Los aragoneses utilizamos una
expresión muy castiza para enviar muy lejos a la gente o para expresar hartazgo
o cansancio de una cosa, cuando nos pasa algo de esto solemos mandar la cosa,
la persona o lo que sea “a Kaskala”. He oído algunas versiones sobre el origen
de la famosa palabra pero yo me quedo con una que creo es bastante acertada o
al menos curiosa.
Cuando Hernán Cortés llegó a México
allá por 1519, encontró como principales aliados contra los indios Mexicas o
aztecas, a los Tlaxcaltecas. Una tribu que no solo le apoyaron en su lucha
contra Monztezuma, sino que además le aportaron importantes ayudas, Malinche o
Marina formaba parte de esta etnia. Unos años después un obispo aragonés, Fray
Julián Garcés un sacerdote dominico nacido en Munébrega, cerca de Calatayud, se
convirtió en el primer obispo de Nueva España, que es así como se llamó México
durante la época colonial, estableciendo su primera diócesis en Tlaxcala hacia
1525 y fundando la ciudad de Puebla de Zaragoza de los Ángeles como
capital de la diócesis de Tlaxcala. Hoy
en día Tlaxcala es uno de los Estados Federados de México y se encuentra ubicado
en el sur este del país, formando un nudo estratégico entre México DF. y
Veracruz en el Caribe.
Puebla de Zaragoza, conocida oficialmente
como “Heroica Puebla de Zaragoza”,
o simplemente “Puebla” es una metrópoli cabecera del municipio del mismo
nombre, capital y ciudad más poblada del estado homónimo, así también de la
Zona Metropolitana de Puebla-Tlaxcala y la cuarta concentración urbana más importante
del país detrás de la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey. La ciudad
también es conocida como «Puebla de los Ángeles» (ya que cuenta la leyenda que
fue exactamente trazada por ángeles) por lo cual también se le denomina como la
Angelópolis. Se localiza en el altiplano central de México en la parte
centro-oeste del estado, en la zona geográfica conocida como “Valle de Puebla”.
Fue fundada el 16 de abril de 1531 como Puebla de Ángeles y construida de
acuerdo con los planes del obispo bilbilitano fray Julián Garcés.
Este acontecimiento seguramente llegó
en su día a oídos de los aragoneses que enseguida comenzaron a conocer a la
ciudad de “Puebla” como “Zaragoza de Tlaxcala” pero como los habitantes del
valle del Ebro son muy dados a adaptar las palabras para sí, distorsionándolas
en ocasiones de manera exagerada y esdrújula, es muy posible que alguno le
diera por mandar a otro a Zaragoza pero no la del valle del Ebro, sino a la de
Tlaxcala del valle de Puebla pero con fabla
aragonesa es decir, transformando de manera incomprensible “Tlaxcala” en “Kascala”
y se quedó tan ancho, el caso es que la expresión debió crear fortuna y de ahí
que cuando queramos mandar algo muy lejos y no queramos saber nada de él, lo
enviemos a “Kaskala” que es un lugar indeterminado e impreciso, pero eso si
lejano y eso es lo que voy hacer con 2020 enviarlo a Kaskala, que no a Tlaxcala
que no tienen ninguna culpa.