sábado, 15 de julio de 2023

La tormenta de 1923, en la huerta de Zaragoza

Fotografía aérea de la carretera de Cataluña, al norte de Zaragoza, según fotografía aérea 
tomada en 1927 por la CHE (Archivo Igear Aragón)

En la misma Zaragoza y a consecuencia de haber sido rotas en San Juan varias acequias con objeto de desviar las aguas, un aluvión inundó una gran extensión del barrio de la carretera de Barcelona (actual La Jota) donde tuvieron que ser desalojadas precipitadamente 200 casas y 60 vaquerías. Los bomberos trabajaron para desaguar la zona inundada creyéndose que dada la extensión y la proximidad del río Gállego, éstas escurrirán fácilmente, sin que haya que temer grandes daños[i]. «Un laberinto de carros dificultaba el tránsito por la carretera del Gállego, encharcada por el mayor nivel del agua, pasando a inundar las propiedades agrícolas y las viviendas en la margen derecha en dirección al otro camino del Gállego, próximo al llamado del Vado, La casa que hace esquina a la entrada del camino de Cogullada, se había hundido casi en su totalidad… Presenciamos dos hundimientos de casas, una es la llamada torre del Escribano y la otra próxima a la Azucarera de Aragón, estas estaban construidas en su mayor parte de adobe y se explica fácilmente su derrumbamiento. Las inmediatas a la antigua fábrica de Lóbez aparecen convertidas en inmensas lagunas, salvando el desnivel de la carretera que es de cerca de dos metros e inundando los campos de la derecha. Los moradores de las parcelas de Escudero (la calle 11 de Julio) empezaron a desalojar sus viviendas, llevando a hombros los enseres llegándoles el agua en algunas partes de la carretera a la rodilla; en carros y caminos eran después transportados a distintos puntos. La misma orden se dio a los habitantes de las torres y casas que existen a la derecha de la carretera hacia el camino del Vado, ante el temor de que las aguas, buscando el natural declive las alcanzase. En la azucarera de Aragón; pasaron todo el día los obreros construyendo defensas con sacos llenos de tierra y barro para evitar entrase el agua dentro de la fábrica. La casa llamada de los obreros fue desalojada llevando los muebles a uno de los almacenes de azúcar, que por su construcción más consistente ofrecía mayor seguridad las casas que existen al a entrada de la Azucarera también fueron desocupadas, lo mismo que en la fábrica de hijos y sobrinos de Solans»[ii]. 

Al otro lado del Gállego y en Villamayor, a las tres de la tarde del día 10 se desencadenó una fuerte tormenta precedida por un fuerte viento huracanado que derribó chimeneas y aleros de tejados; ocasionó perjuicios de consideración en los árboles frutales. «Después se sucedieron una serie de tormentas que no han cesado hasta las cuatro de la mañana del día de hoy 11 de julio muy aparatosas, que afortunadamente nos han prodigado lluvias torrenciales muy beneficiosas para la huerta y las viñas del monte. En la casa del vecino de Villamayor Agustín Escario, se formó una sima de bastante consideración»[iii]. En los barrios de Santa Isabel y Montañana, este último separado de San Juan tan solo por el Gállego, la tormenta causó destrozos de consideración en algunas viviendas, al igual que en Movera. En el cercano pueblo de Pastríz, también hubo pérdidas de consideración. 

