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lunes, 22 de julio de 2024

Pascual Madoz y la Torre Nueva (4)


Pascual Madoz
, termina su artículo sobre la Torre nueva con negros presagios, pues se hace eco de un expediente incoado por el Ayuntamiento de Zaragoza con fecha 8 de enero de 1847 a «instancias de varios vecinos de esta ciudad y habitantes en sus inmediaciones, sobre la necesidad del derribo de dicha torre por el riesgo que suponía». El 27 de diciembre de 1846, tras unos días de fuerte viento y hielos, sobrevino en la ciudad un fuerte temporal (los documentos hablan de tormenta) que produjo importantes desprendimientos de ladrillos y escombros del monumento. El duro clima zaragozano y la falta de un mantenimiento adecuado, fruto de la época se encargó de dejar bastante maltrecha la edificación. Se fue creando, entre los vecinos próximos a la torre, un franco temor ante el riesgo de que pudiera desmoronarse, derivando en peticiones de derribo.  Parece ser que la amenaza se resolvió con algún trabajo de reparación, previos dictámenes facultativos de los arquitectos de la ciudad: Joaquín Gironza y don José Yarza así como los del gobierno político (Civil) don Joaquín Jordán y don Juan Jimeno, del ingeniero jefe de caminos del distrito don Manuel de los Villares Amor y del comandante del cuerpo militar de ingenieros don Pedro Ortiz de Pinedo. Todos los cuales determinaron que el edificio no se hallaba «en inminente peligro de desplome». Parece ser que detrás de esta operación se encontraba la enajenación de la dehesa llamada “Acampo de Ganaderos” que pertenecía a la ciudad y que fue desamortizada. Con el dinero obtenido de su subasta, se pudo pagar el importe de las obras de reparación necesarias, llevándose a cabo una intervención de refuerzo en el tramo inferior de la torre, trabajando en el interior y exterior de la misma. Madoz expresaba su deseo de «ver ejecutada esta reparación de tanta gravedad e importancia, a fin de calmar la ansiedad de justos temores que afligen por de pronto a los habitantes de la inmediaciones de este monumento, recuerdo tan venerado que no quisiéramos desapareciera bajo concepto alguno. Por desgracia para don Pascual, que no llegó a ver el turricidio, la mecha se había encendido con la excusa del proceso desamortizador. La sentencia era cuestión de tiempo.

martes, 9 de julio de 2024

Pascual Madoz y la Torre Nueva (1)


Pascual Madoz, que conoció bien la Torre nueva en su etapa como estudiante de Derecho en la Universidad de Zaragoza, el monumento debió causarle buena impresión por la reseña que hace sobre la historia del mismo en su Diccionario Geográfico, estadístico e histórico que publicó en 1850. Se refiere a ella como “uno do de los monumentos artísticos que ennoblecen a la ciudad y llama la atención de todos los viajeros tanto nacionales como extranjeros”. Dice el navarro que se construyó en virtud de una propuesta presentada en el Capítulo o concejo de la ciudad el 22 de agosto del año 1504; siendo jurados Don Ramón Cerdán, Micer Tristán de la Porta, Don Pedro Pérez de Escamilla, Don Juan Román y Don Mateo de Soria con el objeto de que “hubiera un reloj que se oyera desde toda la población, colocado en una torre tan alta, adornada y magnifica que distinguiese a Zaragoza como cabeza y metrópoli de la corona aragonesa, de las demás villas y ciudades del Reino”. Consultados sobre el plan y sitio, todos los maestros de la ciudad tanto moros como cristianos en 31 de agosto del mismo año, se resolvió fabricarla separada de todo edificio en la plaza de San Felipe, frente a la iglesia de este nombre a unas 100 varas (83 metros) de donde estaba en ese momento el centro de la ciudad y según el plano que comprende los edificios dentro de la muralla que es el tercio de la calle que de la plaza del Carbón (actual plaza de Sas) llega hasta la del Coso, llamada la del Trenque (actual Torre nueva). A Este efecto se nombraron comisarios para la dirección de la fábrica de cuya resolución se dio cuenta al rey, que era entonces en Aragón don Fernando II llamado el Católico y al arzobispo don Alfonso de Aragón hijo del rey don Fernando que se hallaba de lugarteniente general el cual, se sirvió asistir con los jurados comisarios y ciudadanos. Aprobado por el rey el pensamiento y sitio de la fábrica, conforme el diseño presentado por los artífices, SM. En 28 de septiembre del mismo año, consignó al arzobispo como lugar teniente general, el producto de sisas para atender los gastos de la fábrica. Asistieron a delinear la torre los maestros de obras Gabriel Gombao y Juan de Sariñena, cristianos, Juce Gali hebreo. Ismael Ballabar y Maestre Momferriz moros; de los cuales el primero fue nombrado director principal de dicha fábrica. Habiéndose convenido edificar la torre según el deseo que debía tener sobre un cimiento de 56 pies (14 metros) de profundidad, una elevación de 297 (75 metros) desde el pavimento hasta la cruz. Se contrató al mismo tiempo con Maese Jaime Ferrer, vecino del a ciudad de Lérida la fundición de dos campanas; una para señalar las horas y otra para los cuartos, debiendo dar corrientes las dos por 400 florines, equivalentes de 4.600 sueldos. 

