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domingo, 9 de julio de 2023

La "Avalada" del 10 de julio de 1923 en Villanueva de Gállego

Avenida ordinaria de la Val a la altura de las Alcantarillas

En la entrada anterior, dije que la parte que más afectó la tormenta de 1923 fue en el monte del Castellar, al noroeste de la ciudad de Zaragoza pues bien, toda el agua descargada en aquellas horas se encauzó en gran parte por la llamada Val en Villanueva de Gállego de tal forma que a este fenómeno meteorológico se le llama en la localidad “La Avalada del 23”. La fuerza del agua y el granizo descargó en un punto indeterminado entre los términos municipales de Zuera, Villanueva y Zaragoza, en lo que comúnmente se llama; Vedao de la Venta, Las Fajas en Vallones y la Val Limpia del Castellar. Encauzando el agua por los barrancos de “El Aliegar” y “Cruciviñas”, (Los Cinco Ojos) entre Villanueva y la actual Urbanización de las Lomas del Gállego (que entonces no existía). Según las fuentes, La Val de Villanueva que entra de lleno en la población «llevaba una violencia jamás vista». En los barrancos de “San Miguel” y “del Cillero” entre esa localidad y Zaragoza y que recogen las aguas del Vedao bajo, Acampo del Santísimo y Zorongo, corría un cauce amplísimo y peligroso que se dirigía hacia la capital[1]. Las primeras noticias de que algo gordo estaba sucediendo llegaron al Gobierno Civil de Zaragoza sobre las 18 horas avisando de que un tren con destino a Barcelona, no pudo pasar desde San Juan de Mozarrifar y tuvo que dar marcha atrás de vuelta a la estación del Rabal. Fueron avisados desde el Gobierno Civil el Alcalde y el Secretario de Villanueva, que se encontraban en la capital e intentaron volver al pueblo en tren esa misma noche del 10 al 11 de julio, pero la línea se encontraba cerrada desde la cinco de la tarde. Regresaron al Gobierno Civil y enseguida se pusieron a su disposición un par de coches. De camino a Villanueva, el espectáculo no anunciaba nada bueno. «Árboles desgajados, cunetas desbordadas bajo un aguacero intenso, en algunos tramos era preciso caminar». Lo más trágico les esperaba en el barranco de San Miguel, a mitad de camino entre Zaragoza, Villanueva y sobre el barrio de San Juan, que queda justo bajo la terraza superior del Gállego. En este punto, el torrente había derribado el pretil de una alcantarilla, rebasando la carretera y no se podía pasar[2]. 

