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viernes, 8 de abril de 2022

Video sobre el doctor Blanco Cordero




Hace unos meses, se puso en contacto conmigo Luis Miguel Díez. Había leído la entrada que publiqué en su día en “ElRetabillo” sobre el doctor Blanco Cordero y me dijo que estaba investigando sobre la vida de este médico con el fin de realizar un documental sobre él y, que si le podía dar algo más de información sobre el tema, la verdad es que casi todo lo que sabía sobre el doctor está en esta entrada y poco pude ampliarle. 

Hoy recibido el video que ha publicado en YouTube en el que me cita, por lo cual quiero darle las gracias aunque la información que el maneja y que da, es mucho mayor que la que humildemente yo expresé en su día. Le he dado la enhorabuena y ahora lo repito aquí. Me parece un vídeo muy bien diseñado, bien trabajado y documentado, además no es muy largo, apenas 30' pero bien estructurado. Un esfuerzo que merece la pena ser visto. Además nos ofrece una visión del personaje mucho más dramática de lo que parece en un principio.



miércoles, 4 de noviembre de 2020

Un documento en el que se habla sobre almadías por el río Gállego


Hace unos meses Jaime Cinca me hizo llegar un par de escritos fechados en 1800 y que él, había encontrado en la página de internet “Todo Colección”. El motivo por el que me los entregó era muy simple; en ellos se hablaba del rio Gállego y como formaba parte de “mi negociado” me los daba por si eran de mi interés, cosa que le agradezco. Los leí por encima y cuál fue mi sorpresa al ver que en este documento, es el mismo pero consta de dos páginas, se hablaba de las almadías que bajaban por el río Gállego. En síntesis se trata de una petición que hace un apoderado de la viuda del marqués de Ayerbe, con el fin de que se le abonen ciertos derechos feudales que ya venían reclamándose por su marido, sobre el paso en determinado punto del rio Gállego dentro de su señorío y que más o menos dice así:

 

“Escrito de Mariano Sebastián en nombre de doña María Josefa de Azlor, viuda de don Pedro Vicente Jordán de Urriés y Pignatelli, Marqués de Ayerbe y de Rubí, usando de su poder que presentó los autos sobre que se le abone G. la Real Hacienda el producto que le rendían las Almadías que bajaban por el rio Gállego y pagaban en el azud del Molinar como mejor procedan. Firmado en Zaragoza el cinco de junio de 1800”.

 


Desconozco las razones por las que este apoderado de la viuda del marqués exigía de la Real Hacienda el pago de ese tributo, seguramente él tendría derechos feudales de cobro o peaje sobre el paso no solo de almadías, sino también de personas, ya que parece ser allí había una barca, un azud y también un molino que formarían parte del Señorío de Ayerbe y que por alguna razón determinada le fueron embargados. Esto confirma entre otras cosas; el exceso de peajes que tenían que abonar los almadieros en sus viajes hacia el valle, lo que encarecía el producto enormemente así como que también, por el río Gállego descendían estos arráeces hacia la ciudad de Zaragoza y seguramente más allá. Desconozco en qué lugar atracarían los navateros del Gállego en Zaragoza. Mi abuelo villanovense solía contar que el siendo un niño, había visto bajar almadías por el río Gállego y hace unos años pude constatar junto con José Luis Ona, que me lo confirmó, el puerto y la rampa escalonada por la que bajan estas navatas en el azud de Rabal, situado en el rio Gállego, aguas debajo de San Mateo.


 

Gracias a un artículo publicado por María Pilar Alastuey Morlans y José Antonio Cuchi Oterino en la revista Anales de Joaquín Costa nº 29, Huesca 2016 (págs. 7-40) y titulado “El Molinaz en la Galliguera: una aproximación a su historia” he podido identificar el edificio mencionado por el apoderado de la marquesa viuda, contrastándolo con una fotografía que tengo sobre el mismo lugar y del que desconocía su nombre; además de la casa se conservan una serie de dependencias anejas y un puente de hierro que cruza el Gállego. El lugar se encuentra entre las localidades de Ayerbe y Santa Eulalia de Gállego y hace frontera entre las provincias de Zaragoza y Huesca.


Fuente: El Periódico de Aragón 23 de abril de 2018
 

Pedro Vicente Jordán de Urriés y Pignatelli fue el II marqués de Ayerbe y vivió entre 1743-1799, es decir que a fecha del escrito estaba recién fallecido e incluso había sido él quien había iniciado el proceso. Contrajo matrimonio en dos ocasiones; la primera con doña María Ramona Fuembuena y Montserrat, III marquesa de Lierta y la segunda con la mencionada doña María Josefa Azlor de Aragón y Villavicencio, unión de la que no hubo descendencia. Le sucedió como IV marqués de Ayerbe, el primogénito de su primer matrimonio Pedro María Jordán de Urriés y Fuenbuena quien llegó a ser Mayordomo mayor del Rey Fernando VII durante su exilio en Valençay. Los franceses lo liberarán bajo promesa de que irá a España y actuará como agente de Napoleón pero, tan pronto pisó suelo español se fugó y acude a Sevilla, reclamando a la Junta Suprema Central ayuda para liberar al monarca cautivo. La Junta le encomienda poner en marcha el plan de liberación, para lo cual viaja junto a Mariano Renovales a Cataluña, Cádiz y Galicia recabando apoyos. Sale a mediados de septiembre de 1810 disfrazado de campesino junto a un capitán igualmente disfrazado hacia Navarra. En Lerín ambos son asaltados por dos guerrilleros que, tras robarles, los asesinan. Años después y en el lugar donde cayó abatido, su familia mandó colocar un monumento conmemorativo que aún se conserva en un estado bastante aceptable, todo esto lo sé no solo porque lo reseña José María Iribarren en su biografía sobre Espoz y Mina, sino porque me lo contaron es su día dos lerineses de pro; José Luis Ona y Agustín Garnica.



domingo, 9 de agosto de 2020

Plaza Roja en Villanueva de Gállego

Hace poco más de un mes salto la noticia de las obras de remodelación en la plaza de España de Villanueva de Gállego, hubo gente que incluso visitó de propio el lugar atraídos por el impactante color rojizo del pavimente que estaba adquiriendo no solo el pavimento, sino también todo el entorno de la plaza, de tal manera que alguno la bautizó como Plaza Roja del Bajo Gállego, ¡oye San Mateo es la pequeña Venecia! de algo hay que presumir ¿o qué? A parte de por el color, lo de Roja viene porque en un lado está nuestro Kremlin, el Ayuntamiento y enfrente nuestra catedral de San Basilio, la iglesia parroquial del Salvador y hasta tenemos algún resto de torreones como el mudéjar y además está adornada con ese ladrillo rojizo en el que por cierto ya se ven restos de cigüeña.

