jueves, 11 de agosto de 2016

Enrique Sarto Lázaro




Ha aparecido en el Crónicas del Bajo Gállego en su edición del mes de agosto de 2016, pág. 7
Una reseña en la que se hace eco de un homenaje llevado a cabo en honor al recientemente fallecido Enrique Sarto Lázaro, publicación en la que he tenido el honor de participar a petición de la Asociación de la Tercera Edad de Villanueva de Gállego, en ella he equivocado el nombre del padre de Enrique, sencillamente di por hecho que se llamaba Amado e incluso hablando con Lorenzo, hermano del fallecido, me pareció interpretar que era así, pido disculpas por el error ya que en realidad se llamaba Agustín, (Amada se llamaba su madre) quisiera de paso agradecer la colaboración al hermano de Enrique, Lorenzo y a su sobrino Julio, así como a la confianza que me dio la Asociación y pedir disculpas por el error. Lo que sí que me han confirmado y constatado es que Agustín Sarto Fleta era primo de Miguel Fleta, el tenor aragonés.

Enrique nació en Villanueva de Gállego y aunque su vida laboral se desarrolló en Renfe, la gente de cierta edad le recuerda por ser el último colchonero del pueblo, un oficio ya desaparecido como tantos otros. Enrique cogía sus bártulos e iba a la casa donde le llamaban, allí le esperaba el viejo colchón de lana; vareaba la lana vieja y la mezclaba con la nueva, una vez terminada la faena cosía el nuevo colchón, que ya estaba listo para ser usado hasta el año siguiente y así, durante mucho tiempo era habitual verle con su bicicleta, sus palos y su mochila donde guardaba su aguja y sus hilos camino de una cochera o de un patio donde ejercía un oficio que había aprendido de su madre. Se puede decir que Enrique conocía los secretos de todos los colchones del pueblo, quizás por eso era discreto, callado, silencioso y sobre todo amable.


Cuando le llegó la hora de la jubilación, este hombre intemporal e inquieto, dedicó su labor a la Tercera Edad. Enseguida encontró un lugar donde poder ejercitar su afición, la Petanca, en el viejo jardín de la antigua casa del Médico, el actual Consultorio. Espacio que él cuidaba con especial esmero, cuando no estaba allí lo normal era verle en el local social de la Tercera Edad, siempre dispuesto a participar u organizar algo. Atento, amable, discreto, Enrique se fue casi sin decir nada la víspera del día de San Isidro de este año a los 84 años. Descanse en paz Enrique Sarto Lázaro.


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