miércoles, 2 de agosto de 2017

Sierra de Santo Domingo


Qué razón tiene Eugenio Monesma; cuando dice que Aragón es un país de piedras, de rocas, de peñas. Al fin y al cabo nuestro primer patrón como reino fue San Pedro, por algo sería. En esta tierra tenemos muchas formas de llamar a las formaciones rocosas como “los mallos de Agüerro”, “los de Riglos”, el Rodeno de Albarracín y Peracense o los turullones monegrinos. Tenemos la sierra de Armantes en Calatayud, las Peñas de Herrera en el Moncayo, la Brecha de Rolando en Ordesa, los órganos de Montoro (ojo no el ministro) en Teruel, las de Aliaga y el Parriçal de Beceite entre otras muchas formaciones pétreas que pueblan el valle medio del Ebro.

Estas no son muy conocidas, quizás porque están oscurecidas por sus hermanos mayores los mallos de Agüero y de Riglos, pero tienen su aquel. Las peñas de Santo Domingo entre los términos de Biel, Luesia y Longás, en la cabecera de la Val d’Onsella y en las Cinco Villas zaragozanas están llenas de magia, como las demás, de leyendas que hablan de bandoleros, de pastores trashumantes, de guerrilleros y también de mozárabes que se refugiaron entre sus vales para resistir a la invasión musulmanas, no obstante en esa zona nacería lo que luego sería el reino de Navarra y Aragón.

Con 1.500 metros de altura son, tras el Moncayo, la segunda cumbre de la provincia de Zaragoza. En el centro de la sierra se parten en dos peñascos de casi igual altitud, con tan solo un metro de diferencia entre una roca y otra, un paso natural en el que se encuentra enclavada la ermita de Santo Domingo esta sierra es una de las zonas más vírgenes de Aragón, en ella conviven extensiones de robles y hayedos y unas 500 especies de setas con diversidad de especies animales como la mariposa Apolo, el ciervo volador, el milano real y, sobre todo, el Quebrantahuesos, que tiene aquí su propia zona de protección. Además en el territorio confluyen legados históricos como asentamientos Neolíticos, medievales o de la Guerra Civil Española y entornos naturales como el pozo de Pigalo, el hayedo de la Val o el Puig Moné.

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