Bueno hoy por la mañana he bajado a la plaza y me la he encontrado así, para que vean su evolución los seguidores, fans y demás interesados, en este nuevo atractivo villanovense. Le han puesto unos pinos, algunos de los cuales están haciendo honor al mes de agosto y me han dicho que aún quedan bancos por colocar, es decir que todavía no es la definitiva.

 



sábado, 2 de mayo de 2020

El barrio del Chan, San Juan de Mozarrifar y la papelera de las Navas



El otro día hablábamos de la torre del Chan, junto al barrio zaragozano de San Juan de Mozarrifar, hoy lo vamos a situar en el plano con tres vistas en tres tiempos diferentes.

La primera corresponde al plano diseñado hacia 1890 por Dionisio Casañal del Término Municipal de Zaragoza. En el recuadro señalado en azul aparece el casco urbano de San Juan, rodeado de torres  y casas de huerta, en ningún momento aparece el nombre de “Torre del Chan” o “barrio del Chan”, en su lugar aparecen varios tejares y una torre llamada de “Genara” junto al camino que va al Cascajo y que corresponde al primitivo camino real. El río Gállego discurre por la margen derecha de la fotografía y en su parte superior se observa la ubicación de la Cartuja de Aula Dei. En la margen derecha la línea del Ferrocarril y la primitiva carretera de Zaragoza a Francia, hoy autovía. Llama la atención la existencia de un Hipódromo justo al lado de la carretera en lo que hoy es la entrada a la Ciudad del Transporte y que ya por entonces, el acampo de San Gregorio fuera “campo de maniobras”. Llama la atención que no se mencione al barrio del Chan tal como hoy lo conocemos, lo que indicaría que es una denominación relativamente reciente y que haría referencia precisamente a los tejares que había en la zona, sus hornos y sus chimeneas o chamineras.


La siguiente fotografía corresponde al vuelo realizado por la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927. En esta imagen se aprecia claramente el caserío del Chan remarcado por el cuadrado de trazo grueso, el pequeño enclave se encuentra un poco apartado del barrio de San Juan que está enmarcado en el recuadro intermedio y justo encima del Chan. Barrio al que se puede acceder por un camino que enlaza con el de Cascajo que corresponde al paso o camino primitivo de Zaragoza a Francia por Somport. Se aprecia claramente como atraviesa San Juan y se dirige hacia Villanueva por el norte. El camino que sale de la torre del Chan, enlaza con otro que atraviesa la línea de tren y se dirige hacia la carretera de Zaragoza, es la vieja entrada al barrio de San Juan, desde la ciudad. El barrio de San Juan propiamente dicho se levanta a ambos lados del viejo camino real a Francia y sobre otro perpendicular que termina en el camino de Cogullada y que discurre paralelo al rio Gállego. De este camino trasversal también se parecía un sendero que se dirige hacia el barrio del Chan. En el cruce de ambos caminos se levanta la plaza donde se adivina la iglesia y el Ayuntamiento viejo. En el recuadro superior derecho se distingue la papelera de las Navas, que años después se convertiría en campo de prisioneros republicanos tras la Guerra Civil, junto al cauce de la acequia de Rabal y muy próxima al Gállego.


La tercera foto corresponde al vuelo americano de 1957 y muy poco ha cambiado la fisonomía del barrio en treinta años. El barrio del Chan en la foto 1, parece un caserío en torno a un edificio principal o torre. Aparece otro núcleo disperso entre la acequia de Rabal y el camino de Cogullada, en el margen inferior derecho de la foto y otro grupo de casas un poco más arriba, justo debajo del recuadro nº. 3. El barrio de San Juan propiamente dicho ha crecido un poco dentro del recuadro 2 y la papelera de las Navas en el recuadro 3º. El barrio del Chan sigue enlazado con el camino viejo de Zaragoza y con San Juan a través de un sendero.

Para termina una vista de la zona en la actualidad a vista de Google maps, en la que aparece la ubicación del barrio del Chan, remarcada en azul.





martes, 28 de abril de 2020

Torre del Chan (San Juan de Mozarrifar, Zaragoza)



Hace muchos años, conocí a unas chicas que vivían en el barrio del Chan, junto a San Juan de Mozarrifar, en Zaragoza. La primera vez que les oí decir el nombre de su casa, en realidad es “Torre del Chan”, me hizo gracia por la sonoridad del nombre e incluso llegué a jugar en el del núcleo mayor; Chan, Chan (por San Juan) de Chan. Llegué a estar un par de veces en aquella época por allí. Se trataba de la típica casa torre de la huerta zaragozana, con una enorme casa central y varias anejas alrededor. Se encontraba no muy alejada del resto de pueblo, pero si había que acceder a ella por un camino que hacía que pareciera más aislada. Ya no he vuelto a ver a aquellas chicas, aunque sí sé, de su peripecia o por lo menos de alguna.



