miércoles, 27 de octubre de 2021

Beratón 8 de febrero de 1874: cuando se fueron más contentos que Chupina

Plaza de Beratón (Soria)

El pasado fin de semana estuve de nuevo en Beratón (Soria) y me volví a encontrar con un rótulo muy curioso en una de sus calles y en el que dice: “calle del 8 de febrero” así sin más, como si los pocos vecinos que tiene esta pequeña localidad soriana, fronteriza con Aragón y situada en la falda suroriental del Moncayo, supieran de antemano que sucedió un 8 de febrero de un año indeterminado y, ya lo creo que lo saben, como que a finales del siglo XIX circuló por los pueblos del somontano moncaíno el titulado “Romance de Beratón” en el que se habla del robo que acaeció en el pueblo el domingo 8 de febrero de 1874. 

En este pequeño enclave ha debido ser difícil la vida de siempre, primero como territorio de frontera, después por el clima extremo que sufre la localidad, tanto en verano como en invierno y sobre todo por lo alejado que se encuentra de sus pueblos vecinos. Como dice la página web de su ayuntamiento; “El carácter rural y pastoril de Beratón, más aislado y con peores accesos que otros pueblos del entorno de la sierra y de las cercanas tierras ribereñas de la llamada ‘Rinconada’, no dio protagonismos especiales a la rayana localidad soriana. Y eso que la estratégica ubicación de la comarca moncaína hizo que todos la desearan durante la Edad Media. Primero las disputas fueron entre moros y cristianos y luego entre los reinos de Aragón, Navarra y Castilla”. Esto sin duda alguna, lo han sabido bandoleros y bandidos a lo largo de los siglos y ya, a mediados del siglo XIX se tienen noticias de malechores que atacaban la localidad, para luego buscar refugio en las abruptas sierras que la rodean. Pero lo sucedido a principios del año 1874 marcaría un antes y un después en sus habitantes que decidieron dedicar una calle en recuerdo de aquella fecha. 

Según aparece en el Boletín Oficial de la Provincia de Soria (circular número setenta y publicada por el Gobierno civil de la Provincia): “En el pueblo de Beratón, el día 8 del que rige [febrero] ha entrado una partida latro-facciosa y sorprendidos todos los vecinos de dicho pueblo, dentro de la iglesia cuando estaban oyendo misa. Robaron seis casas; pero, cuando se disponían a marchar con el fruto de su rapiña, fueron atacados por el somaten de los pueblos vecinos [Purujosa, Borobia y La Cueva de Ágreda], [quienes dieron] muerte a cuatro de los ladrones, hiriendo y haciendo prisioneros a los seis restantes que aparecen ser vecinos de Noviercas, Serón, Ledesma, Buberos é Hinojosa del Campo, hallándose entre ellos el Regidor Síndico del primer pueblo. Soria, 10 de febrero de 1874, El Gobernador interino. Cándido Carretero”. 


Foto: http://soria-goig.com/Pueblos/pag_0549.htm


Por aquellas fechas España se encontrada sumida en el caos, había salido de la fracasada I República, tras un golpe de estado que se había transformado en un estado es excepción sine die bajo el mandato del general Serrano y no muy lejos del Moncayo, los carlistas habían comenzado su III Guerra. El vació de poder y las consecuencias socio-económicas que conllevaba la situación, eran un caldo de cultivo propicio para el bandolerismo, proliferando numerosos grupos por toda la geografía nacional, la banda del tío Chupina era una de ellas. Francisco Gómara Martínez, que así se llamaba en realidad, era natural del pueblo soriano de Serón de Nágima, creció en la Soria más empobrecida, desde muy joven era cazador (de ahí el mote pues utilizaba escopetas muy antiguas que hacían una explosión o “chupinazo” al ser disparadas) y también se dedicada al contrabando, sobre todo de leña. Estaba casado y tenía tres hijos, en el momento del robo de Beratón contaba unos 40 años. La Sentencia que lo condenó por el hecho dice de él que era un hombre “De malísima conducta, sabe leer y escribir y ha sido según sus propias manifestaciones, procesado dos veces en el Juzgado de Almazán y según testimonio que obra en autos, aunque no puede asegurarse de una manera indudable que se refiera a él, pues no conviene con su segundo apellido, edad ni naturaleza, pero si en el apodo y demás circunstancia cuatro veces en dicho Juzgado, una por atentado contra la autoridad y otros excesos se le impusieron diez y siete meses de prisión correccional y treinta duros de multa; otra no se expresa porque se le impuso mes y medio de prisión en la cárcel; otra por corta de leña, amenazas y lesiones al Guarda del monte se le impusieron nueve años de prisión mayor y cien duros de multa, y otra por amenazas a un particular y golpes inferidos al Juez Municipal suplente de Serón, la que se declaró falta.”. Así vivió hasta que encontró en el bandolerismo su forma de subsistir y cuando que decidió formar “una sociedad junto a un grupo de saltatumbas”. Cansados de esta actividad, decidieron llevar a cabo el “robo perfecto” con el que pasaran a la historia y nada mejor que robar a todo un pueblo, en este sentido Beratón tenía todos los boletos para ser agraciado con su aventura, aislado en un rincón lejano del somontano sur del Moncayo y alejado de todos sus vecinos, el pueblo más cercano es la Cueva y está a 10 kilómetros en línea recta. La partida de Chupina se dispuso a operar en esta pequeña localidad. Bueno, no tan pequeña pues se sabe que el pueblo contaba a principios del siglo XX con unos 400 vecinos, lo que nos hace pensar que 25 años antes, contaría con unos 500, digo esto para hacernos una idea de lo que ocurrió en esa fecha y de su trascendencia y es que por entonces era un pueblo de entidad. 