Ya en la vertiente de la muela del Castellar que da al Ebro; en el barrio de Juslibol el cuadro era imponente, las calles estaban convertidas en arroyos y algunas casas amenazaban con hundirse «los mozos del pueblo tenían que abrir cauce a los torrentes de los barrancos para desviarlos del barrio, pero eran insuficientes para impedir que el agua convirtiese en lagunas; calles y plazas» Las cosechas estaban perdidas y los daños materiales fueron de enorme consideración, una anciana se quejaba ante los periodistas que se acercaron al lugar «y luego vendrán a cobrarnos la contribución»[iv]. Al otro lado del Ebro y en el cercano pueblo de Monzalbarba se hundieron tres casas[v] en este lugar se extendía una inmensa laguna de agua y en el centro de ella, la barriada obrera de la cercana fábrica y es que este núcleo fue uno de los más perjudicados, junto con las localidades ribereñas del Gállego. La circulación por tren en esta zona también estaba cortada en dirección Logroño y Pamplona. Por lo que respecta al barrio de Alfocea[vi], que se encuentra situado en la desembocadura de un barranco en la margen izquierda del Ebro y frente a Monzalbarba y vecino del pueblo de Juslibol. Existe una val que baja directamente del monte del Castellar y que recoge aguas del monte de Villanueva de Gállego, el barranco bajó con mucha fuerza hacia la vega y el pedrisco causó grandes daños sobre todo en la huerta de la localidad que da al rio Ebro.

En la parte inferior: el barrio de Alfocea visto desde las torres del Pilar y en la superior,
la Val de Alfocea



[i] Hemeroteca Virtual (Biblioteca Nacional) El Debate 12 de julio de 1923 (Portada)”El agua destruye dos pueblos aragoneses”.

[ii] Hemeroteca municipal de Zaragoza: El Noticiero viernes 13 de julio de 1923, página 2

[iii] Hemeroteca Municipal de Zaragoza. El Noticiero 12 de julio de 1923, página 2

[iv] Hemeroteca Municipal de Zaragoza. El Noticiero 13 de julio de 1923, página 2

[v] Hemeroteca ABC Madrid 12 de julio de 1923, página 15

[vi] Hemeroteca Municipal de Zaragoza. El Noticiero 12 de julio de 1923, página 3

jueves, 13 de julio de 2023

Península arábiga: el caliente continente


En este podcast repasaremos una de las zonas más “calientes” del mundo, me refiero a los países árabes del golfo Pérsico y la península arábiga

https://www.ivoox.com/peninsula-arabiga-pequeno-continente-audios-mp3_rf_112354196_1.html

 

Bibliografía:

Batalla, Xavier. Oriente Medio: Democracia o geoestrategia. Dossier de la Vanguardia nº.15, abril – junio 2005.

Varios. África del norte y península arábiga (traductor: Luis Soldevila) Editorial Debate. Madrid 1991.

Varios. Enciclopedia Espasa Calpe: Biblioteca “El Mundo” (edición de 2004).

OrientXXI (Los países del Golfo): https://orientxxi.info/es/article2317.html

 

Banda sonora:

David Lean (Director) Lawrence of Arabia, Columbia Pictures, Horizon Pictures. Productor: Sam Spiegel. Reino Unido 1962.

Música: Maurice Jarre

Lasse Hallström (Director) Salmon Fishing in the Yemen (La pesca del salmon en el Yemen.) BBC Film, Kudos Productions, Lionsgate, Reino Unido 2011

Música: Dario Marianelli “When you say nothing at all”

Trama: El doctor Alfred Jones (Ewan McGregor), miembro del Centro Nacional para el Fomento de la Piscicultura debe su reputación a un trabajo pionero sobre la reproducción de los moluscos. Cuando su jefe le pide que estudie la posibilidad de introducir el salmón en Yemen, rechaza la propuesta rotundamente. Lo que ignora es que detrás del proyecto está un acaudalado jeque árabe (Amr Waked) empeñado en exportar el arte de la pesca con mosca al norte de Yemen. Sin embargo, el disparatado proyecto capta la atención de un ambicioso asesor del primer ministro que ve en él, una excelente oportunidad para mejorar el prestigio del Reino Unido en Oriente Medio y de paso, consolidar su futuro político.

