martes, 6 de agosto de 2019

Sertorio: La forja de un mito

Ruinas de Rodén viejo (Zaragoza), se dice que bajo sus piedras se esconde un campamento sertoriano

Una vez dominado el Valle del Ebro por las legiones, el paso siguiente sería penetrar hacia la Meseta. Hasta el año 138 a. C. la presencia transalpina en la depresión fue casi exclusivamente militar y se caracterizó por concentrarse en el mantenimiento de la paz mediante la ley o la fuerza, así como por la explotación de los recursos económicos, sin que apenas se asentara población civil. Paralelamente a la ocupación castrense, la población autóctona iba adoptando paulatinamente las formas de vida de la metrópoli, sobre todo los artículos de consumo como el vino y el aceite. Los yacimientos de la época muestran productos artesanales procedentes de Italia como la vajilla de mesa de engobe negro, conocida por «campaniense». También se construirán importantes vías de comunicación como la calzada que comunicaba el centro del valle con Osca e Ilerda con Tarraco, construidas entre los años 118-114 a.C. El río Ebro se convirtió en navegable para embarcaciones de poco calado que llegaban hasta la Rioja. De las decisiones del Gobernador instalado en Tarraco (actual Tarragona) dependían los indígenas peninsulares. Estos recibían anualmente su visita de inspección en la cual se impartía justicia y administraba la comarca. Uno de los bronces de Contrebia es un ejemplo claro de ello; aunque lo redacte el Senado local, el documento posee numerosos tecnicismos del derecho romano que lo delatan. Los nativos conocían latín, aunque en su mayoría utilizaban su lengua nativa y nombres vernáculos, algo que se puede apreciar en el Bronce de Áscoli, aunque en dicho documento también aparecen nombres latinos.

En torno al año 100 a. C., la metrópoli  romana está dividida en dos facciones; la de los Populares encabezada por Mario y Cinna y la de los Aristócratas u Optimes liderada por Sila. El Valle del Ebro será escenario principal en esta guerra civil que se desata en la Urbs y que se trasladará a tierras hispanas, destacando en estas operaciones Quinto Sertorio. Este general había nacido en Nursia hacia el año 123 a.C. en la región italiana de la Sabinia, cercana a Roma. Comenzó su Cursus Honorum al servicio de Mario, luchando contra cimbrios, teutones y destacando por sus cualidades castrenses. Tras adherirse al llamado Partido Popular romano pudo sobrevivir al asalto de Roma protagonizado en el año 88 por el Aristócrata Sila, lo que fue considerado en su momento todo un sacrilegio. El nuevo dictador se encaminará hacia oriente, donde realizará una brillante campaña militar contra Mitríades VI, de la que regresará con los laureles del triunfo y un gigantesco botín, es el triunfo definitivo de la facción aristocrática. A su regreso se enterará de que Cinna, a quien habia dejado al frente del gobierno de la Ciudad Eterna, se había aliado con el popular Mario y que ambos habían enviado a Sertorio a Hispania Citerior con el cargo de Pretor. Los optimates acusan entonces a los populares de haber abusado del poder durante la ausencia del César y comienzan entonces una campaña contra sus contrarios, entre los que se encontraba el Pretor de la Tarraconense. En el año 82 Sila publica la Lex Valeria que le permite ocupar la Dictadura por tiempo ilimitado y evita que sus enemigos puedan defenderse mediante la intercesión de los llamados tribunos de la plebe. Tampoco podrán apelar a los comicios romanos en caso de ser condenados a muerte, en definitiva se inicia la represión con listas de proscritos y condenados a muerte entre los que se encuentran la clase adinerada de los caballeros, a quienes se les confiscan sus fortunas.

Sertorio que durante su mandato como Pretor se había sabido ganar la amistad de los indígenas, con una conducta inteligente y moderada que le permitiría acercarse a la mentalidad de los hispanos. Cuando fue cesado por orden de Sila en el año 81 pudo hacer frente a las legiones en el valle del Ebro, ya que para él era un punto estratégico por ser el centro de la ruta hacia las Galias, sin embargo fue traicionado por el general romano Cayo Annio Lusco, quien consiguió expulsarle de la península. El general sabino embarcó con sus tropas en Cartago Nova con el propósito de trasladarse a la Mauritania Tinguitana. Una vez en territorio del actual Marruecos se ganó la confianza y amistad de las tribus mauris (moros) y organizó un ejército formado por exiliados romanos y africanos. Un año después de su marcha al norte de África, volvió a la península desembarcando en Baelo consiguiendo el apoyo inmediato de los lusitanos.

Derrotará al gobernador de la Bética afianzando su poder. Sila responderá enviando a la Hispania a Quinto Cecilio Metelo Pío, al mando de dos legiones. Pío sufrirá una primera derrota en Lacóbriga, (Lagos) viéndose obligado a retroceder a la línea del Guadiana. Corre el año 77 a. de Cristo y el poder de Sertorio se encuentra en su apogeo tras las victorias en las ciudades de Bilbilis (Calatayud) y Contrebia. En sus manos se encuentra todo el territorio ibérico, arrebatándole el dominio a Roma. Se hace fuerte de nuevo en el Valle del Ebro y controla, a excepción de algunas ciudades costeras todo el interior de la Citerior. Encontrará importantes refuerzos gracias al apoyo del general romano Perpenna y de las tribus celtíberas unidas a él, atraídas mediante el tradicional pacto de fides. Se calcula que llegó a tener bajo su mando directo unos 60.000 infantes y 8.000 jinetes. Movidos por estos fuertes lazos clientelares Tito Livio menciona como los soldados íberos arriesgaron sus propias vidas para salvar la de Sertorio, para quien en cierta ocasión construyeron con sus propios cuerpos una torre humana, que sirvió al general para escalar las murallas de una ciudad y refugiarse en ella. Se cuenta también que se hacía acompañar de una corza blanca, animal sagrado que representaba a la diosa Diana y se dice que esta última, daba consejos militares a Sertorio a través del cérvido. En cierta ocasión extraviada el animal en el fragor de una batalla, el Sabino hizo que reapareciera milagrosamente para que de esta manera, infundiera ánimo en los indígenas de su ejército. De nuevo los conceptos fides y devotio aparecen unidos. De nuevo los conceptos fides y devotio aparecen unidos. 
  

Huesca, la capital de Sertorio en Hispania

Gascón Ricao, Antonio. “El hechizo de El Castellar” en Cuadernos de Aragón nº 35. Institución Fernando el Católico & DPZ. Zaragoza 2007.
Utrilla Miranda, Pilar. Gran Enciclopedia Aragonesa, tomo XI (1981)  “Sertorio”, págs., 3063-64.

Garcia Morá, Félix, Quinto Sertorio, Roma Edit. Granada 1991.
Aguilar, Joao, Sertorio. Un general contra Roma, Edhasa 2009. (novela)

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