Toda la obra quedó concluida en 15 meses pero habiéndose notado algunos defectos en el capitel, armazón del reloj y deformidad en las campanas: para corregirlos y añadir varios adornos que se consideraron precisos, continuó la obra hasta todo el año 1512. Las campanas se habían colocado ya en 13 de noviembre de 1508, el sonido de la grande en tono de tenor llegaba 14 puntos y el contrabajo a 11 y, como le notasen algunos otros defectos, para su perfección se volvió a fundir de nuevo en 1510. Entrando 250 quintales de metal, que costó 1.535 libras jaquesas; su fundición 250 libras y el gasto de subirla y colocarse se ajustó en 74 libras, 12 sueldos, incluyendo el valor de las maromas de madera que según las noticias y cuentas halladas en el archivo de esta ciudad, se calcula que debió importar la fábrica de toda la torre y campanas 4.668 libras jaquesas y 10 sueldos. Añadiendo Madoz «siendo bien cierto que con esta cantidad apenas se podría hacer ahora, la obra de su fundamento para el que fue precisa cerca de 3.000 varas cúbicas de excavación y de las mismas de mampostería para su sólido». CONTINUARÁ

sábado, 25 de julio de 2020

El retablo de Villanueva de Gállego y la iglesia de Santiago el mayor de Zaragoza

Retablo mayor perteneciente a la iglesia parroquial de Villanueva de Gállego y que según la tradición, proviene del desaparecido templo zaragozano dedicado a Santiago el Mayor.

Hoy José Luis Ona en su página de Facebook ha mencionado la desaparecida iglesia de Santiago de Zaragoza, que se encontraba hasta finales del siglo XIX en el tramo bajo de la actual calle de Don Jaime. Rescatando un boceto de su interior poco antes del derribo y que se conserva en el Archivo Municipal de Zaragoza. Se trata de un dibujo a tinta y aguada de autor desconocido y fechado en 1874. Por desgracia en la lámina que publica JL. Ona tan solo aparece la parte del coro, pero no la de la cabecera con el retablo mayor y digo esto porque siempre he oído, que el actual retablo del Altar Mayor de la iglesia parroquial del Salvador de Villanueva de Gállego proviene de esa misma iglesia, de la que hoy tan solo se conserva un placa de indica el lugar donde estuvo levantada.

 

Remate superior del mencionado retablo en el que aparece la aparición del niño Jesús a San Antonio de Padua (Lisboa) rodeado por tres conchas de peregrino compostelano, aun existe una en la zona superior del retablo que queda fuera de la imagen.


Hace años vi una anotación en el libro de cuentas de la parroquia de Villanueva en al que se decía que hacia finales del siglo XIX un feligrés llamado Fermín Orobia fue a Zaragoza con su carro o galera a buscar el retablo, en el asiento se anota lo que gastó y lo que se le pagó por hacer este trayecto, por tanto es cierto que el retablo fue traído de Zaragoza por esas fechas que coinciden con la reforma llevada a cabo por Yarza y que fue sufragada por un importante propietario de origen roncalés, afincado en Villanueva y llamado don Juan Pérez Cherrail. 