Música árabe en Dubai: https://www.youtube.com/watch?v=KCQw1J9AbmM

 

Colaboración: Andrea Bonafonte

Fotografía: Mapa de la península arábiga hacia 1935

miércoles, 12 de julio de 2023

Inundación en San Juan de Mozarrifar (Tormenta de 1923)

Fotografía sobre la zona de inundación (Avalada 1923). Manchada en turquesa la zona de inundación. La flecha azul indica la dirección del agua y en primer término, la ciudad de Zaragoza

Según cuenta Alfonso Vicente Millán en su colaboración al reciente libro publicado sobre las “inundaciones en San Juan deMozarrifar”. Fue al caer la noche del día 10 de julio, cuando comenzaron a circular los primeros rumores sobre la situación en el entorno del barrio zaragozano, situado a 7 kilómetros al norte de la ciudad. El precedente del Canfranero de la tarde, no pudo pasar del kilómetro 6 a la altura de la actual Academia General Militar. Varios viajeros explicarían que una lámina de agua de más de 400, metros inundaba la vía y parecía que el casco urbano del pueblo estaba completamente cercado por las aguas. Enterado de la situación, el Gobernador Civil [Rafael González Cóbos] intenta ponerse en contacto con la zona afectada pero no puede, por lo que da orden al capitán de la guardia civil, señor Carroquino para que junto con el teniente señor Ticio, se desplacen en automóvil a las localidades afectadas. Detrás de la Benemérita, varios reporteros gráficos se unieron a la comitiva que, en dos coches intentaron acceder a Villanueva. 

Los 13 kilómetros que distan entre la capital y la localidad de Bajo Gállego fueron una odisea. A partir del Arrabal ya empezaron a divisar los estragos de la tormenta en forma de árboles con ramas desgajadas que cortaban la calzada y con las cunetas desbordadas. “Los vehículos continúan su camino bajo un fuerte aguacero y relámpagos, siendo difícil conducir sobre la lámina de agua en la que se convirtió la calzada”. No lo cité en la anterior entrada pero el guardagujas del tren, que tuvo que luchar contra la fuerza de la corriente para salvar la vida se llamaba Marcelino Arcada. Comprobado que no pueden pasar a Villanueva, intentan entrar en San Juan pero también les es imposible. “El camino estaba bloqueado a unos dos kilómetros del pueblo. La comitiva tuvo que regresar de nuevo a Zaragoza sin saber en qué situación se encontraban las los localidades ribereñas del Gállego afectadas y sin saber si había más de lo que a primera vista intuían. Antes de regresar, los Números se desplazan al Cuartel de la Guardia Civil, que está en alto, para comunicar las novedades, estando en el lugar, la luz de un gran relámpago les mostró una visión casi apocalíptica; una enorme laguna se confundía con el Gállego a sus pies, “Era la una de la madrugada del 11 de julio y nadie, salvo los vecinos de San Juan y de Villanueva sabían que estaba sucediendo en sus pueblos”. Se da la circunstancia de que las tres parejas de la Guardia Civil del puesto de San Juan que accidentalmente se hallaban en Zaragoza, como más conocedores del terreno intentaron llegar con caballos a los pueblos inundados para prestar socorro a los vecinos. Tras penosos esfuerzos llegaron a la estación de San Juan, donde encontraron al jefe de solo y completamente rodeado por las aguas que alcanzaban en las vías una altura de metro y medio. Los Civiles llegaron después hasta el barrio derrochando heroísmo y hallaron que estaba totalmente desalojado. Los vecinos al notar al anochecer que los campos estaban inundados y que un torrente desbordado amenazaba el casco urbano; huyeron precipitadamente a refugiarse en una fábrica de papel, propiedad de Saturnino Calleja e instalada en una altura del pueblo, así como en la casa de un vecino llamado Mariano Huertos». Es curiosa la reacción del vecindario de San Juan, que denota cierta experiencia en cuanto a cómo hacer frente a las avalanchas de agua, lo que indica que no era la primera vez que los sanjuaneros vivían una de estas calamidades, que poseían cierto conocimiento sobre el terreno y los avisos que éste le enviaba le daba cierta sabiduría popular. «El párroco y su anciana madre fueron los últimos en abandonar el lugar»[i]. Se cree que las aguas habían alcanzado en el pueblo la altura de unos cuatro metros. 

