Mostrando entradas con la etiqueta Un lugar en la huerta. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Un lugar en la huerta. Mostrar todas las entradas

sábado, 25 de julio de 2020

El retablo de Villanueva de Gállego y la iglesia de Santiago el mayor de Zaragoza

Retablo mayor perteneciente a la iglesia parroquial de Villanueva de Gállego y que según la tradición, proviene del desaparecido templo zaragozano dedicado a Santiago el Mayor.

Hoy José Luis Ona en su página de Facebook ha mencionado la desaparecida iglesia de Santiago de Zaragoza, que se encontraba hasta finales del siglo XIX en el tramo bajo de la actual calle de Don Jaime. Rescatando un boceto de su interior poco antes del derribo y que se conserva en el Archivo Municipal de Zaragoza. Se trata de un dibujo a tinta y aguada de autor desconocido y fechado en 1874. Por desgracia en la lámina que publica JL. Ona tan solo aparece la parte del coro, pero no la de la cabecera con el retablo mayor y digo esto porque siempre he oído, que el actual retablo del Altar Mayor de la iglesia parroquial del Salvador de Villanueva de Gállego proviene de esa misma iglesia, de la que hoy tan solo se conserva un placa de indica el lugar donde estuvo levantada.

 

Remate superior del mencionado retablo en el que aparece la aparición del niño Jesús a San Antonio de Padua (Lisboa) rodeado por tres conchas de peregrino compostelano, aun existe una en la zona superior del retablo que queda fuera de la imagen.


Hace años vi una anotación en el libro de cuentas de la parroquia de Villanueva en al que se decía que hacia finales del siglo XIX un feligrés llamado Fermín Orobia fue a Zaragoza con su carro o galera a buscar el retablo, en el asiento se anota lo que gastó y lo que se le pagó por hacer este trayecto, por tanto es cierto que el retablo fue traído de Zaragoza por esas fechas que coinciden con la reforma llevada a cabo por Yarza y que fue sufragada por un importante propietario de origen roncalés, afincado en Villanueva y llamado don Juan Pérez Cherrail. 

Grabado correspondiente al coro de la iglesia de Santiago, realizado hacia 1874 (Gentileza de JL. Ona


Observando el retablo y comparándolo con las descripciones que se hacen del de la iglesia de Santiago el Mayor, no confundirla con la actual iglesia de Santiago (ésta se encuentra en la avenida Cesar Augusto de Zaragoza y es un enorme templo barroco que estaba incluido en el convento de San Ildefonso, desamortizado en tiempos de Mendizábal. El templo del que hacemos referencia era una iglesia relativamente pequeña, con elementos decorativos románicos de gran valor. La entrada se hacía por la actual calle de Santiago, que recibe su nombre precisamente de la iglesia, mientras que el ábside daba a Don Jaime. Un dato curioso que cita Ona y que me parece interesante mencionarlo es que en dicha iglesia se reunían durante la Edad Media los jurados de Zaragoza, es decir el Ayuntamiento de la ciudad. 

El Altar Mayor, según lo describe Madoz; “es de escultura, todo dorado, en su centro se ve la imagen del santo titular en actitud penitente y un medallón pintado al fresco en que con exquisito gusto se representa al mismo apóstol Santiago a Caballo, aparecido en la batalla de Clavijo acuchillando a los moros y dando al rey don Ramiro I la victoria. El de Villanueva coincide en cuanto a la fábrica pues es totalmente dorado y de grandes dimensiones, además está rematado con la “concha” símbolo de Santiago y ésta aparece repetida en hasta al menos 3 ocasiones. Sin embargo, en el centro del Retablo villanovense quien aparece es Jesucristo en actitud de Salvador del mundo (que es el titular de la parroquia) y escoltado por dos imágenes de santos de órdenes religiosas en los que se ha querido ver a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz, aunque en cierta ocasión me contaron que tras la santa encontraron un papel en el que se indicaba que se trataba de Santa Escolástica y San Benito de Nursia. En el remate del retablo, aparece otra imagen de un religioso en actitud también orante pero en esta ocasión se trataría de San Antonio de Padua recibiendo la revelación del Salvador, por medio del niño Jesús que se le aparece mientras está precisamente orando.