Grabado correspondiente al coro de la iglesia de Santiago, realizado hacia 1874 (Gentileza de JL. Ona


Observando el retablo y comparándolo con las descripciones que se hacen del de la iglesia de Santiago el Mayor, no confundirla con la actual iglesia de Santiago (ésta se encuentra en la avenida Cesar Augusto de Zaragoza y es un enorme templo barroco que estaba incluido en el convento de San Ildefonso, desamortizado en tiempos de Mendizábal. El templo del que hacemos referencia era una iglesia relativamente pequeña, con elementos decorativos románicos de gran valor. La entrada se hacía por la actual calle de Santiago, que recibe su nombre precisamente de la iglesia, mientras que el ábside daba a Don Jaime. Un dato curioso que cita Ona y que me parece interesante mencionarlo es que en dicha iglesia se reunían durante la Edad Media los jurados de Zaragoza, es decir el Ayuntamiento de la ciudad. 

El Altar Mayor, según lo describe Madoz; “es de escultura, todo dorado, en su centro se ve la imagen del santo titular en actitud penitente y un medallón pintado al fresco en que con exquisito gusto se representa al mismo apóstol Santiago a Caballo, aparecido en la batalla de Clavijo acuchillando a los moros y dando al rey don Ramiro I la victoria. El de Villanueva coincide en cuanto a la fábrica pues es totalmente dorado y de grandes dimensiones, además está rematado con la “concha” símbolo de Santiago y ésta aparece repetida en hasta al menos 3 ocasiones. Sin embargo, en el centro del Retablo villanovense quien aparece es Jesucristo en actitud de Salvador del mundo (que es el titular de la parroquia) y escoltado por dos imágenes de santos de órdenes religiosas en los que se ha querido ver a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz, aunque en cierta ocasión me contaron que tras la santa encontraron un papel en el que se indicaba que se trataba de Santa Escolástica y San Benito de Nursia. En el remate del retablo, aparece otra imagen de un religioso en actitud también orante pero en esta ocasión se trataría de San Antonio de Padua recibiendo la revelación del Salvador, por medio del niño Jesús que se le aparece mientras está precisamente orando.

 

Placa que indica el lugar donde se encontraba 
la mencionada iglesia, junto a la calle de Santiago en Zaragoza


Según JL. Ona, durante el último cuarto del siglo XIX y por su mala conservación, el templo se queda sin culto y en estado de ruina, por lo que se demuele. Previamente el patrimonio artístico que poseía fue distribuido entre diversas parroquias de la archidiócesis. Se conservan escasas piezas, en su mayor parte en el Museo Provincial y en el Palacio arzobispal de Zaragoza: capiteles, basas y trozos de fuste. Por esa época se llevaron a cabo obras de remodelación y adaptación en la iglesia villanovense es posible que aprovechando esa ocasión se pensara en montar un gran retablo para el Altar mayor. Al bueno del tío Fermín le entregarían seguramente el fondo del retablo de Santiago y algunas imágenes que pudieran encajar mejor en su nueva parroquia. Ahora bien, lo que me sorprende es que siendo una iglesia tan pequeña y posiblemente en mal estado, tuviera un grupo escultórico de semejantes dimensiones porque, aparentemente el villanovense parece una unidad, aunque si es cierto que el primer cuerpo, que corresponde al lugar donde se encuentra el sagrario y que está situado  en la parte inferior, bajo las imágenes de los dos santos es ligeramente diferente a el cuerpo superior.

jueves, 15 de marzo de 2018

Tierra de los Rucones

Valle del Aragón, donde al parecer habitaban los rucones

Pascual Madoz cita en su Diccionario enciclopédico[1] al primitivo pueblo de los rucones. Estos serían quienes darían nombre, entre otros territorios al valle de Roncal y a La Rioja. Las primeras citas que tenemos de los rucones se las debemos a San Isidoro, quien recoge que los reyes visigodos Sisebuto y Suintila les hicieron guerras. El monje de Albelda los llama vascones y es que de rucón, por deformación, fácilmente se pasa a decir vascón. Otro monje de la Edad Media, llamado el Biclarense los llama “aragones”, considerando por tanto que Aragón proviene de la degeneración de rucón, siendo el río y el reino; el de los rucones. Prosigue diciendo Madoz que el padre Henao, después de arduas disquisiciones, llegó a la conclusión de que los rucones eran riojanos. En el siglo VI (tiempo de los godos) eran limítrofes con los suevos quienes, encabezados por su rey Miro y hacia el año 572, atacan a los rucones. La idea que defiende esta tesis es que Ruconia (añadiéndose la terminación latina “nia”), da nombre al río Oca, afluente burgalés del Ebro, que también se conoce como Besga.