Villanueva aparecía inundado, no hay que olvidar que en la localidad existen dos barrancos que delimitaban el pueblo por entonces; la “Val” en el sur y la Val de la Bigarda al norte. Las mieses iban a merced de la corriente, las traviesas de la vía aparecían flotando. Una niña de seis años, hija de unos quincalleros ambulantes, acampados detrás del cementerio que se encuentra justo en la salida del gran barranco, había desaparecido y resultó ser la única víctima mortal y directa de toda la inundación. El guarda barreras de la vía del ferrocarril, tuvo que luchar contra la corriente más de 50 metros para poder salvarse[3]. En la mañana del 12 de julio el aspecto era desolador: las barandillas del puente sobre el barranco de San Miguel aparecían derribadas en la carretera, tres carros cargados de tejas y ladrillos abandonados en medio del camino, así como haces de mies esparcidos a centenares de metros de sus campos. Por si fuera poca la desgracia en la población de Villanueva, la Estación se encontraba llena de pasajeros procedentes de Barcelona y Jaca que desde la víspera no pudieron pasar y se encontraban aislados en medio de una inmensa laguna. La vega aparecía arrasada materialmente por el aluvión, así como la parte baja del pueblo, en la que tuvieron que ser desalojadas 70 casas. Según decían los vecinos, se habían alcanzado los cuatro metros de agua en algunos sitios[4]. Las alcantarillas situadas a la entrada del pueblo, construidas para canalizar el agua que proviene de la Val no dieron de si, y el agua saltaba por encima del puente por el que circula la carretera de entrada al casco urbano. Se formaron «lagunas inmensas» en medio de las cuales aparecían aisladas las torres del Hospitalico, Guallar y el Barrio del Comercio[5]. Los vecinos afectados ya de por sí, tuvieron que acoger como pudieron a los pasajeros del tren y les auxiliaron en todo momento. El instante más crítico se alcanzó en la mañana del día 11 cuando sin cesar de llover, las avenidas crecían sin límite y los villanovenses se consideraban abandonados a su propio esfuerzo. Fue entonces cuando se presentó en la localidad una compañía del regimiento de Pontoneros de Zaragoza al mando del capitán don Pedro Fauquié con su ayudante al alférez señor Durán, varios sargentos y noventa soldados de tropa quienes, con sus pontones les dieron esperanza y tranquilidad al castigado vecindario, mientras se dedicaban a rescatar a las personas aisladas por el agua en las torres, el barrio del Comercio, que se encuentra enclavado en medio de la huerta, cerca del Gállego y a mitad de camino entre el pueblo y el barrio de San Juan. Hay que decir que el regimiento de Pontoneros ya había realizado varias maniobras militares anteriormente con lo cual, el conocimiento del terrero fue muy importante para el restablecimiento de la normalidad. Según las crónicas, hasta tres violentas tormentas se produjeron entre la tarde del 10 y la mañana del 11 de julio y que fueron las que descargaron sobre Villanueva el Diluvio[6]. 

En las tareas de rescate, además del Regimiento de Pontoneros intervino la Guardia Civil quienes prestaron un importante servicio evacuando a los vecinos de las torres, así como la Cruz Roja (La por entonces presidenta de la Cruz Roja en Zaragoza, doña Leonor Salas Ruiz era la propietaria del Vedado de Villanueva). Incluso los vecinos de Villanueva constituyeron una comisión encargada de suministrar apoyo a los de San Juan, el lugar más afectado durante la catástrofe enviando alimentos y ropa. En un primer momento el Alcalde de Villanueva Francisco Bueno[7] censuró la conducta de la Compañía de Ferrocarriles pues, sabiendo lo ocurrido «trasladó a este pueblo todos los viajeros de los trenes descendentes, creando una situación verdaderamente difícil al vecindario» Ciertamente tendrían que haber quedado en Zuera, no obstante la estación zufariense queda a bastantes kilómetros de Villanueva y es posible que a los convoyes, les pillara de improviso el aluvión y el primer lugar donde encontraron refugio fue en Villanueva. El edil valoró las pérdidas sufridas en millón y medio de pesetas (de la época y solo en Villanueva) además de las cosechas de cereales, remolacha, alfalfa y otros productos de la huerta[8]. En una parte de la huerta se formó una laguna que duró durante meses con el peligro subsiguiente para la salud de sus vecinos.

Villanueva de Gállego (Zaragoza) según fotografía aérea realizada
por la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927 (IGEAR Aragón)

Trayectoria de la "Avalada" de 1923 (sigpac Aragón)

En primer término la huerta y el casco urbano de Villanueva, tras el pueblo, la Val que baja de los montes del Castellar y de Zuera

El barranco de las Pesqueras que desahoga del monte de la Sarda. Según se cuenta
en ese mismo lugar, junto a la balsa de su mismo nombre y bajo la Universidad San Jorge
En la edad medía existía un poblado que tuvo que ser abandonado tras una barrancada y sus habitantes
se refugiaron en la actual Villanueva de Gállego. Hace unos años se encontraron restos de
edificación, seguramente una venta o algo parecido en la zona de la balsa de las Pesqueras,
lo que confirmaría la veracidad de la historiay por tanto, estaríamos ante el primer registro de una avalada en la zona..



