Ernesto Arróniz, una servidora, Clara Fuertes, Magdalena Lasala, Manuel Laviña Enrique García
Tengo que decir que no me gustan mucho estas cosas de las casetas en la feria del Libro y la verdad, no me veía dentro de una de ellas firmando pero, nunca puedes decir “de esta agua no beberé” ni “este cura no es mi padre”. El caso es que el día llegó y estuve descubriendo que tengo alma de vendedor de libros y de firmarlos en la Feria del Libro de Zaragoza, al cobijo de la caseta de la librería Albareda y que también dirige Manuel de la Viña Rajadell. El día nos dio tregua y estuvimos muy bien, además con buen ambiente. Compartí ocasión con, como el dije; una sacerdotisa de las letras aragonesas, Magdalena Lasala, con una joven promesa de la literatura, Clara Fuertes con quien compartí libros es decir yo le dediqué uno para ella y ella me dedicó uno para mí sobre las “Golondrínas” montañesas que iban a trabajar a la “alpargata” en Mauleón (Francia) y es que mis abuelas paternas fueron “Golondrinas” en su juventud, tengo que reconocer que es toda una artista en esto de la firma. También estuvieron, pero un poco más alejados los otros chicos de la caseta; Enrique Garcia y Ernesto Arróniz además, a cada uno que se llevaba un libro nuestro, le regalábamos una piedra preciosa con un significado. No estuve mucho rato, de las 11 de la mañana a las 14 horas pero fueron intensas y cargadas de emoción, tuve algún reencuentro con familiares que no veía hace años y fue una alegría, también pasaron gente conocida y desconocida, algunos de ellos muy emotivos con ganas de descubrir un poco más de la historia en Aragón, saludé algún viejo maestro y al final vino a verme Kala, una perrita a la que conozco desde hace un par de meses y que me ha cambiado la vida, con su alegría hojeó mi libro y me prometió que se leería uno y si no, se lo leeré yo, con su patita revolvió la bolsa de las piedras mágicas y sacó un “aragonito”.
Muchas gracias a todos los que
pasasteis, comprasteis y compartisteis esta mañana mágica y sobre todo a Vero
que me atendió de maravilla y que tiene unos niños maravillosos ¡ah! y a Elena,
la mujer de Manuel y con quien comparto apellido, por cierto me dijo que el año
que viene tengo que venir con el Biel cargado, que en este libro no aparece, no
es la primera persona que me lo dice, tendré que avisárselo a la Editorial.