El 8 de febrero de 1874 era domingo y como de costumbre la iglesia de Beratón estaba llena para la misa dominical. La ocasión la pintaban calva debieron pensar los bandoleros quien, con Chupina a la cabeza y armados con trabucos, irrumpieron en el tempo y encerraron en él a todos los presentes. Una vez detenido todo el vecindario en la iglesia, fueron sacando uno por uno a los feligreses “acompañándoles” a sus viviendas con el fin de desvalijarlas. A alguno, después de robarle sus pertenencias fue degollado por los bandoleros. Éstos poco a poco se fueron haciendo con el botín y emocionados por la sorpresa, se dispusieron a celebrar lo recaudado. “Mala idea combinar el alcohol con lo delictivo” pues encerrados en una casa y celebrando el botín, varios jóvenes lograron descolgarse por la torre de la iglesia y fueron a pedir ayuda en los pueblos vecinos de La Cueva, Purujosa y Borobia. Mientras tanto, algunos parroquianos logran salir de misa y se deciden a atacar a los bandoleros quienes, al verse sorprendidos intentan huir, en estas llegan los somatenes de las localidades vecinas que les hacen frente; matando a varios e hiriendo a otros, entre ellos a Chupina que recibió un disparo en la pierna. Se cuenta que éste, después de varios años encarcelado, acabó sus días cojo y vendiendo pelotas por los pueblos sorianos. Las hazañas del bandolero han pasado al imaginario popular con un famoso dicho: “más contento que Chupina” expresión que se utiliza para describir como se queda uno cuando recibe una sorpresa o algo que no esperaba. 

La acción digna sin duda de una película, fue en cambio protagonista de un romance que se recitó en muchos pueblos de la serranía celtibérica a lo largo de unos años, este se recogió en el mismo Beratón y fue aportado por doña Dorotea Serrano y están basados en el saqueo sufrido por el pueblo el domingo 8 de febrero de 1874. Publicados en la web ‘Soria pueblo a pueblo’ de Goig Soler

 

Torre campanario de la iglesia de Beratón, por donde escaparon algunos feligreses para pedir ayuda

 

Salve, Reina de los Cielos,

amparo del afligido.

Dadme luz para explicar

el nuevo caso ocurrido,

en este presente año,

con diez facciosos bandidos. 

En el pueblo de Beratón

situado al pie del Moncayo

en territorio muy frío,

pero que habitan en él

algunos ricachoncillos,

cuyos bienes codiciaron

los desalmados bandidos. 

El día ocho de febrero

domingo, fiesta y festivo,

se plañeron las campanas

llamando a aquellos vecinos

al Santo Templo de Dios

a oír el divino oficio. 

Y cuando todos estaban

en el templo reunidos,

el párroco dio comienzo

al divino sacrificio.

Se encajaron en la iglesia

varios de los forajidos,

quedando los otros fuera

como tenían previsto. 

A las mujeres asustan,

amedrentan a los niños,

a los hombres boca abajo

mandan ponerse allí mismo.