Me quedé con la sonoridad del nombre y de vez en cuando me viene a la memoria la palabra y ¿De dónde podría venir aquel adjetivo? Hubo una época que pensé que podía ser una castellanización chusca de la palabra francesa Chemin, “camino”. Digo esto, porque la salida de la torre daba justamente al viejo camino de Zaragoza a Huesca que pasaba por San Juan, bordeando la primera terraza del Gállego y no hay que olvidar que esta zona fue repoblada en su día por mucha gente procedente de los Pirineos y más allá. Más tarde alguien me dijo que podría venir de la palabra aragonesa Cheminera o “Chimenea” debido a los hornos o tejares que había en la zona antiguamente. Hace poco un señor de San Juan, al que aprecio bastante y que se llama Antonio Gracia Diestre, me comentó que para él la palabra “Chan” viene de otra aragonesa Chano o plano (al menos así se utiliza en la zona del Bajo Gállego) es cierto que el caserío se encuentra en una zona totalmente plana, entre la segunda terraza del rio Gállego y cauce de este mismo afluente del Ebro y a escasos metros de la acequia de Cascajo y por encima de su cauce; por tanto sería “la torre del Plano”, así que casi acierto con mi primera hipérbole, aquella que hacía referencia al pueblo pirenaico de San Juan de Plan (San Juan del plano y Plano).


Según el diccionario de palabras aragonesas, recogido por don Juan Moneva y Puyol; “chana” o “chana, chana” significa paulatinamente, con lentitud pero con firmeza, expresión que ahora se dice “chino, chano” cuando nos referimos a andar despacio pero sin pausa. También está la palabra “Chanada” que se utiliza en la zona de Zaragoza para expresar un percance, una desgracia o una avería y suele utilizarse como admiración: ¡Eso, es una chanada! Ocurrencia sin sentido, pero tan poco sin maldad, aunque imprevista y en ocasiones poco acertada. En otras zonas de Aragón se utiliza como expresión de una mala acción, pero inesperada o fortuita. La zona a la que nos referimos es de aluvión y posiblemente de fácil inundación, excepto el lugar donde se encontraba la torre que lo está en una leve elevación sobre el terreno. Seria por tanto el lugar que se libraba de inundaciones porque se encontraba en una ligera elevación sobre el resto de la zona de aluvión, porque las otras acepciones no parecen muy posibles, a no ser que alguien se empeñara en hacer allí su casa, sin ningún motivo aparente, entonces sí que sería una “chanada” u ocurrencia de su constructor o dueño.




Sea como fuere la histórica casa ya no existe, como tantas de los alrededores urbmaños de esta Zaragoza nuestra, en su lugar le levanta una urbanización de adosados que delimita en viejo camino y la ubicación de la torre del Chan, mientras permanecen los terrenos de cultivo adyacentes. Todavía se conserva su nombre institucionalizado, algo que es de agradecer, pues la calle se llama “del Chan”. En este sentido el casco urbano de San Juan ha sido y es muy respetuoso con los nombres tradicionales; calle del Comercio, calle del Paso, de San Juan, etc. Buscando en Google, he encontrado en Amazon un libro escrito por Paquita Calvo García y hermanos, titulado “Memorias de la torre del Chan”.




viernes, 24 de abril de 2020

La cartuja de Aula Dei en tres tiempos



Hoy voy a mostrar una comparativa con tres imágenes del mismo lugar, la cartuja de Aula Dei en Zaragoza, en sendas fotografías aéreas, la primera corresponde al vuelo efectuado por la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927, la segunda al vuelo americano de 1957 y la tercera a Google Maps.



La correspondiente al vuelo de la Confederación (1927) se aprecia la planta de la cartuja totalmente rodeada de campos, apenas en la imagen superior a la izquierda se aprecia un poco el Azud de Urdan y el cauce del rio Gállego. El camino que va al azud discurre justo por debajo de las tapias de la Cartuja, que se encuentra rodeada de pequeñas parcelas de tierra cultivada (tiras como se le conoce en la zona y que corresponde a particiones hereditarias de muchos años). Junto al camino que va de Zaragoza a Peñaflor, se parecía en letra grande el kilómetro 8, un poco más abajo y en la margen derecha del camino se vislumbran unos edificios que corresponden a lo que fue la escuela de los Cartujos, en la que se educaban los niños que vivían en las torres cercanas.



La imagen siguiente corresponde al vuelo americano (1957), está tomada con un poco más de distancia, continua el camino junto a los muros de la cartuja y se distingue, al igual que en la anterior, el paseo arbolado que une la portería del monasterio con el camino general a Peñaflor. En esta instantánea se ve perfectamente el azud de Urdan y la acequia que discurre hacia el sur, y las tierras de Villanueva a su izquierda.



La tercera foto es la actual, la que corresponden a Google Maps y en color. Rodeada por un recuadro en rojo, la vieja escuela de los cartujos ya abandonada y junto a la carretera, han desaparecido las pequeñas “tiras” (estrechas y alargadas) que han dado paso a campos con mayor extensión, el camino que discurría bajo las tapias de la cartuja camino del azud ha desaparecido y se ha desplazado un poco hacia el sur. Éste y el curso del Gállego siguen prácticamente igual, ha aparecido alguna balsa y sobre todo cantidad de pequeñas urbanizaciones, que se han levantado en los últimos años. Hasta la Cartuja ya no cumple con la función como tal, pero ahí está, prácticamente sin ninguna modificación, igual que hace 90 años y seguramente igual que hace quinientos, cuando se instaló en ese lugar por orden del arzobispo de Zaragoza don Hernando de Aragón.



miércoles, 1 de noviembre de 2017

Fosas en el cementerio de San Mateo de Gállego

Fotografía obtenida por Google maps del cementerio de San Mateo de Gállego: el recuadro nº 1 corresponde a sepulturas de republicanos, el nº 2 a soldados italianos y el nº 3 el nomumento de los nacionales.

El cementerio de San Mateo de Gállego conserva en su interior tres interesantes fosas de tiempos de la Guerra Civil. Tal como me enseñó en su día Jorge Marín, entrando en el recinto y a mano derecha, más o menos a mitad de camposanto y junto a las tapias, en lo que antiguamente era el cementerio civil, se encuentran algunas tumbas de republicanos, algunas han sido reconocidas y colocado sobre ellas cruces y aun luce algún ramo, pertenecen a personas de otros lugares que fueron fusiladas en el pueblo en su mayoría. entre ellos uno del pueblo de mi padre Urzainqui) que se llamaba Santos Gayarre Landa, también hay algunos procedentes de la zona de Erla. Los que no están identificado se señalan con una simple cruz con con alguna señal donde se coloca un pequeño ramo de flores.