Sea cierta una u otra hipótesis, los rucones aparecen citados por vez primera en el siglo VI, con motivo de enfrentamientos con los reyes visigodos. Si es así, es posible que ya estuvieran siglos antes y que seguramente se trate de tribus traídas por los romanos para guerrear en Hispania y colonizar después la península Ibérica, bien deportados de sus regiones originales, bien por haber pertenecido a sus legiones y luego, como premio, fueran asentadas sobre los territorios que se habían conquistado. Hay quien dice que provienen del Cáucaso (Georgia o Armenia). Con todo, no es seguro que la palabra Aragón provenga de Rucón, aunque es posible que este pueblo habitara en la margen occidental de dicho cauce, hasta las montañas vascas por el norte y al sur se extendiera hacia las sierras riojanas y es que, el Aragón también divide Navarra en dos.

Aparte de todas estas conjeturas e impresiones, no existe una vinculación reconocida entre los antiguos íberos y la meseta armenia, ni entre la Iberia georgiana con la española. Incluso las semejanzas idiomáticas entre el vasco y el armenio o el georgiano no están claras, ya que estas son lenguas indoeuropeas y el euskera no (en mi opinión personal el vasco no es una lengua en sí, sino un conglomerado de diversas, entre las que estaría el Latín, el Celta, el Aquitano, etc.). En cuanto a la similitud del término Iberia; esta denominación fue la que dieron los griegos a la costa levantina y por extensión a la totalidad del territorio peninsular. Todo parece indicar que fue impuesta por los foceos, en recuerdo por la actual república de Georgia, donde había un río Iber. Se empleó el mismo nombre para designar las dos regiones extremas al oeste y al este del mundo conocido, bien es cierto que más occidentales estaban las costas gaditanas e incluso el Guadiana. El concepto iberización es utilizado por los historiadores de la antigua Hispania para definir el proceso de formación e influjo en otros pueblos vecinos, e iniciado por los griegos. Gracias a esta influencia, los primitivos pueblos ibéricos abandonan progresivamente la producción doméstica, adoptan la vivienda cuadrangular, el hierro, el torno de alfarero y las esculturas tan perfectamente talladas como la Dama de Elche. La proliferación de poblados y la explotación más sistemática del suelo, favorecen la consolidación de los rasgos culturales propiamente ibéricos, entre los que destaca la adopción de la escritura a partir del siglo V a. C.

Paisaje de Ruconia




[1] Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid (tomo XIII) 1845-1850.
Lafuente, Modesto. Historia General de España, (tomo 2) Montaner y Simón, editores. Madrid 1888.


domingo, 4 de marzo de 2018

La acción carlista de Huesca

Fotografía tomada de la ciudad de Huesca en la segunda mitad del siglo XIX


A pesar de la trascendencia que tiene el 5 de marzo en Zaragoza, en Huesca se produjo una importante acción carlista en mayo del año anterior, es decir en 1837, bajo la dirección del mismísimo pretendiente que con un importante ejército había formado la llamada Expedición Real. Procedente de Navarra, pasó por las Cinco Villas y tras desechar llegar a Zaragoza, atravesó el rio Gállego por Marracos dirigiéndose a la capital oscense, donde entraron el día 22 de mayo sin apenas resistencia, las autoridades isabelinas tuvieron que huir apresuradamente ante la presencia de 15.000 soldados carlistas. El general Irribaren (liberal y pro gubernamental) estuvo aguardando el paso de la expedición por el Ebro y le sorprendió que el enemigo hubiera entrado en la capital pre-pirenaica. El día 24 sus tropas se presentaron en Almudévar, a unos 20 kilómetros de la ciudad y allí dispuso dos columnas de ataque comandadas por Van Halen y Conrad.

