo
que se refiere a su origen, aunque analizado resulta relativamente moderno”.
Algo en lo que estoy en desacuerdo porque, aunque algunas mudanzas puedan
parecernos modernas, eso no quiere decir que las piezas no sean anteriores. Prosigue
diciendo; “Tampoco posee ningún personaje propio del Dance Aragonés” aunque los
que encabezan el grupo bien pueden representar a los rebadanes o zagales. “No
hay más que ocho actores y un director que dice los versos”. El texto que
parece ser conoció Mercedes “se reduce a una glosa de la Historia de España,
hecha en cuartetas; desde los íberos al Movimiento Nacional” (Se refiere a la
dictadura de Franco). Para ella “está hecho modernamente y no tiene ningún
valor”.
Personalmente el baile me pareció
una representación muy similar a la de los dances soulentinos del Pirineo
navarro, incluso la música de alguna mudanza posee aires navarros. Es una
representación muy diferente a la de otros bailes de la zona como Tauste o
Borja más barrocos aunque eso sí, posee al fuerza del paloteado aragonés, sea
como fuere se trata de un dance digno de estudio.
Según he leído, el baile que se
ejecuta durante la procesión se llama “Pasapeanas” o lo que es lo mismo, pasar
por debajo de la peana que lleva a San
Antonio de Padua, aquel fraile portugués que se fue a Italia y es que la
fabla aragonesa llega a ser así de sincrética, en una sola palabra se condensa
todo un sentir popular. Dice Alfonso
Zapater en su “Aragón pueblo a pueblo” que el lisboeta intercedió ante una
plaga de langosta y que por eso lo hicieron patrono del pueblo pero a mí, me da
que eso de pasar por debajo de la peana del santo tiene algo de precristiano,
lo mismo que hacen con los niños en el Pirineo y el Moncayo de pasar a los
recién nacidos por las ramas de un árbol en la noche de San Juan, al igual que esto,
coincidiendo con el Solsticio de Verano o similar al pasar a los recién nacidos
por la Virgen del Pilar.
Poco antes de entrar en la plaza de
España, la procesión se detiene y se representa un primer paloteado; ejecutado
por los alevines del grupo, poco más adelante les responden los mayores con
otra mudanza que me resultó bastante familiar y poco después, a la salida del
Foro les toca el turno a los casi “Quintos” que serán interpelados por las
chicas con otra mudanza antes de que intervengan los benjamines, con tanta
gracia como lo hacen los mayores a los que desde pequeños quieren imitar, para
terminar y a la altura del casino de Gallur, que permanece cerrado por lo que
vi, hicieron acto de presencia los más veteranos y algunos bailarán incluso sin
vestirse como danzantes pues en teoría están retirados pero siguen viviendo
esta tradición. Acto seguido la procesión se reanudará subiendo hacia la
iglesia parroquial.
Me lo habían contado, pero es
preciso estar allí cada día 29 de Junio, San Pedro en Gallur, junto al Ebro y
en la provincia de Zaragoza, la frontera de la Ribera con las Cinco Villas y
muy cercana la población con la muga navarra. La procesión es impactante desde
el primer momento; cuando las autoridades, precedidas por los danzantes y acompañadas
por la banda de música llegan a la iglesia parroquial, situada en lo alto de un
acantilado sobre el que se domina el río y toda la localidad. La procesión está
encabezada por los danzantes, niños, jóvenes en dos grupos (chicos y chicas) y
adultos, en este caso solo hombres. Al poco de comenzar la carrera me llamó la
atención el nombre de una calle; “las torderas” poco después supe que era aquello,
se trata de escopetas para cazar tordos y que acompañan a la procesión haciendo
con sus salvas de honor un ruido ensordecedor si te encuentras cerca, en un
principio tuve la misma sensación que supongo tienen los fusilados cuando
escuchan la descarga, no exagero. Un poco más delante de esta calle, se
encontraban un grupo de personas armadas con sus torderas, entre ellas una
mujer y recibían a las imágenes de San Antonio de Padua y de San Pedro, así
como a los danzantes, con el sonido de las escopetas.
Después de los patronos, los danzantes
son los auténticos protagonistas de toda la procesión subiendo y bajando al
mismo son de los tamborileros, pasando por debajo de la peana de san Antonio de
Padua (que también es patrón de la localidad) y entremezclándose entre ellos,
hay algunas personas que vestidas de paisano se unen también al dance, antiguos
bailadores o sencillamente galluranos que sienten esta tradición, algunas
mujeres bailan portando a sus bebés en brazos otras, los colocan sobre la peana
como símbolo de protección y los más (tanto hombres como mujeres) pasan con sus
niños recién nacidos bajo la peana y hay hombres que también bailan con ellos y
es que los niños tienen especial protagonismo en este rito. Llama la atención
la seriedad y la afición que ponen los pequeños danzantes, sobre todo el que
hace de mayoral con la vara forrada con trenzas y adornada con múltiples
corbatas de colores con nombres. En un momento dado, parece como que la
procesión se ha deshecho, la gente comienza a entrar en los bares y en las
peñas y toman algo de bebida como para refrescarse de tanto esfuerzo, poco a
poco la procesión vuelve a su ser y tras ejecutar el paloteado los danzantes,
todos vuelven a la iglesia con el mismo rito y la misma devoción. Delante de la
iglesia los santos son “bailados” antes de entrar en el templo escoltados por
los bailadores y a san Pedro se le dedican los dichos que están todos cargados
de emotividad. Las torderas ponen punto final a la procesión mientras en el
alero del tejado de la iglesia, una cigüeña observa curiosa la escena, quizás
extrañada de ver tanto humano ahí abajo o quizás sea un asistente más año tras
año. Cierran la procesión las damas, señoras y señores con el traje regional,
las autoridades y el clero local y en último lugar la banda de música que casi
pasa desapercibida. Quiero dar las gracias a Mariví, la bibliotecaria de Gallur
que me indicó algunos pormenores de la fiesta y a un señor anónimo que
amablemente me indicó algunos ritos y pasajes de la procesión.