Fosa republicana

 Justo delante de estas sepulturas se encuentra una hilera de tumbas, todas iguales y señaladas con cruces de piedra, son las de soldados italianos que fallecieron en el pueblo. No recuerdo si Jorge me dijo que estaban vacías y que los cuerpos habían sido llevados al memorial que se encuentra en la iglesia de San Antonio en Zaragoza o todavía están ocupadas, lo cierto es que las cruces están ahí y se han respetado, en total unas nueve o diez, cada una de ellas con el nombre de un combatiente. 
Jorge ante las tumbas de soldados italianos

Siguiendo la línea de cruces llegas al monumento de los caídos nacionales, donde se encuentran sepultados o al menos recordados los caídos del bando franquista. Se trata de una fosa rectangular en cuyo interior hay dibujada una gran flecha de piedra partida en dos por el monumento funerario en sí, que está rematado por una cruz monumental. En la base se encuentra una lápida con los nombres de los vecinos fallecidos por la causa nacional y en la parte inferior del monumento, en los lados del muro que rodea el memorial, se encuentran los nombres de los fallecidos que están enterrados en él.

Monumento a los nacionales (parte frontal y posterior)

San Mateo estuvo muy cerca del frente y en algún momento su término estuvo rodeado por las fuerzas republicanas, tal es así que en los primeros momentos de la guerra Leciñena, a quince kilómetros de la localidad estuvo ocupado por fuerzas de la Generalitat hasta mediados de octubre de 1936, llegando hasta el Vedao de Peñaflor y las puertas de Perdiguera, mientras que por el norte las posiciones de la República se encontraba muy cerca del Saso o monte comunal del pueblo, muy cerca del lugar donde se encuentra el camposanto. A finales de verano de 1937 se desarrolló en Zuera una importante batalla que pretendía cortar el camino hacia Zaragoza.


viernes, 27 de enero de 2017

El Llano de la Batalla (entre Perdiguera y Leciñena)

Llano entre Perdiguera y Leciñena (al fondo a la izquierda) donde tuvo lugar la batalla entre españoles y franceses el 24 de enero de 1809. En el centro de la imagen el santuario de Nuestra Sra. de Magallón.

El Barón de Lejeume cuenta en sus memorias que, el coronel Delage avanzó con su columna por la margen izquierda del Gállego hasta Perdiguera donde tuvo que batir a 2.500 hombres después de un reñido encuentro, volvieron por el campo hacia Zuera. “Los vecinos de estos pueblos huyen hacia la sierra soliviantados y atemorizados; bien a encontrar cobijo o refugio, bien a organizar la resistencia en el Santuario de Nuestra Señora de Magallón, junto a Leciñena”. Este será uno de los lugares donde mayores fuerzas se reunirán, de tal manera que por las noches eran visibles las fogatas y hogueras que iluminaban Monte oscuro, desde la misma Zaragoza. Al frente de todo este ejército se encontraba el coronel Felipe Perena.

Guirao Larrañaga relata cómo el Coronel, reúne una corta división de cuatro a cinco mil hombres que tendrá su base precisamente en el Santuario, llegando a ocupar una línea que abarcaba desde Villafranca en el Ebro, hasta Zuera. Puestos de nuevo en contacto Perena y Palafox el 18 de enero, éste firma un plan de operaciones señalando la fecha del ataque combinado para liberar Zaragoza dos días más tarde. Insistiendo en que Perena intentara entrar en Zaragoza por los montes de San Gregorio, repitiendo la hazaña del primer sitio, pero la situación ha cambiado. En estos momentos la zona está ocupada por una división napoleónica y con una presión mayor que la ejercida durante el verano. El oscense conoce las dificultades para desplazar a todos sus efectivos desde la margen izquierda del Gállego, debido a esta importante presencia militar francesa entre Villanueva y Juslibol, pensando que es mejor intentar el ataque por Villamayor. Perena, que se encuentra en Leciñena, se entera por el Alcalde de Zuera, Antonio Nasarre de Letosa, que los franceses se han replegado hacia Villanueva, dejando la villa de Zuera libre, por cual dispone que sus tropas ocupen dicha población. En definitiva se trata de repetir milimétricamente el plan efectuado en agosto.

El 22 de enero el mariscal Lannes toma el mando supremo del tercer y quinto cuerpo, éste a su vez ordena al mariscal Mortier que regrese de Calatayud con la división de Suchet, para que preste apoyo a la de Gazán, ocupado en el bloqueo del arrabal y acuda al encuentro de Perena. En esta situación se produce la ya conocida como “Batalla del llano” que recoge Matías Calvo en su manuscrito publicado por Juan José Marcén:

«Precisamente se hallaba en el Santuario, Perena con unos tres mil paysanos. De Huesca y Barbastro y como unos doscientos hombres de Voluntarios de Aragón y Saboya, que según digeron venían a levantar el sitio, ¡infelices! Tan pronto como los Franceses lo supieron vinieron a verlos, cuando no por quitar Estorbos y vinieron nada menos que un ejército de 16.000 hombres, que todos ellos se hallaron formados en columnas en el llano que se hallava muy cerca de ellos en el cubilar de Cabañas, que estabamos todos los tiradores del pueblo, debe de entenderse cazadores. Tan pronto como rompieron la marcha nos retiramos por las faldas del monte de las mulas, en dirección a Macerado, menos yo que ranque a la Virgen, que se hallaban allí los Padres de familia; pero cuando llegué ya no había otro que los artilleros haciendo fuego».