 

Placa que indica el lugar donde se encontraba 
la mencionada iglesia, junto a la calle de Santiago en Zaragoza


Según JL. Ona, durante el último cuarto del siglo XIX y por su mala conservación, el templo se queda sin culto y en estado de ruina, por lo que se demuele. Previamente el patrimonio artístico que poseía fue distribuido entre diversas parroquias de la archidiócesis. Se conservan escasas piezas, en su mayor parte en el Museo Provincial y en el Palacio arzobispal de Zaragoza: capiteles, basas y trozos de fuste. Por esa época se llevaron a cabo obras de remodelación y adaptación en la iglesia villanovense es posible que aprovechando esa ocasión se pensara en montar un gran retablo para el Altar mayor. Al bueno del tío Fermín le entregarían seguramente el fondo del retablo de Santiago y algunas imágenes que pudieran encajar mejor en su nueva parroquia. Ahora bien, lo que me sorprende es que siendo una iglesia tan pequeña y posiblemente en mal estado, tuviera un grupo escultórico de semejantes dimensiones porque, aparentemente el villanovense parece una unidad, aunque si es cierto que el primer cuerpo, que corresponde al lugar donde se encuentra el sagrario y que está situado  en la parte inferior, bajo las imágenes de los dos santos es ligeramente diferente a el cuerpo superior.

sábado, 18 de julio de 2020

Una Villa nueva en el valle del Gállego


Las infiltraciones “militares” aragonesas en la zona del Castellar zaragozano comienzan a ser frecuentes a partir de finales del siglo XI, sobre todo con la consolidación de Sancho Ramírez en la zona de Cinco Villas, tras la conquista de Luna y cruzar los montes de Castejón. Los monarcas aragoneses establecieron una línea de frontera que asegurara sus conquistas en torno a la muela del Castellar, levantando posiciones defensivas conforme consolidaban su territorio “Supra Zaragoza”. Un lugar clave sería, sin duda alguna, la entrada natural a este monte, en el actual kilómetro 10 de la carretera de Villanueva a Castejón de Valdejasa. En este lugar se encontraba hasta hace unos 30 años la venta de Coscón allí, entre “el Vedao” y los “Pinares de Zuera”. Hoy día tan solo se conserva la enorme balsa que recogía las aguas provenientes de los montes castejoneros y del Castellar, unos metros más abajo se encuentran las ruinas del “Santuario”. Seguramente en este lugar o cinco kilómetros más arriba en la conocida por Cueva de Colandrea, se establecería alguna de estas posiciones estratégicas cristianas, posiciones defensivas en las cuales habría un Tenente al mando de una pequeña guarnición que controlaría la vieja calzada entre el puerto de Castejón, las colinas lindantes con el Castellar y que abarcarían las actuales partidas del Vedao, Fajas y Bayones. Este asentamiento aragonés impediría el tráfico de la Taifa zaragozana hacia sus posesiones en las bajas Cinco Villas, quizás éste fue el motivo de la entrevista entre el Cid y Sancho Ramírez precisamente a las puertas del Castellar y quizás entre los acuerdos tomados en ese día, se decidiera la fundación de una Villa Nueva fuera de las rutas que unían los territorios de la Taifa.


Ruinas del Santuario de la Venta de Coscón
 

Para el emplazamiento de esta nueva posición cristiana avanzada, se encontró un lugar en la desembocadura de la Val mayor que procedente del Castellar, desembocaba en la terraza fluvial del Gállego, justo donde se encuentra hoy día el conocido por Barrio alto de Villanueva de Gállego. En principio esta posición sería una más de las que ya se encontraban dispersas a lo largo de esta zona baja en la margen derecha del Gállego y que se tratarían de núcleos mozárabes dispersos por la zona entre las actuales Zuera y el Ebro. Tras la conquista de Zaragoza aunque, se les reconocerían los derechos que habían adquirido sobre las Fajas y el Vedao para cazar, hacer leña y pastar con sus ganados tal como «desde tiempo inmemorial» los villanovenses defienden que este término que en principio les correspondía, luego tuvo que ser repartido entre Zuera y Zaragoza. Hasta hace pocos años los vecinos de Villanueva iban a hacer leña a las Fajas y aún tienen derecho a ello o como decían los abuelos “al vuelo”.

Imagen que corresponde a Santa Catalina de Alejandría (seguramente del siglo XV) 
que se encontraba en la torre del Seminario en Villanueva de Gállego (Zaragoza)


 

Estos primeros moradores compartirían sin duda, el espíritu de cruzada que definió la expansión del reino aragonés a principios del siglo XII. Este núcleo originario consistiría en un conjunto de edificaciones en torno a una pequeña iglesia, levantada en honor a «Santa Catalina» de Alejandría (patrona de los Cruzados) en lo que más tarde fue conocido como Barrio Alto: la actual calle de Santa Catalina y adyacentes. En principio el enclave pudo consistir en un torreón de planta cuadrada, junto al que se añadió una dependencia anexa y una capilla después. Una de estas edificaciones con los años pasó a depender del Arzobispado de Zaragoza como granero para los diezmos y primicias, hoy día todo esto ha desaparecido.