Requiriendo los trabucos,

empuñando los cuchillos,

"Nadie se mueva” -gritaban

teniendo puñal en mano-

si no quieren obedecer

pronto irá un arcabuzazo.

Hubo uno que se hizo fuerte

y no se echó boca abajo,

le dieron con un cuchillo

y le rompieron un labio. 

Se aproximan al altar

donde estaba celebrando

el cura de la parroquia

y el sacristán ayudando.

"Prosiga usted con su misa

que todos somos cristianos".

"¿Cómo yo he de proseguir si,

como estáis observando,

los dos niños que ayudaban

se fueron amedrentados,

y hasta a mí el sagrado lienzo

se me cayó de las manos?". 

Sin ningún temor de Dios

se pasean por el templo,

haciendo mofa y escarnio

del divino sacramento.

Para aquellos bandoleros

aquél Dios de las alturas

sólo está en el firmamento

y olvidan los anatemas

al menos, por el momento. 

Ya se concluye la Misa,

y comienza el saqueo,

ya se cuadra el capitán,

muy valiente y muy severo:

"Salgan de aquí esos pudientes,

el Ángel, el Molinero,

los del barrio de la Plaza

que tienen mucho dinero,

y si pronto no lo entregan

van a pagar con el cuello". 

Tres fueron los que se echaron

desde el campanario abajo

con peligro de sus vidas

y al cementerio cayeron.

¡Oh qué acción tan prodigiosa

esos valientes hicieron,

al dar aviso a otros pueblos

como lo verá el lector

si procura estar atento! 

Uno se marchó a La Cueva

otro fuese a Purujosa

y un hijo del Molinero

a la villa de Borobia.

Los tres se fueron corriendo

como el caso requería

a buscar un buen auxilio

en los pueblos convencinos,

mientras que los sitiadores

registraban los bolsillos. 

A cuántos de Beratón

les quitaron sus ahorrillos.

Sacaron la Marinola

la mujer del Marianillo,

la mayor contribuyente

de todo este pueblecillo.

Entonces el capitán

o jefe de los malvados,

se retiró del altar,

coge a dos hombres del brazo

y los lleva hasta el altar

para que ayuden al párroco. 

¿Qué sabían de ayudar

aquellos pobres ancianos,

que habían estado siempre

con ganado en el Moncayo?

Pero a esto los bandidos

los tenía sin cuidado.

La llevaron a su casa

y mandaron degollarla

como se hace a un cabrito,

hasta arrancarle el postrero

cuarto, de los escondidos. 

Y así sucesivamente

hicieron a otros vecinos,

después de desvalijados

los llevaron a la iglesia

y los dejaron atados

pa sumarlos al martirio.

Terminada la tarea

los ladrones reunidos

llenos de satisfacción

y con regocijo henchido

metiéronse en una casa

a atracarse de chorizo. 

Muy pronto los de la iglesia

salieron pegando gritos.

Se querían escapar

pero no les fue preciso,

sufrir o morir han dicho.

Tal fue un Lucio, que armado,

los vio por una calleja

y tuvo tal advertencia

de bajarse y esconderse

tras la pared de una era. 

Los ladrones allí estaban

haciendo muy buenas cuentas

sobre la repartición

de unas robadas monedas.

Igual Lucio las arregla.

Yo puedo matar a uno

se dice, con honda pena,

pero, yo muero también,

que venga lo que Dios quiera.

Se santigua y dispara,

y fue su suerte tan buena

que atravesó al capitán

de lado a lado una pierna. 

Con otros diez trabucazos

los bandidos le contestan

y a la Virgen de los Santos,

cuyo escapulario lleva,

les saca y les da a correr

hacia el Valle como ciervas,

y pronto los purujusanos

asómanse a la cuesta,

cargados de hoces y palos

y otras ofensivas armas

que junto con los del pueblo

y otros que de lejos llegan

dan alcance a los bandidos

en las cercanas laderas,

y obligánles a rendirse

después de brutal pelea

dando por resultado

de estos tristes episodios

tres muertos tendidos quedan,

dos heridos, cinco presos,

los conducen al poblado

cruzados en cinco bestias

y pueblo y autoridades

piden a los cinco vivos

que se hagan los responsables.

 

Más noticias sobre el suceso:

https://sorianoticias.com/noticia/2020-02-04-el-tio-chupina-un-ladron-historia-beraton-64908 

http://soria-goig.com/Etnologia/pag_0813.htm 

http://soria-goig.com/historia/historia_13n.htm

 

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