Había visto fotos del encierro en
el puente de hierro de Gallur y que atraviesa el río Ebro a su paso por esta
localidad de la ribera zaragozana, fronteriza con las Cinco Villas y casi con
Navarra, de donde tiene muchas influencias todo hay que decirlo. Consulté a
Mariví, que es una chica muy maja, estudiosa y además ocupa el cargo de
bibliotecaria en la localidad y ella me dijo donde era el mejor lugar para
hacer fotos del desencajonamiento y digo desencajonamiento porque en mi vana
ilusión, pensaba que las vacas iban a llegar de Sancho Abarca (que de este
pueblo era la ganadería) a pie, como tradicionalmente se debió hacer durante
siglos pero mi gozo en un pozo o mejor dicho con más propiedad; “mi gozo en el
Ebro” La suelta de las vacas la hicieron desde un camión, vehículo que dejaron situado
a la entrada del puente, pero al otro extremo del pueblo y allí, tras escuchar
tres chupinazos de rigor, se abrieron las puertas traseras del remolque y comenzaron
a salir cornúpetas. Poco antes de comenzar el desencajonamiento, hizo acto de presencia
una pequeña lluvia pero nadie de movió de allí e incluso, esperaron a las vacas
con los paraguas. El puente estaba abarrotado de gente pero los animales muy
ordenados y en una primera manada, atravesaron la distancia del río en una
carrera limpia, después de este primer grupo aun hubo un segundo y hasta un
tercero que en pocos segundos cruzó el puente y se dirigió por las calles del
pueblo a la plaza de España, donde se encontraba la tradicional plaza de toros
con maderos y gradas. En definitiva una bonita tradición que merece la pena ser
conservada y sobre todo difundida y es que no todo van a ser Sanfermines.
El jueves 29 (San Pedro) estuvimos
en Gallur (Zaragoza) con el fin de “inmortalizar” varias tradiciones del lugar,
entre ellas el “Encierro” que se realiza en el puente de hierro sobre el Ebro. Mientras
esperábamos, tuvimos una agradable sorpresa, me refiero a la “Charanga de la
escoba”. Personalmente creía que esta tradición tan aragonesa había
desaparecido pero, pude observar que todavía se conserva en algunos lugares
como es el caso de esta villa ribereña. Por un momento me entraron ganas de
bajar del viejo remolque que nos soportaba a duras penas a las damas de las
Fiestas, a una locutora-cámara de una emisora local que casi se echa a llorar
de la emoción y a un señor que con cámara en ristre subía, bajaba y se colaba
en los mejores lugares, bueno gajes del oficio.
Cuando yo era pequeño, hace medio
siglo de esto; la charanga de la escoba era muy popular, sobre todo en los
pueblos de la ribera del Ebro. Consistía en que tras las vacas en la plaza,
aquí es antes, la música salía tocando de la plaza con la gente tras de ella. En
un momento determinado; la banda entraba en lo que hoy llamaríamos bypass es decir la música no se paraba
pero no avanzaba y comenzaba a sonar el repiquetear de la caja, era la señal
para que se formara un círculo y en el centro de él, aparecía alguien armado
con una escoba que extendía sobre los del perímetro que tenían que agacharse
para no ser sacudidos por la escoba, si no había este elemento, podía ser
sustituido por un jersey o una chaqueta pero siempre había una amable vecina
que prestaba la herramienta para en correr a la chiquillería. Era una cosa
divertida y que sobre todo gustaba a los más pequeños, quizás porque no nos
alcanzaba el palo, aunque algunos lo hacían girar a bastante baja altura.
Faltaba una media hora para dar las
siete de la tarde cuando hizo su aparición la charanga, encabezada por dos
señoras armadas con sendas escobas, los músicos enfilaron el puente que cruza
el Ebro, a la entrada del pueblo de Gallur cuando, en un momento determinado
una musiquita repetitiva anunciaba que las escobas comenzarían a volar sobre
las cabezas de los muchos congregados en el lugar a la espera de que
aparecieran las vacas. Así estuvieron un rato, hasta que apareció el camión con
el ganado de lidia, en ese momento la charanga abandonó el lugar junto con las
señoras que se habían dedicado a dar escobazos a quien se dejaba.