Imagen aérea de Villanueva de Gállego tomada hacia 1979: en la parte inferior de la fotografía el núcleo de población. Rodeando al pueblo la primitiva distribución de lotes en fajas circulares en torno a la localidad y que provendrían de esa roturación medieval.
 

En 1138 Ramón Berenguer IV otorga una Carta de Colonización que establece ocupar «...aquella tierra yerma de Zaragoza que no pagara alfarda a sus acequias...» confirmando a quien la ocupara «...dos yugadas de tierra y a cada peón una...» al igual que «...todos aquellos huertos que no se regaran por aquellas acequias...» este documento era de aplicación «...a todos hombres que habiendo retenido heredades en los extrarradios y sus almunias, y no teniendo casas pobladas en Zaragoza (ciudad) hagan vecindad en la misma, con sus vecinos...» siendo los límites de su ámbito de aplicación Osera al este, Zuera al norte, Sobradiel al oeste y Cariñena al sur. Dichos límites con el tiempo darían lugar al término municipal de Zaragoza. Todavía se puede observar, gracias a la fotografía aérea tomada a finales de los años 70 del siglo XX, los lotes de tierra que rodean al casco urbano dispuestos en forma circular cerrada y concéntrica que proceden de esa distribución del siglo XII.

 

Escena del Barrio Alto de Villanueva a mediados del siglo XX (gentileza Lola Guillén Irache)
 

Bibliografía:

Modesto Lafuente, Historia General de España, Montaner y Simón editores. Barcelona 1888, tomo 3, pág. 183.

Viguera, María Jesús: Aragón musulmán, Mira editores, col. Temas. Zaragoza 1988.

Domingo Buesa Conde, Sancho Ramírez. Guara Editorial, Zaragoza 1978, págs. 78-79.

Gascón Ricau, Antonio: El hechizo del Castellar, Institución Fernando el Católico. Colección: Cuadernos de Aragón nº35. Zaragoza 2007.

martes, 23 de junio de 2020

Descubriendo el Mezazal

Mezazal: en primer término la torre del Rosario o de Barcelona. detrás de ésta, al fondo a la derecha la de Lindar y a  su izquierda la chimenea de la papelera del Batán. Un poco más a la izquierda se adivina el campanario de la Cartuja de Aula Dei. Como se ve, es todo zona de huerta regado preferentemente por la acequia de Cascajo.


Hace unos días hablábamos de las partidas villanovenses de Merzalar y Mezazal. Aquella todavía existe en cuanto a su denominación y según una relación hecha por un párroco de Villanueva de Gállego, a finales del siglo XVIII existían en este término tres casas de campo con «abexares» que eran propias de vecinos de Zaragoza y no se encontraban habitadas. Además existían «cinco casas de campo en el mismo distrito «aproximadamente a una hora de camino» de Villanueva. En ellas no se registra habitador alguno ya que se trataba de residencias estacionales por no estar en ellas «más que el preciso tiempo del cultivo», cosa muy habitual hasta fechas recientes. Hoy día, es conocido por Merzalar; una porción de tierras situadas junto al paso en origen de ganado de su mismo nombre (hoy del ferrocarril) y que parte de la balsa de Pesqueras y termina en el barrio del Comercio. Sus campos son regados por la acequia de Cascajo, que delimita hacia el oeste, y el camino de San Juan el este. Anexo a este lugar existe una pequeña partida conocida por “Los Majuelos” en clara alusión, sin duda, a la existencia de viñas en tiempos pasados.


Desde el mismo punto que la anterior y rodeada por campos de maíz, la torre de Almarza o del Carmen (También en el término de Mezazal)

 

En un punto indeterminado y más hacia el sur, de la cabañera del Merzalar, comienza el de Mezazal y que comprende los terrenos de la torre de San Miguel, pegada a la actual autovía de Huesca y de la Torre Lindar y las Navas, más cercana al río Gállego. En el siglo XV toda esta extensión pertenecía al señorío de los Ximénez de Urrea, más tarde Condes de Aranda, y coincidía con el denominado “Anejo de San Bernabé” enclave parroquial en el que los curas de Villanueva tenían obligación de decir «segunda misa» los domingos. En principio el concejo villanovense reclamaba que estas obligaciones se llevaran a cabo en la ermita del Mezalar sin embargo el Arzobispo de Zaragoza, Dalmacio de Mur, medió en el pleito y dictaminó hacia 1450, que se levantara un templo anejo a la parroquia en honor a San Bernabé Apóstol, en tierras del señorío de los Urrea, con la excusa de que la ermita de Mezalar estaba arruinada y con la obligación de que en dicha iglesia los curas de San Salvador de Villanueva hicieran misa todos los domingos y llevasen a cabo entierros. En el fondo no era sino un episodio más del enfrentamiento entre jurisdicciones, por un lado el Condado de Aranda y por otro la ciudad de Zaragoza, quienes perseguían para sí los beneficios que reportaba poseer un centro de reunión como era una iglesia, beneficios tanto políticos y económicos como sociales. Tras la misa se producía el mercado semanal, los ajustes de jornales, las reuniones concejiles y los encuentros sociales que no se llevaban a cabo a lo largo de la semana. 

