lunes, 30 de marzo de 2020

Una historia del bar España de Villanueva de Gállego




Esta fotografía que aparecía ayer en el diario El Mundo, me ha recordado una historia que contaba mi abuelo. Resulta que recién acabada la guerra civil, los rojos que habían quedado en el pueblo se habían quedado sin lugar de reunión, el casino se lo habían cerrado e incautado y tampoco tenían un lugar donde ir a “echar el guiñote”. El caso es que poco a poco se fueron reconcentrando en un bar que había en la plaza, junto al ayuntamiento y que se llamaba “Bar España” este establecimiento era también de un republicano de Villanueva que puso a su negocio en principio el nombre de “Bar Pavonni” en honor a una cafetera italiana que tenía y que era de esta marca. Durante la guerra le habían hecho cambiar el nombre del establecimiento, porque parecía que se burlaba de los italianos que había destacados en el pueblo y no les gustaba que se llamara así, entre otras cosas porque uno de sus generales tenía ese apellido.

El caso es que los rojos de Villanueva de Gállego encontraron en el bar España un lugar amigo de reunión para “echar la partida” y en esa faena estaban un día, cuando se abrió la puerta y por ella entraron una brigadilla de falangistas locales ataviados más o menos como los personajes de la fotografía, pero en consonancia con la época es decir; con batas blandas, instrumentos de cirugía y en lugar de jeringuillas, pistolas. Los falangistas taponaron la puerta y parafraseando al clásico ordenaron “silencio” a todo el mundo, acto seguido indicaron que se pusieran todos en pie a entonar el “Caralsol”, los que estaban sentados se levantaron de sus asientos, pero hubo tan solo uno que permaneció en su sitio, continuando la partida. Se llamaba José Turrado, era funcionario municipal y por sus simpatías republicanas estaba sometido a lo que hoy llamaríamos acoso, pero José resistía, era soltero y bastante inteligente, seguramente pensaba que poco tenía que perder y además le daba igual. El cabecilla de los falangistas se dio cuenta de la jugada y se dirigió hacia él con intención de obligarle a levantarse. Llego a ponerle una mano sobre su hombro pero no le dio tiempo a decir nada más, cuando se dio cuenta estaba rodando por el suelo efecto del puñetazo que le había propinado José en la cara, no se ensañó con él, volvió a su sitio y continuó esperando con sangre fría, a que continuara la mano. Los asistentes a la escena se quedaron petrificados, entre ellos mi abuelo, muchos pensaron que de allí no salían vivos, después de haber resistido tres años de guerra. Pero no sé si la cobardía patológica de aquellos pseudo enfermeros o los efluvios sagrados del lugar, pues el bar se había levantado sobre lo que antes había sido la iglesia del pueblo, el caso es que los falangistas salieron corriendo del lugar y nunca más volvieron.

Jossé Turrado (Protagonista de nuestra historia)

Lo curioso de ambas historias, la de la fotografía hace referencia a la presencia de Albert Rivera hace un año en Estella (Navarra) y la protesta de unos batasunos, hablan de lo mismo y es que en ocasiones “los extremeños se cambian los cromos”. Desinfectar al contrario, solo cambian los adjetivos, los unos eran rojos y el otro fascista. Desinfectar, destruir, controlar, marcar, utilizar al enemigo y cuando ya no sirva, arrinconarlo o tirarlo, anularlo eliminarlo en definitiva. En el fondo una misma idea totalitaria con un mismo fin, que el pensamiento único prevalezca sobre cualquier otra forma de idea u opinión. No justifico la violencia, quizá aquellos eran otros tiempos, más duros que éstos tal vez pero a veces, nos parecemos tanto a nuestros abuelos.

El bar España se encontraba en el centro de la fotografía, justo bajo la torre y pegado a ésta, en su lado derecho (Fotografía: Google maps)

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