[1] Archivo Municipal de Zaragoza (Hemeroteca): Heraldo de Aragón. Miércoles 12 de julio de 1923, portada.

[2] En aquella época y hasta la construcción de la autovía Mudéjar, la carretera bajaba hasta el fondo del barranco y volvía a subir es decir, no había ningún tipo de puente

[3] Ibídem.: HA. Miércoles 11 de julio de 1923, portada.

[4] Ibídem.: El Noticiero, Jueves 12 de julio de 1923, página 2.

[5] Ibídem.: HA. Miércoles 11 de julio de 1923, pág. 4.

[6] Morte Sabaté, Víctor. “Villanueva de Gállego” Heraldo de Aragón, miércoles 18 de julio de 1923 (Hemeroteca Municipal de Zaragoza P0178)

[7] El secretario municipal entonces se llamaba Andrés García Blasco

[8] Ibídem HA.: Jueves 12 de julio de 1923, pág. 4.

Tormenta de 1923 en Zaragoza


En la tarde del pasado 6 de julio, una tormenta en rotación o supercelda descargó sobre Zaragoza y los montes de Cuarte 54 litros por metro cuadrado en apenas una hora, causando importantes destrozos en la ciudad y sobre todo una espectacular “avalada” en la llamada Z40, construida precisamente sobre un barranco llamado (también es casualidad) “de la muerte” aunque provocó importantes sustos, no hubo desgracias personales graves, al menos aparentemente. 

Una supercéluda según la Wikipedia


Una supercélula es una inmensa tormenta que puede durar varias horas como entidad única. Tienen lugar en casi todo el mundo, aunque se dan con más frecuencia en la costa de California en los EE. UU. Se caracterizan por producir tornados de larga duración y descargar abundante granizo llegando a ser la piedra del tamaño de un “huevo de gallina” o incluso superior. Estas “megatormentas” como también se conocen, tienden a formarse en condiciones de alta inestabilidad, con vientos fuertes a grandes alturas además, presentan un sistema organizado de circulación interna que les hacen tener una duración mucho mayor que otras, es común la aparición de fuertes corrientes rotatorias que la hacen potencialmente más peligrosa que los tipos de tormenta convectivas. Pueden producir vientos fuertes, grandes granizadas y tornados de larga duración sobre una amplia trayectoria. Según los investigadores del Servicio Geológico de los Estados Unidos, este tipo de “megatormenta” es conocido también como "Ríos atmosféricos". Se trata de columnas estrechas de vapor de agua condensado que viajan como ríos de oeste a este a través del Océano. Un cauce de estas características puede contener de 7,5 a 15 veces la cantidad de agua que el flujo promedio de una tormenta habitual. Cuando ese “río” de vapor de agua caliente desemboca en sentido inverso en la costa y atraviesa cordilleras, a medida que el vapor pasa sobre estas montañas, se enfría rápidamente y se convierte en precipitación”[1]. 

Las fotos son de Heraldo de Aragón y Aragón digital y corresponden a tormenta del pasado 6 de julio

Según cuentan las crónicas, el martes 10 de julio pero de 1923 en Zaragoza, es decir hace justo cien años se produjo un fenómeno similar, aunque con algunas características que lo hicieron peculiar. A eso de las cuatro de la madrugada en la capital del valle el Ebro, se sintieron varios temblores sísmicos. El último de ellos de cierta intensidad se registró hacia las cinco y media. Estos movimientos telúricos formaban parte de un terremoto que tenía su epicentro en la Canal de Berdún, entre las altas Cinco Villas de Zaragoza y los valles pirenaicos occidentales en la provincia de Huesca. El del día 10 fue el primero de una serie, que se fueron repitiendo en días sucesivos entre el 13 y 21 de ese mismo mes de julio. Todos estos seísmos oscilaron entre una intensidad de 5 a 8 en la escala Mercalli, siendo el de mayor virulencia el primero. El terremoto causó algunos desperfectos como el derrumbe de la chimenea de la fábrica de “Galletas Patria” situada en la Avenida de Cataluña (muy cerca de la estación del norte o del Arrabal). 