En primer término, el Mezazal y sus torres, en un plano intermedio San Juan de Mozarrifar y más lejos se adivina la ciudad de Zaragoza

Hacia el año 1640 dicho señorío pertenecía a D. Pablo Francisco Francés de Urrutigoyti, a la sazón Barón de Monte Villa y señor de Gefera, casado con Dª. Ana Pérez de Suelves Claramunt y Luna. A su muerte dejaron como heredera de sus posesiones a su hija Ana, casada con D. Iván Bives Camañas y Villarassa, Conde de Faura. Sus derechos en Villanueva se extendían por varias casas en el lugar, y más concretamente con un palacio en la plaza mayor (donde hoy se encuentra el Ayuntamiento de la localidad) diversos campos en el término que ascendían a casi 50 cahíces, más diversos olivares, viñas, abejares y huertos entre otros bienes, pero nunca tuvieron poder jurisdiccional sobre Villanueva.

El Mezazal con la papelera del Batán al fondo


A partir del siglo XVIII, sobre todo tras la concordia de 1721, el Condado de Faura cedió parte de sus derechos sobre el anejo de San Bernabé a la Parroquia de Villanueva, seguramente porque no podía mantener la iglesia aneja. En 1804 tan solo existían «vestigios de las ruinas de dicha iglesia y aun algunas casas contiguas a ella». De la información que se posee, uno de los motivos posibles del abandono fue que muchos feligreses, a quienes en teoría les correspondía acudir a San Bernabé para recibir determinados sacramentos, preferían la iglesia de Villanueva ya que, quienes podían eludir el poder señorial y acogerse al realengo lo hacían dentro del contexto social de la época. Esto les suponía más ventajas y menos cargas fiscales. Por otro lado la obligación de enterrar en el anejo a sus vecinos, no debía de atraer mucho al Conde de Faura. Seguramente gracias a la intercesión de quien sería Arzobispo de Zaragoza entre 1727 y 1742, D. Thomás Crespo Agüero, las cargas feudales quedaron rebajadas y los habitantes del Mezazal aprovechaban el domingo para irse a Villanueva, cosa que han hecho hasta hace muy pocos años, muchos de aquellos que vivían en esta zona hoy prácticamente deshabitada.


La torre Lindar, según una fotografía que me entregó en su día José Antonio de Gregorio

No sabría decir donde se encontraban ambas iglesias campestres; la de Merzalar según una idea que ya manifesté, se podría encontrar bajo el solar de lo que en su día fueron las llamadas “Escuelas del Comercio”, justo al lado de la cabañera del Merzalar a la entrada del Barrio villanovense y que hoy está en ruina total. Otras ideas aventuran que pudo encontrarse más metida en la huerta, junto al cauce de Cascajo y también cerca de la cabañera. En cuanto al anejo de San Bernabé, que quisiera decir que siempre me ha llamado la atención un enorme pilar situado delante de la entrada de la papelera de las Navas, junto al camino que conduce a San Juan de Mozarrifar. No es un peirón, ya que es mucho más grueso e incluso alto, aunque sí, es cuadrado, macizo y bastante recio, desconozco el ¿porque? de esa construcción en ese lugar que se encuentra muy cerca de la torre Lindar, y es que la mencionada iglesia se encontraría muy próxima a la torre.