Los carlistas encerrados en Huesca resistieron el embate liberal, y no solo eso sino que hicieron importantes bajas al enemigo como la del brigadier de la Guardia Real Diego de León, sobrino del que posteriormente se hacía célebre por su asalto al Palacio Real de Madrid. Irribarren también fue herido mortalmente y tuvo que ser evacuado a Almudévar mientras los tradicionalistas, en lugar de rematar a las columnas isabelinas, se refugiaron dentro de las ciudad oscense con el fin de celebrar el triunfo durante tres días, tras los cuales el Pretendiente abandonó la vieja capital de reino aragonés, para trasladarse a Barbastro y continuar así su expedición con el fin de encontrarse con Cabrera. Aunque fueron seguidas de cerca por las tropas de Conrad, a las que se unió el ejército de Oráa.

Hace unos años, buscando en el archivo parroquial de mi pueblo, Villanueva de Gállego, encontré unos registros de defunción fechados a finales de mayo de 1837 y que hacen mención a la llamada entonces “Acción de Huesca”:
28 de mayo de 1837 murió en esta localidad un soldado de edad treinta años, poco más o menos, herido de la acción Huesca que, según el uniforme parecía ser granadero de la Guardia Real de Ynfantería. No se pudo averiguar su nombre, naturaleza y demás requisitos, a pesar de las muchas diligencias que se practicaron.
Ese mismo día falleció “N.” Capitán francés, adulto de la Legión Auxiliar, casado, de unos cuarenta y ocho años poco más o menos, procedente de los heridos de la acción de Huesca también. Tampoco se pudo averiguar su nombre y fue sepultado en el cementerio de la localidad. El día 3 de junio falleció Pablo Hernando, de edad veinte años, soldado que pasaba enfermo por la localidad y procedente de Huesca, natural de Villacorta en Castilla, hijo de Santiago y Florentina de Casa, naturales y vecinos de Villacorta, sepultado en el cementerio de Villanueva.

Villanueva se encuentra a sesenta kilómetros al sur de Huesca y a catorce de Zaragoza. Que hasta esta localidad llegaran heridos procedentes de esa batalla, da una idea de la fuerza que tuvo el combate ocurrido el 24 de mayo en el cual, según contabiliza Modesto Lafuente, las bajas superaron los 2.000 hombres, a parte los prisioneros que hizo el bando carlista. Madoz por su parte contabiliza no menos de 400 bajas las fuerzas realista mientras que el campo de batalla estaba sembrado de cadáveres carlistas, además de 300 heridos que fueron evacuados de Huesca camino de Barbastro, donde les hizo frente el general Oráa.

Siguiendo el registro de Defunciones de la Parroquia del Salvador, el día 15 aparece anotado un asiento que certifica el fallecimiento dos años antes, es decir el 26 de marzo de 1835 de un vecino del pueblo llamado Luis Font, casado con una parroquiana de Villanueva y que fue asesinado “por los facciosos” cuando se encontraba en la fábrica de papel de Agoiz en Navarra y fue sorprendido por una partida en la localidad de Ygues.


Registro Defunciones Parroquia del Salvador de Villanueva de Gállego (tomo 8)
Lafuente, Modesto. Historia general de España (tomo 21), edición 1890, págs. 223-25.
Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico Estadístico Histórico, “Huesca”. Facsimil editado por Diputación General de Aragón y AMBITO ediciones, Vallodolid 1986.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Batalla de Alagón


Durante la guerra de la Independencia; varias veces fue trabajada por las tropas francesas. Particularmente cuando, noticioso el general Palafox de la derrota sufrida por su hermano, llegó a ella con 500 paisanos mal armados, dos piezas de artillería, 80 caballos del regimiento de dragones del Rey, con otros oficiales y soldados sueltos y, a pesar de lo ventajoso de su posición fue batido y obligado a retirarse a Zaragoza con 250 hombres, que nada más le quedaron. Esta referencia sacada del Madoz hace alusión al encontronazo entre las tropas españolas y francesas el 14 de junio de 1808, justo antes de los sitios y tras haber sido derrotados, por los soldados de Lefebvre en Tudela y un día antes en Mallén.

El antiguo seminario hizo de hospital militar francés durante los Sitios y en sus salas, murieron cientos de franceses y de polacos, en su mayoría víctimas de la epidemia de tifus, como cuenta Brand en sus memorias. Los cadáveres eran arrojados desnudos por las ventanas, para ser enterrados en una gran fosa a solo 100 pasos de este lugar. Hoy en día una plaza en la fachada de tan histórico edificio se encuentra una placa que recuerda esos acontecimientos.