Zaragoza se despertó asustada pero conforme avanzaba el día «unos nubarrones bajos y cárdenos hacían tan espesa la cerrazón, que en las habitaciones interiores fue preciso encender las luces, porque no se veía materialmente»[2]. Hacia las dos de la tarde se levantó un fuerte ciclón, volaron persianas y toldos, se golpearon puertas y balcones con gran estrépito. Seguidamente «comenzó a descargar lluvia con piedra en gran abundancia y grueso tamaño». En algunos lugares se recogieron hasta ocho kilos de granizo. En unos veinte minutos se anegaron las calles y hubo pequeñas inundaciones en los bajos de muchas casas. Sin embargo, hasta la anochecida se repitieron los chubascos: «durante el crepúsculo cinco o seis tormentas simultáneas ensordecían a la población con el ronco bramar incesante de sus truenos y con fulgor acardenalado y continuo de sus culebrinas». Este episodio meteorológico se inició a las dos de la tarde del día 10 y duró hasta las nueve de la mañana del día siguiente 11 de julio[3], permaneciendo el temporal 17 horas ininterrumpidamente.

 

El profesor de la universidad de Zaragoza, don Fernando Domínguez Castro ha publicado dentro de la obra colectiva “Lainundación de San Juan de Mozarrifar (Zaragoza) en 1923[4] un interesante mapa de situación de las localidades afectadas por la “megatormenta” del 10 de julio y que nos aporta datos muy interesantes; en primer lugar el núcleo de la ciclogénesis se encuentra alrededor de la ciudad de Zaragoza donde se producen tornados (señalados en blanco) avenidas de agua por barrancos (círculos azules) y lluvias torrenciales (círculos en rojo). Como nervios de una misma cédula aparecen ramificaciones en los ríos Huerva, Jalón, Gállego y los Arbas. Como datos curiosos las localidades de Artieda, Longás, Martés y Bagüés que se vieron afectadas por el epicentro del terremoto, también sufrieron las lluvias torrenciales. Otro dato que nos retrotrae a la barrancada del día 6 de julio pasado es que el 10 de julio de hace cien años, el mismo barranco de la Muerte, que se encuentra muy próximo al barrio zaragozano de la Cartuja también se desbordó.


El epicentro de la tormenta en esta ocasión fue en la muela del Castellar, también es coincidencia y casualidad que ambas supercédulas se desarrollaran en sendas sierras y con las mismas características. Según el observatorio situado en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad de Zaragoza (actual Paraninfo) en ese día se recogieron 122 litros aunque y según el Boletín meteorológico nacional, correspondiente al día 11 de julio, los registros pluviométricos se vieron desbordados no solo en Aragón, sino en toda España con lo cual, no se poseen datos de ese día. Según los registros se trata de la tormenta más fuerte que sufrió Zaragoza en el siglo XX, seguida por otra en 1945 que descargó casi 120 litros. Para concluir y según el Boletín meteorológico nacional, las temperaturas en los días anteriores eran las normales para esas fechas con una máxima de 29 y una mínima de 18 grados para el 8 de julio y una máxima de 32 y una mínima también de 18 grados para el 10 de julio. El día de la tormenta la máxima fue de 28 y una mínima de 20 grados, descendiendo al día siguiente a una máxima de 19,6 y una mínima de 12,3 grados.

Hoja del Boletín Meteorológico Nacional




[2] Hemeroteca Municipal de Zaragoza: Heraldo de Aragón, miércoles 11 de julio de 1923, portada.

[3] Hemeroteca municipal de Zaragoza: El Noticiero, miércoles 12 de julio de 1923, página 2.

[4] Alfonso Vicente Millán (Coordinador) Zaragoza 2023: “La inundación de San Juan de Mozarrifar” págs. 79-122.

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