 

El pilar de referencia que se encuentra junto al camino de San Juan, entre la torre Lindar y la papelera del Batán
 

Para concluir, decir que este término, que linda con el de Zaragoza, se encuentra poblado por numerosas torres y casas de campo, empezando por la desaparecida torre de San Miguel, la torre baja (de San Miguel) la de Álmarza o del Carmen, la de Barcelona o del Rosario, la de Garisa, para concluir con la torre Lindar, situada junto a la también abandonada Papelera de las Navas, conocida popularmente como batán, pues antes que ser fábrica de papel, era batán del gremio de Pelaires de Zaragoza, ya en el cauce del rio Gállego existen unas ruinas que no sabría muy bien definir su origen; un pontón, un azud… A la vista de la disposición de estas partidas de huerta (Mezalar, Mezazal, Mozarrifar, etc.) en su mayoría dedicadas a la explotación agrícola, da la sensación de que en origen se trataría de grandes centuriaciones o parcelas con las que los romanos distribuían entre sus colonos para la administración de tierras y con el tiempo, se han ido transformando y diversificando. En Villanueva de Gállego, existe todavía una partida de huerta que se llama "Campo Grande" y que en origen se trataba de una de estas "centuriaciones".

Texto recogido del libro. Villanueva de Gállego: Un lugar en la huerta, del autor (Institución Fernando el Católico) Zaragoza 2008.

miércoles, 10 de julio de 2019

Imágenes del Merzalar

Ayer subí una entrada sobre la histórica partida del Merzalar, hoy para completar el post subo algunas imágenes de ese trozo de huerta villanovense que ilustren un poco más lo dicho ayer.


El Merzalar desde el llamado paso sobre la acequia de Cascajo y el Ferrocarril,
la cabañera que discurre por el centro y al fondo, a ambos lado de la torre de alta tensión
la escuelas del Comercio (derecha) y algunas torres (izquierda).
 Al fondo, tras las escuelas y el soto, se quiere ver la torre de Alagón, junto a la cartuja de Aula Dei.


Fotografía tomada desde las escuelas del Comercio y en la que se ve 
el Campus de la Universidad San Jorge.
 Justo debajo a mano izquierda se encuentra la Balsa de las Pesqueras.


El paso del Merzalar, muy alterado por las obras de la Alta Velocidad 
que ha trasformado bastante el lugar.


Este paraje villanovense es muy atractivo para las cigüeñas, que lo visitan muy a menudo 

martes, 9 de julio de 2019

El Merzalar

Panorámica en la que se aprecia la balsa de las Pesqueras a mano izquierda, la calzada del Merzalar a la derecha y al fondo el llamado "paso del Merzalar".


El término villanovense conocido en la actualidad como Mezalar o Merzalar corresponde, sin duda alguna a la terminología árabe y podría responder a dos acepciones según el prof. Charif Dandachli de la Universidad de Zaragoza. La primera coincidiría con la palabra Mezarat o lugar de lugares donde se encontraría algún santo enterrado y por tanto, bien podría ser un lugar de devoción y peregrinaje. Esta acepción tiene su apoyo en la existencia de una antigua ermita, ya desaparecida dedicada a la advocación de Nª. Sra. de Mezalar y que aparece citada en diversos textos antiguos que describen la zona. Ya en el siglo XII se menciona a un tal Ginés como presbítero de Mezazal. Otro documento posterior fechado en 1223, menciona «tutam primiciam habeat ecclesia de Meçalal»[1] y un tercero, correspondiente a 1513, describe una «carrera pública que va a Santa María de Meçalar»[2]. Estas citan tan tempranas nos hacen suponer sobre la existencia de una comunidad mozárabe en la zona dedicada a la agricultura y mantenimiento de infraestructuras como eran la próxima acequia de Rabal e incluso Cascajo. Un registro parroquial fechado 1804 y que se conserva en Villanueva de Gállego, aparece anotado lo siguiente: “la ermita de Mezalar se encuentra arruinada y «...en dicha ermita existió el monasterio de Rueda...»[3]”. E intentado localizar la existencia de dicho templo pero no lo he logrado. Sí que es cierto que hasta hace muy poco, en el extremo oriental de la llamada “Cabañera de Merzalar”, que parte de la balsa de las pesqueras (ubicada justo debajo de la Universidad San Jorge) se levantaban las antiguas escuelas del barrio del Comercio, en las que había un pequeño oratorio dedicado a la Virgen. Justo en este lugar se encuentra un camino que lleva al rio Gállego y otro que cruza en dirección a San Juan de Mozarrifar y al mencionado barrio.

Localización aproximada del Merzalar, según fotografía aérea captada en 1957.