Matías Calvo escribe que ese día fueron muchos los que quedaron «en las sardas de la Virgen y de Bartolo que en aquellos tiempos estaban espesas de tanta sabina», que esa noche cada uno durmió en la sierra como pudo y donde pudo y, que ese día, murieron en Leciñena treinta y siete personas «además de niños y solteros fue quemada la Casa de Nuestra Sra. de Magallón». El párroco de la localidad dejó certificado que «con motivo del Sitio de la ciudad de Zaragoza y choque o pelea habida en esta mi parroquia de Leciñena en la tarde del día veinticuatro de enero de mil ochocientos nueve, del Ejército francés con el aragonés y español, pereció, rasgaron y se robaron el libro nuevo que hice yo. Los que murieron de y en esta mi Parroquia, en dicho pueblo de Leciñena y su territorio, huyendo a los montes y de dichos ejércitos en calidad de paisanos son treinta y tres»

Todo esto sucede a partir del 24 de enero cuando, los españoles son sorprendidos estudiando cómo llevar a cabo la acción. Mortier se pone en movimiento y pasa por Villamayor, simultáneamente otra columna francesa se dirige hacia Zuera. Seguramente en este contexto se produce una acción que refiere Lejeune cuando cuenta que «algunos millares de aldeanos, que afortunadamente estaban mal dirigidos, se arrojaron un día sobre nuestros puestos y nos causaron un momento de terror pánico. El mismo terror que se apoderó de ellos cuando al instante se presentó el Mariscal Mortier que avanzó en su persecución y huyeron» En este retroceso se tropezaron con Gasquet, que volvía del campo, y mató a unos 500 lugareños. Además el comandante regresó con «excelentes ganados merinos, muy apreciados por la finura de su lana». De los aldeanos combatientes se refiere a ellos como cazadores furtivos, buenos tiradores y contrabandistas que solían inquietarles con sus disparos después de las comidas de los lugareños «la división Gazán se encontraba por así decirlo, sitiada por ellos». Lejeume achaca estas intervenciones a la influencia que tenía el clero de la zona sobre los campesinos, a quienes excitaban continuamente para que les hostigasen; incluso él llego a ver alguno de estos clérigos redoblar su actividad y su ánimo para hacerles fuego a los franceses como un «Ejército de nueva leva pero numeroso y mandado por viejos oficiales (entre los que se encontraba Francisco Palafox, hermano del general), que resistió bien y conservó largo tiempo una actitud amenazadora en la excelente posición que había tomada sobre las alturas de Leciñena. Sin embargo lo atacó tan vigorosamente a la bayoneta, que lo puso en fuga tomando cuatro cañones y matando cerca de 1.000 hombres».
Santuario de Magallón en Leciñena (Zaragoza)


Bibliografía:
Juan José Marcén Letosa, El manuscrito de Matías Calvo. Mira editores, Zaragoza 2000.
Lejeume, Louis-François, Los Sitios de Zaragoza (Edición de Pedro Rújula) en Colección Letras Institución Fernando el Católico, Zaragoza 2009, pág. 50

Guirao Larrañaga, Ramón. Felipe Perena Casayus. Ayuntamiento de Huesca 1999

jueves, 8 de diciembre de 2016

El abeto de la carretera Castejón


Hace unos años que lo descubrí, me llamó la atención encontrármelo ahí de frente, en una de las curvas de la carretera que va de Sierra de Luna a Castejón de Valdejasa. En principio pensaba que era solo un raro ejemplar de abeto, pero según la foto hay más. Me sorprendió que hubiera nacido allí, seguramente salvaje, sin ayuda humana, tampoco me extrañó, es la cara norte de la muela del Castellar y el ejemplar se encuentra en una umbría bastante profunda y densa por la vegetación, una especie de microclima. En toda la muela no debe haber muchos ejemplares como éste por eso creo que se trata de un árbol singular, cosas de la naturaleza.

viernes, 28 de octubre de 2016

Cementerio de Perdiguera (Zaragoza)


Ahora hace un año visité el cementerio de Perdiguera buscando restos de la Guerra Civil y tengo que decir, que realmente me sorprendió y es que, nuestros camposantos guardan mucha información histórica. Al fin y al cabo son archivos definitivos en el que acabamos todos más o menos.

Me encontré con una curiosa placa que recuerda a “todos los hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, han contribuido a construir la localidad y que yacen en una fosa común que ha sido trasladada del cementerio antiguo”. Hay un par de cruces que recuerdan las sepulturas de italianos y que son muy comunes a otras que he encontrado por el bajo Gállego. También hay un monolito bastante singular en el que puede leerse: “Mármoles Raufast. San Miguel 19” y que no sé a quién puede corresponder. Hay alguna cruz con referencias a militares o personas que cayeron en el frente. Perdiguera, no hay que olvidar, se encontraba en primera línea y muy cerca de las trincheras de los “rojos” por tanto vivió muy de cerca los combates de la guerra y por tanto sufrió también el clima de terror que se infundía en estas localidades, para presionar al enemigo.

Casi me da miedo decirlo, por si lo lee algún talibán de la llamada “Memoria histérica” pero también conserva la placa de los caídos por España, es decir los muertos del bando nacional muertos en el frente, junto a una especie de fosa común. Me llamaron la atención dos sepulturas bastante curiosas: Una se encuentra justo delante de la entrada del cementerio en el centro del paseo central de acceso y en la que reza lo siguiente: “Rogad a Dios en caridad por estos cuatro seres inocentes que, en horas de confusionismo, dieron su vida por España. Manuel Escuer, Saturnino Alfranca, Benito Bailo y Segundo Arruga". Según me cuenta el cronista local, Constan Escuer Murillo, estos vecinos de Perdiguera fueron fusilados en las tapias del cementerio el  28 de agosto de 2016, junto al maestro de Lanaja, cuyo nombre desconoce. Anteriormente habían sido fusilados el maestro, el secretario municipal y el médico del pueblo.

A la izquierda de la anterior fosa, (a la derecha según se entra) separada a tan solo un par de metros, se encuentra otra sepultura más grande. Constan relata la historia de dicha tumba, bastante sobria por cierto y muy bien delimitada o como se dice actualmente "dignificada", lo que la hace bastante visible: “Pocos imaginaban en el pueblo que aquel 27 de septiembre de 1936, hace de ello 80 años, se producirían unos hechos que constituirían la página más negra y trágica de la historia de Perdiguera. Aquel domingo, en un pueblo tomado desde el inicio de la guerra por los militares sublevados, un grupo de guardia civiles al mando del teniente del cuartel de Movera, después de bien comidos y bien bebidos, según contaban quienes se acordaban de ello, se dedicaron a recorrer el pueblo deteniendo a 31 vecinos que fueron introducidos maniatados en la caja de un camión. Posteriormente fueron trasladados al límite del término de Perdiguera con Villamayor, donde en las paredes de una antigua casilla de peones camineros que había junto a la carretera, fueron fusilados y enterrados en una fosa que allí hicieron. Pasada la guerra, los cuerpos fueron exhumados de la fosa donde se encontraban y enterrados en el cementerio municipal bajo una lápida común situada muy cerca de la entrada a mano derecha”.


La historia de estos desdichados es muy similar a las que ocurrieron en otros muchos pueblos; mujeres embarazadas que fueron asesinadas porque no encontraron a sus maridos, jóvenes movidos por sus ideas que fueron detenidos, vecinos denunciados por pertenecer a un partido republicano, campesinos que pasaban por allí o simplemente la mala suerte o una rencilla personal, familiar o vecinal. Descansen en paz.


domingo, 21 de agosto de 2016

Otro incendio en las Fajas del Pinar



Según informa el Ayuntamiento de Villanueva de Gállego, El incendio declarado en los montes de Zuera: “Partida de las Fajas” ha afectado a unas 126 hectáreas. De terreno arbolado y barbecho: 45 pertenecen al propio campo, 70 son forestales y 11 son agrícolas. Heraldo de Aragón confirma: “El fuego se ha originado a las 13.18 en el campo de maniobras y en un principio han intervenido los efectivos del retén contra incendios del propio campo”.



Parece ser que el momento más crítico se ha producido cuando el fuego ha saltado la carretera de Villanueva a Castejón. El fuego ha saltado la valla del Campo de Maniobras de San Gregorio, en el Castellar y por efecto del viento ha tomado dirección oeste.
Aunque parece que está controlado, actualmente trabajan en las tareas de extinción efectivos del Departamento de Desarrollo Rural y Sostenibilidad, del Ministerio de Medio Ambiente, del Ejército y de los Bomberos de Ejea, Zuera y Diputación, cuadrillas helitransportadas de Ejea y Bailo, BRIF de Daroca así como cuadrillas Terrestres, seis helicópteros y dos aviones anfibios. El Ayuntamiento de Villanueva de Gállego en una nota ha querido agradecer “a los numerosos agricultores, entre ellos de nuestros municipio, que con sus tractores han ayudado en todo lo que ha estado en su mano”. Aviso a los Villanovenses que se encuentren en Castejón de Valdejasa pasando las Fiestas que la carretera ha sido cortada. La comuna de humo ha llegado a alcanzar los 15 kilómetros de longitud y ha sido visible desde lugares como Perdiguera, Valdespartera o Cuarte de Huerva.

Gentileza Policia local de Zuera

Gentileza Ayuntamiento Villanueva de Gállego
El otro día hablábamos del agua, hoy del Pinar, por desgracia este es el círculo vicioso en el que se mueven los vecinos de Villanueva y de otros pueblos vecinos, como decían los viejos; “Cuando no es por el monte es por la huerta” y si no los dos a la par. No es justo la cantidad de incendios que estamos sufriendo en los últimos veinte años, la estadística nos dice que vamos casi a uno por año y yo me pregunto, los de la DGA. ¿También nos van a poner un impuesto por quemar el monte? No quiero dar “ideicas” pero esto es muy parecido a lo del agua.

Gentileza Policia Local de Zuera















¿Cómo puede ser que un pinar que es poco frecuentado se queme tanto? ¿Cómo puede ser con la conciencia que hay, haya tantas quemas? ¿Cómo puede ser que de las cuatro muelas que rodean Zaragoza, la del Castellar sea la más castigada con los incendios? Que por cierto es la más orientada al norte. No hay nadie que se haga estas preguntas, ¿Qué pasa? En los años sesenta y setenta del siglo XX el pinar se llenaba de gente los domingos y no ocurría nada, hoy no hay nadie y se quema, tenemos guardas forestales, equipos anti-incendios, patrullas de las Guardia Civil vigilando, estamos más preparados y cada vez tenemos menos superficie arbolada. Cuando subo a veces pienso; ¿a la vuelta quedará esto?

Se achaca de que le monte está más abandonado, ya no hay remuda, plantación, limpieza, etc., pero ocurre en los otros pinares y no sucede tanto y tan repetitivo. Nuestros políticos tampoco se hacen preguntas, alguna habrá que hacerse, yo me hago una desde hace tiempo; ¿Qué pinta ese enorme campo de maniobras junto al pinar? ¿Qué daño le puede hacer? ¿Porque, los últimos incendios se producen cerca de la valla de los militares? ¿Existe alguna relación causa efecto? Aquí ha habido en los últimos años muchos estudios publicados pero nadie nos da una explicación convincente,  Por cierto si buscamos por internet encontraremos que hay muchos trabajos y muchos artículos sobre incendios en los montes de Zuera ¿Será casualidad? ¿Tendremos que esperar a que se termine de quemar todo? para entonces tomar conciencia.




domingo, 8 de mayo de 2016

Ignacio Blanco Cordero: Un médico entre la leyenda y el mito

Se cumple este año el cuarenta aniversario del fallecimiento del médico aragonés Ignacio Blanco Cordero, hace unos días un paciente suyo llamado Jesús y que ahora cuenta con 75 años me contaba que estaba vivo gracias a él. A los treinta y cinco años le diagnosticaron un tumor cancerígeno y acudió a la consulta del doctor Blanco. Este le dicho que con su tratamiento podrían aislar el tumor y más tarde operarlo, se trataba de un procedimiento nuevo que él había experimentado en Estados Unidos y que había traído a España para tratarlo con pacientes de aquí. Le puso en tratamiento primero con inyecciones y más tarde mediante gotero, recuerda que acudían a una consulta que tenía el médico en la calle Tenor Fleta de Zaragoza y que más tarde en la Cruz Roja de la plaza de los Sitios (entonces de José Antonio) le dejaron un despacho. Antes había estado en laboratorios Ulta de la capital aragonesa, de donde se fue porque según me contaba Jesús “le hacían la vida imposible”. Este paciente recuerda al doctor como una persona amable, cercana al paciente y con un extraordinario carisma. Recuerda que las dosis eran de color marrón y que él ha estado tomándolas hasta hace poco, que a última hora se las aplicaba en la piel, me comentó también que entre los pacientes le regalaron un aparato de laboratorio para que pudiera seguir con sus investigaciones y que cuando falleció, fueron recogidos por el doctor Emilio Alfaro. También me dijo que él sabía que la familia, por fin había vendido la patente a una farmacéutica y que ya no saben nada de esa medicina, el IBC119 y que él había visto otras drogas similares pero que no eran las del doctor Blanco.