Una segunda acepción posible, siempre según el profesor Dandachli, sería “lugar donde se exprime la oliva o la uva”. Provendría de Mazarat, plural de Al-masara. Apoya esta idea la existencia ya en el siglo XII, de al menos un molino. Hacia 1162, un tal Pedro de Mecina, vende a Juan Abad una parte del molino de Mezazal[4]. Pedraza menciona la existencia de al menos dos molinos papeleros en la zona de Mezalar hacia principios del siglo XVI, uno de los cuales se encontraba situado junto a la acequia de Rabal y que regaba los campos «...de dicha casa, item, huna casa y campos en el dicho término y una vinya tapiada que eran quince cafizes y tres fanegas...». Tenía dicho molino «...cinquo pilas todas con sus aparejos, y huna posta de payal blanquo, y tres prensas para prensar el paper, y huna tina con la caldera que está en el dicho molino...»[5]. Esos molinos se encontraban precisamente en el actual barrio del Comercio, en el mismo lugar en que durante siglos se encontraban las fábricas de papel de La Zaragozana y la Blanca o “torre de la Blanca” que es como se le conoce hoy día.

Una tercera acepción, también posible es la de venta, posta o lugar de parada y descanso de viajeros y caballerías, Meza vendría de manzil, y tampoco sería de extrañar pues la balsa de las Pesqueras, que se encuentra en la cabecera del Merzalar, está a media jornada a caballo desde Zaragoza, unos 12 kilómetros aproximadamente. Junto a la balsa hace unos años, se encontraron restos de un enorme edificio que bien pudo pertenecer a un caserón o venta que se encontraba en ese lugar, más recientemente y con motivo de las obras de acceso al campus de San Jorge, también se encontraron restos de calzada o bordillo para encauzar agua a la balsa. El propio nombre de “Pesqueras” (según José Luis Ona) bien nos podría remitir a un yacimiento bastante antiguo. No obstante y a la hora de ubicar exactamente el término conocido por Merzalar, éste se encontraría entre la acequia de Cascajo, la cabañera que recibe el nombre del lugar y el barrio del Comercio, aproximadamente

Villanueva de Gállego, desde el Merzalar, con el cajero de la acequia de Cascajo en medio

La documentación conservada de los siglos XII y XIII nos hablan de la existencia de numerosas viñas y huertos en Mezalar. Tal como indica el profesor Lacarra, hacia 1129 un tal Raimundo Galindo compra una viña en Mezalatar que fue de «Abin Xarif»[6]. Luis Rubio también recoge diversas transacciones de viñas ubicadas en Mezalar durante la segunda mitad del siglo XII[7]. También transmiten dicha información Los Cartularios de la Seo de Zaragoza recogidos por Ángel Canellas López. Ésta permite una aproximación a la actividad económica de la zona, que debió de ser abundante precisamente por la proliferación de tierras de labor. Los Cartularios mencionan la existencia de huertos y campos de cultivo, no así la presencia de hábitat excepto en algún caso aislado. Éste es el caso de una señora llamada «Estefanía, esposa de Pedro Jiménez de Osia» quien con fecha 10 de febrero de 1203 entrega a San Salvador de Zaragoza «seis campos sitos en Mezazal» uno de la cuales linda con una casa de «Petri de Loçares», un segundo campo con otro de «Sancte Marie» y un tercero con la cequia de «Raval», lindando el resto con otras fincas pecuarias[8]. Se trataría este hábitat de un conjunto disperso-intercalar de población, más que de un núcleo homogéneo, por otra parte muy característico en toda la zona. A finales del siglo XVIII existían en este término tres casas de campo con «abexares» que eran propias de vecinos de Zaragoza y no se encontraban habitadas. Además existían «cinco casas de campo en el mismo distrito, aproximadamente a una hora de camino» de Villanueva. En ellas no se registra habitador alguno ya que se trataba de residencias estacionales por no estar en ellas «más que el preciso tiempo del cultivo», cosa muy habitual hasta fechas recientes.

Cabañera del Merzalar y al fondo las escuelas del Comercio


[1] Ángel Canellas López, op. cit. Doc. 919.
[2] Manuel José Pedraza Gracia, op. cit. Doc. 931.
[3] Mosen Marcos Antonio Cortés de Bernabé, op. cit.
[4] Ángel Canellas López, op. cit. Doc. 345
[5] Manuel Pedraza, op. cit. Docs. 931 y 846.
[6] José Mª. Lacarra. Documentos para el estudio de la reconquista y repoblación del Valle del Ebro II. Colecc. Textos Medievales (Institución Fernando el Católico) Zaragoza 1985, doc. 64.
[7] Luis Rubio. Op. cit. Docs. 111, 126, 142, 195, 215 etc…
[8] Ángel Canellas López, op. cit. Doc. 767.