Comenté el asuntó con un amigo, que sabe del mundo de las patentes y la encontramos, está registrada en 1973 y según él me comentó, por los documentos que figuran en el registro de patentes y marcas de España, el fármaco se encontraba en fase experimental y todavía no había conseguido los resultados necesarios para su puesta en marcha: http://www.oepm.es/pdf/ES/0000/000/00/40/68/ES-0406820_A1.pdf Lo cierto es que hace años, cuando todavía colaboraba con Cadena SER bajo Gállego ya quise hacer un programa sobre este personaje pero cosas del tiempo, no se llegó a realizar.

José Ignacio Blanco Cordero nació en Medina de Rioseco (Valladolid) en 1936. Había estudiado Medicina en la Universidad de Madrid. Marchó a Estados Unidos doctorándose en la Universidad de Cinccinati. En 1966 y en el cuarto de baño de su casa, instala lo que habría de ser su primer laboratorio. En ese año logra el primer producto en estado sólido. Dos años después consigue la forma líquida de lo que habrá de ser el IBC y que para su autor venía a ser un regulador metabólico celular. Según declaraciones del doctor Blanco; siempre estuvo interesado por el papel de la urea en el organismo humano. «La urea constituye -decía- el final del metabolismo proteico. Sin embargo, me niego a aceptar la posibilidad de que sólo sea un producto de deshecho, sin acción fisiológica importante» de esta manera regresó a España como descubridor de un producto anticanceroso con el que se pretendía regenerar la célula neoplásica, en lugar de destruirla.
 
Plaza que lleva su nombre en la localidad de San Mateo de Gállego (Zaragoza)
Cuenta la leyenda que este descubrimiento lo hizo en América y que allí lo vetaron porque no interesaba a las industrias farmacéuticas locales y que visto los problemas que le ocasionaban allí se vino a su tierra, casi clandestinamente. Desde 1968 a 1973 intentó encontrar apoyos a su descubrimiento, pero estos le fueron sistemáticamente rechazados. Permitiéndosele tan sólo, la administración de su droga a cuatro pacientes del hospital Marquesa de Villaverde de Madrid, en 1970. Tras varios intentos de entrevistarse con el ministro de Educación y Ciencia y con el director del Hospital Central de la Cruz Roja, sin ningún resultado positivo, el doctor Blanco Cordero decidió trabajar en solitario, administrando el fármaco a sus propios pacientes. Recaló en Zaragoza, de donde era su mujer (natural de San Mateo de Gállego). Como me dijo Jesús, trabajó en laboratorios Ulta, empresa que abandonó decepcionado en 1971. Conoce al doctor Emilio Alfaro en el Hospital de la Cruz Roja, con quien inicia una perdurable colaboración. Poco después firma contrato para la investigación y ulterior comercialización de su producto (entonces llamado l.CE.BE.-119) con Laboratorios Casen, también en Zaragoza (la cifra corresponde a la fecha en que se firmó el contrato de colaboración con Casen, 11 de septiembre, la letras corresponden a las iniciales de su nombre y apellidos). En abril de 1973, la Subdirección General de Farmacia autoriza las pruebas clínicas solicitadas por Casen, en un momento en que aún se desconoce la farmacocinética de la sustancia por ensayar. Con la única abstención del Centro Regional de Oncología, todos los centros sanitarios de Zaragoza participaron en dichas pruebas, que fracasaron por falta de información sobre el l.CE.BE.-II9 y porque fueron realizadas en pacientes en su mayoría preagónicos. Una colosal polémica se inició a través de toda la prensa nacional.

Según un artículo publicado el 1 de junio de 1973 por el diario Pueblo de Madrid y firmado por Julio Camarero se dice que se trata de un producto al parecer con sorprendentes propiedades para el tratamiento del cáncer y que había sido presentado el 14 de abril de ese mismo año, en la Dirección General de Sanidad para su registro definitivo “Vencidas no pocas dificultades, se fabrican ahora, exclusivamente con destino a esta fase experimental, unas mil ampollas diarias. El doctor Blanco Cordero no cobra un céntimo por los tratamientos y el ICB 119 se administra totalmente gratis, conforme a lo establecido para el plazo experimental de un medicamento que todavía no ha sido lanzado al mercado. En Zaragoza, entre las seis clínicas donde se administra y domicilios particulares, atiende ahora a unos ciento treinta enfermos con diversos tipos de cáncer, y, según cuentan, los resultados son más que esperanzadores."


En agosto de 1973 el laboratorio que entonces fabricaba el producto denunció el contrato existente. Al año siguiente, un nuevo laboratorio, Pool Vichy con sede en Burgos inicia la fabricación experimental del IBC bajo las órdenes directas del joven investigador. En este estado de cosas hay una amplia campaña de divulgación de la sustancia, surge la polémica y la controversia y se exigen pruebas contundentes de su efectividad. Pero no hay esa contundencia porque los enfermos- que llegan a las experiencias clínicas son enfermos en gran parte desahuciados, mutilados por una cirugía exhaustiva, o tratados ampliamente con radiaciones o fuertes quimioterápicos. Pero hay resultados positivos que se publican en la prensa especializada y concretamente, uno que llama la atención: un cáncer se ha encapsulado gracias al IRC y su desarrollo se ha detenido.