sábado, 22 de diciembre de 2018

En busca de la torre de Juncería

Imagen invernal de la torre de Juncería, actual torre de Guallart


Dentro del proceso colonizador llevado a cabo en los años posteriores a la conquista de Zaragoza por Alfonso I el Batallador, de la que ahora se cumplen 900 años y la consolidación del llamado Regnum Cesaragustanum, tiene vital importancia el trabajo llevado a cabo por las órdenes religiosas, sobre todo el Cister. Estos monjes, provenientes de la reforma cluniacense llevada a cabo a mediados del siglo XI, se expandieron por los territorios aragoneses gracias al apoyo reiterado de sus monarcas que encontraron, en su ideal de convivencia, una manera de realizar la tarea colonizadora y repobladora de sus territorios, no sin grandes recelos de las órdenes militares tan beneficiadas en el Testamento del Batallador. Hacia 1150 un ricohombre de ascendencia francesa, Gerard de la Marque, decide otorgar unas tierras de las que era señor, próximas a Burjazud y situadas entre el cauce de Rabal y el río Gállego, a la orden cisterciense. Esta noticia la recoge Gerónimo Zurita en sus Anales. Según el cronista fue el 17 del mes de marzo de 1153 cuando se fundó:

«...el monasterio de la casa de Junquera de los monjes de la orden de Cistel, que estaba en el territorio de Zaragoza, entre el lugar de Barjazut y el término que llaman de Mezalar...»

La torre desde el norte

Parece ser que éstos, a su vez, ya estaban asentados en el santuario de Nª. Sra. del Salz, en las proximidades de la vecina localidad de Zuera, quizás sobre la fortaleza de Salcey que delimitaba por el norte el distrito de Zaragoza que en su día marcó Ramón Berenguer IV. También poseían algunas tierras en Villanueva en el momento de la donación testamentaria, más concretamente partidas en la zona conocida por “Mezalar”. Más tarde en 1166, el arzobispo de Zaragoza Pedro Torroja otorgó a los monjes beneficios del Diezmo en todos sus territorios y en especial los de Juncería y Mezalar, que hasta esa fecha habían disfrutado los canónigos de San Salvador de Zaragoza (la Seo catedralicia):

«...desde un brazal de riego captado de la Acequia Mayor, hasta el Gállego, en la cabecera del soto de Mezalar, hasta la almenara de Burjazud y en otro sentido, desde la acequia mayor hasta el Gállego...»[1]

La acequia mayor que se cita en este texto, es sin duda alguna el llamado Término de Rabal. El brazal de riego captado desde la acequia mayor al Gállego puede ser el aliviadero que todavía exista de esta acequia, que nace en el Barrio del Comercio y muere en el Gállego a la altura de la actualmente conocida por “peña del Cuervo” sobre el azud de la acequia Urdana. El soto de Merzalar podría estar situado en la finca de la actual torre del Bayle (donde se encuentra el citado azud) y cuyos terrenos se encuentran situados bajo el término conocido por Merzalar. Hasta el siglo XIX éste era un lugar lleno de sotos y espesura. La “Almenara de Burjazud” podría haber estado ubicada muy fácilmente donde luego se levantó la ermita dedicada a la virgen de este donde y donde todavía existe un puente que cruza la acequia de Rabal que se llama “puente de la muela” seguramente en relación con algún primitivo molino que pudo existir en esa zona. En el centro mismo de toda esta extensión de tierra ribereña al Gállego y junto a un camino general que atraviesa la huerta en dirección hacia Peñaflor se encuentra la actual “torre de Guallart” un gran edificio que bien podría había correspondido o en su día levantado la abadía de Juncería.

Foto aérea captada en 1927 donde aparece sobre plano la torre de Guallar, entonces llamada Fábrica de Papel de Estremera: En el extremo derecho del recuadro el largo paseo que unía la torre con el río (en la actualidad casi desaparecido). En la zona superior del recuadro el camino que viene de Villanueva y que atraviesa los cauces de Cascajo y de Rabal que hace una pequeña curva arbolada alrededor del edificio, que aparece en el centro del cuadrado señalado en rojo

Alfonso II en 1169, confirió derechos señoriales al Cister sobre el término de Avariés, cercano a Almudévar y próximo a los actuales llanos de la Violada. Gracias a este reconocimiento, los abades de Juncería otorgarán cartas de población en diversos lugares. Mª Luisa Ledesma menciona las concedidas en 1166 a Pedro Capablo para la fundación de una granja en la localidad de Alborge y en 1197 para la repoblación de la localidad de Jaulín entre otras diversas cartas puebla[2]. Los reiterados apoyos no solo vinieron por la nobleza y el alto clero, sino también por los infanzones que repoblaron el valle del Gállego. En 1995 Esteban de Burjazud dejó al monasterio:

«...el campo que está en el término de Borgiazud que tiene una parte con el campo de D. Gassion Zapatero y en la misma parte un brazal de riego para dicho campo, así como los dos junto a Santa María de Juncería entrego a los monjes para oraciones por mi alma...»[3].