En medio de una tensión emocional terrible Blanco Cordero prosigue su trabajo en Zaragoza, abandonando insensiblemente el laboratorio por el continuo requerimiento de pacientes de toda España. Mientras. Es por estas fechas cuando contrae matrimonio con María Teresa Basguas, estableciendo su residencia en la localidad natal de su mujer (la casa que todavía se conserva es una típica construcción en ladrillo). En cuanto a los resultados concretos del «ICB 119» -que pasa a denominarse "IBC» llegarían a ser muy desiguales. A lo largo de 1973 más de 90 pacientes voluntarios fueron tratados con el fármaco, llegándose, en la mayoría de los casos, a resultados relativamente positivos y en algunos casos, a curaciones sorprendentes como es el de Amparo Bandrés, paciente zaragozana cuyo historial clínico recorrió la prensa especializada (Jesús como decimos fue paciente y hoy cuenta con una impresionante salud a sus 76 años). De cualquier forma y tras el análisis de los numerosos tratamientos posteriores, parece ser que la droga arroja óptimos resultados al ser aplicada en casos de tumores cancerígenos vírgenes, o sea, no tratados aún ni por la cobaltoterapia ni por la cirugía.

El propio Blanco Cordero no está satisfecho con los resultados y sigue investigando sobre el mismo producto que define como un regulador metabólico celular y logra, en apenas unos meses el perfeccionamiento del IBC. Básicamente, el producto es el mismo. La elaboración se supera y logra resultados calificados como espectaculares pero «Muchos problemas demasiadas tensiones,» en propias palabras del doctor hicieron que su corazón fallara el dos de septiembre de 1976 mientras se encontraba de vacaciones en Vigo, en palabras de Ramón Sánchez Ocaña “Blanco Cordero falleció de enfermedad profesional” y es que esas vacaciones son las primeras que se toma en diez años de intenso trabajo. El doctor Blanco había llegado a Redondela, en las inmediaciones de Vigo, el 27 de agosto. El día primero de septiembre el médico y su familia, su esposa y su hija de tres meses, viajaron a Portugal y al regreso a Galicia enfermó repentinamente. El por entonces incipiente diario El País, se hizo eco de su muerte por medio de José Ramón Marcuello, quien publicaba la noticia el 3 de septiembre de 1976 en estos términos: “A primeras horas de la mañana de ayer corrió rápidamente por la ciudad la noticia del repentino fallecimiento por infarto del doctor Blanco Cordero en un hotel de Vigo, cuando pasaba unos días de vacaciones en aquella localidad gallega, El doctor Blanco, como es sabido, llenó la primera página de la actualidad nacional, cuando en la primavera de 1973 se dio a conocer una droga anticancerígena por él elaborada y a la que venía ocupando su dedicación desde abril de 1968: el ICB 119”.

Su amigo Emilio Alfaro continuó con el estudio del l.CE.BE., pero apenas un mes más tarde, en el mismo diario, otro médico mediático de entonces por sus apariciones en TVE, Ramón Sánchez-Ocaña escribió una crónica sobre un grupo de enfermos oncológicos y sus familiares que acudieron a la Dirección General de Sanidad con un objetivo de conseguir del director, la autorización para que se les siguiera suministrando una droga anticancerosa a cuyo tratamiento estaban sometidos, ya que había sido oficialmente calificada de inútil. “Los enfermos en tratamiento sumaban entonces aproximadamente ochenta y cinco, que se vieron de pronto sin esta sustancia que representaba para ellos toda esperanza” ya que el laboratorio que fabricaba el producto en pequeña escala, suspendió su elaboración tras la muerte del doctor Blanco Cordero. Ni la fabricación del producto estaba registrada ni tampoco se había hecho la correspondiente solicitud, así que poco se podía hacer, los pacientes como Jesús, siguieron suministrándose de la droga por su cuenta y a través del doctor Alfaro, para cubrir las mínimas exigencias experimentales.

El doctor Emilio Alfaro Gracia, por entonces jefe del servicio de Ginecología de la Cruz Roja de Zaragoza pudo comprobar los resultados obtenidos y confirmó a el País como “para estos enfermos sinceramente, el tratamiento ha sido muy positivo”. Pero el problema era grave pues Blánco Cordero se llevó el secreto a la tumba sobre la elaboración de la droga. Por eso, cuando los enfermos consumieron la dosis disponible, los laboratorios se vieron en la imposibilidad material de continuar su fabricación. No conocen el proceso perfeccionado de su elaboración. La dosis llegó a costar las 50.000 pesetas de la época (unos 400€ de ahora).

Calle zaragozana que lleva su nombre
Los restos mortales de Ignacio Blanco Cordero fueron enterrados en el cementerio de la localidad zaragozana de San Mateo de Gállego no sin cierta polémica que le persiguió aun después de su muerte pues según el reglamento de policía mortuoria, el cadáver debió ser trasladado utilizando el servicio funerario municipalizado de Vigo, al menos en los límites de este Ayuntamiento. El servicio no fue requerido a estos efectos, por lo que se inició una investigación en la Jefatura Provincial de Sanidad que terminó siendo archivada parece ser que se quería evitar una manifestación masiva de duelo en la que concurrieran todos los afectados por su droga y que esto supusiera una alteración del orden público, no hay que olvidar que estamos en esos momentos en plena Transición y cualquier tema era susceptible de ser politizado. Pasado el tiempo en San Mateo de Gállego se levantó una plaza en su honor y en Zaragoza también existe una calle que lleva su nombre y que se encuentra junto al parque de Bruil.

                                                                                                              

Bibliografía:
Marcuello, José Ramón. “Fallece el inventor de la droga "ICB 119" contra el cáncer”. El País. 3 de septiembre de 1976: http://elpais.com/diario/1976/09/03/sociedad/210549605_850215.html
Sánchez Ocaña, Ramón. “Un grupo de enfermos pide al director general de Sanidad la droga anticancerosa IBC”, El País. Viernes, 1 de octubre de 1976
Alfaro, Emilio: «El l.CE.BE.-II-9 y el Cáncer»; Tribuna Médica, Madrid, 1973. Id.: «Segundo informe sobre el l.CE.BE-119, 1. ª y 2. ª Parte»; Tribuna Médica, Madrid, 1974. Id.: «Lo que sabemos hoy del l.CE.BE.»; Andalán, 1979. Del Amo, J.: Nuestros cerebros dentro; Ed. Felmar, Madrid, 1977.

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