Otra importante donación fue la realizada por el obispo de Huesca, Pedro Fernández, quien les concedió los lugares de Escatrón y Aylés. A las cercanías del primero, en noviembre de 1202:

«…se mudaron los monjes Bernardos de Villanueva, al lugar de Roda, junto al Ebro»[4].

Entre las razones de esta marcha estarían, sin duda, la competencia colonizadora; ya que en la zona ya existía una notable presencia cristiana y una fuerte implantación agrícola, algo incompatible con la Orden que pretendía encontrar lugares aislados y recónditos para llevar a cabo sus tareas. En 1223 se cita «Patrón de Orto y arrienzo, monachis de Domo Juncería»[5]. Seguramente la influencia de los monjes bernardos todavía estuvo presente un tiempo más en la zona. Los cistercienses llevaron a cabo una intensa labor colonizadora en sus territorios. Mediante granjas mantenidas por hermanos legos quienes cultivaban cereales como el trigo y la cebada, árboles como el olivo, higueras, nogueras, almendros y viñedos. En un régimen de autarquía criaban ganados, elaboraban vinos y licores, aceite, pan y miel. Poseían diversos tipos de molinos harineros, aceiteros, almazaras. Explotaban la miel y poseían neveras para la conservación de sus productos[6]. Muchos de estos elementos característicos, todavía se pueden observar en las cercanías de la actual torre de Guallart. Por ejemplo, un elemento (característico) del paisaje villanovense son los numerosos abejares que todavía se conservan y es que, la torre de Guallart, a mediados del siglo XIX, poseía 16 colmenas con 4 pies o vasos cada una y unas 150 Has., de tierra cultivable, en su mayoría regadío (excepto 8 cahices en secano donde poseía diversos corrales)[7]. Todavía en la Sarda villanovense existe un corral llamado “de Guallart”.


En 1461 aparece citada la “torre de Juncería” bajo dominio de Dª. Leonor Ximenez de Salanova[8]. Manuel Pedraza rescata de un documento fechado en 1508 una descripción de la “Granja de la Junquera” en los siguientes términos:

«un molino harinero, otro de papel, un edificio rodeado por campos y soto de la granja, para acceder a la misma es necesario cruzar un puente de Cascajo, un segundo en Rabal y un tercero que está dentro de la misma granja» en el cual era necesario abonar un “pontaje”[9].

Todos estos datos hacen referencia al actual acceso a la torre de Guallart desde el camino que viene de Villanueva de Gállego que cruza un puente sobre la acequia de Cascajo que nace muy cerca de allí, otro sobre la de Rabal (madre de Cascajo) y un tercero que haría referencia al paso hacia Peñaflor, ya junto al río.

Acceso a la torre desde Villanueva sobre el paso de Rabal, entre el pueblo y el rebaño se encuentra la acequia de Cascajo

Más información:

Del autor: Villanueva de Gállego, un lugar en la Huerta. IFC. 2008


[1] Concepción Contel Barea. “El Cister zaragozano en el siglo XII: abadías predecesoras del monasterio de Santa María de Rueda”, Institución Fernando el Católico. Zaragoza 1966, págs. 60-65.
[2] Mª. Luisa Ledesma, Cartas de población del Reino de Aragón en los siglos medievales. Institución Fernando el Católico, Zaragoza 1991, docs. 87 y 137
[3] Luis Rubio. Los documentos del Pilar en el siglo XII, Institución Fernando el católico. Zaragoza 1971, doc. 267
[4] Mosen Marcos Antonio Cortés de Bernabé. Archivo Parroquial Villanueva de Gállego (Tomo VII: “Cumplimientos pascuales”)
[5] Ángel Canellas López. Los cartularios de San Salvador de Zaragoza, Monumenta diplomática aragonensia, tomo III. Zaragoza 1990, Doc. 919.
[6] APUDEPA. “Sástago, Legado desconocido” Heraldo de Aragón, domingo 12 de noviembre de 2000; Suplemento Hoy domingo pag. 12.
[7] AHPZ. Sg. 220, Amillaramiento de 1850.
[8] Tomás Ximénez de Embún y Val, Descripción histórica de la Antigua Zaragoza y de sus términos municipales. Librería de Cecilio Gasca, Zaragoza 1901.
[9] Manuel José Pedraza Gracia, La producción y distribución del libro en Zaragoza 1501-21. Institución Fernando el católico, Zaragoza 1997, págs. 57-62.