Pasadas las 4 de la mañana del día 11, el propio gobernador encabezó la comitiva junto con los mandos de la Guardia Civil, con el objetivo de conocer de primera mano la situación. “En paralelo, seis guardias civiles de caballería intentaban alcanzar el pueblo, se trataba de los cabos Nicolas Pla y Domingo Paño así como sus compañeros; Blas Domínguez Laborda, Juan Casado Garcia, Ramon Ayala y Francisco Salas”. Llegaron al lugar donde los vehículos no habían podido acceder, y “con un débil farol intentaron acceder al pueblo, caminando sobre las aguas y obligando a nadar a los caballos. A primeras horas de la madrugada consiguieron llegar a un casco urbano desierto, ya que sus habitantes consiguieron salvar la vida refugiándose en la papelera Calleja y en la cercana fábrica de ladrillos de Almorín y Gabás[ii]. El amanecer hizo aparecer un espectáculo dantesco. El cuartel se situaba en altozano, sobre la torre de Palomar, lo que permitió al gobernador ver la extensión de la catástrofe: una laguna que se extendía hasta donde alcanzaba la vista cubría el lugar donde se situaba San Juan, su huerta, la vía férrea y sus torres. Numerosas casas se habían derrumbado, y otras seguían haciéndolo entre estruendo” en medio de un silencio ensordecedor. El primer efecto del desbordamiento de los barrancos fue la rotura de acequias, ya de por si a punto de rebosar, que hizo que el agua canalizada procedente del Gállego se uniese a la inundación he hizo que ésta se multiplicase. Aproximadamente 6.000 hectáreas de cultivo de remolacha estaban en peligro, al margen del resto de la rica huerta del bajo Gállego. “El gobernador solicitó de inmediato la participación de los Pontoneros y Cruz Roja, y pidió al alcalde de Zaragoza víveres y ropa para una población que lo había perdido todo bajo el agua. En un autocamión de la administración militar llegaron al pueblo veinticinco guardias civiles de infantería. No parecía haber daños personales pero en la primera exploración de las calles encontraron a cuatro hombres encaramados en lo alto del tejado de una casa envuelta en escombros. Calcularon unos tres metros de altura de, uno de los hombres se agarraba a una viga del tejado, los otros tres consiguieron sujetarse a los árboles cercanos. La barca de pontoneros consiguió acercarse lo suficiente para poder rescatarlos. Segundos después, la casa desapareció bajo las aguas. Se trataba de Pedro Curbel, Jose Lasheras y los hermanos Mariano y Eusebio Gracia”. Por lo que respecta al tren de Barcelona parado en Villanueva y que debía llegar a las cinco de la mañana, llegó a Zaragoza con doce horas de retraso». 

Un camión municipal consiguió llegar al pueblo con víveres para los trescientos vecinos que se refugiaban en la Papelera Calleja. Traían 600 kilos de pan, 150 kilos de carne, una caja de chorizos y 100 litros de leche. Durante ocho horas las barcas de pontoneros estuvieron cruzando la laguna bajo la que se encontraba San Juan, acercando a los vecinos a la orilla. Durante la tarde las tareas se centraron en intentar recuperar lo que fuera posible de las casas, animales domésticos, comida, muebles etc. La tormenta no entendía de situaciones personales. El ataúd de Dámaso Gimenez, vecino del barrio fallecido dos días atrás, tuvo que ser abandonado en casa y trasladado posteriormente al cementerio en barca. Unas trescientas personas se agolpaban medio desnudas y tapándose con mantas, en la fábrica de papel Calleja. El gerente, don Antonio Zurutuza, puso todos sus medios a disposición de la población”.

Se habla de cerca de cuarenta casas derruidas. La torre de Mariano Gracia, después de evacuar a sus habitantes, cayó con estrepito y la Torre del Francés también se derrumbó. Cuando sobre las 20 horas los pontoneros dieron por finalizadas las tareas de rescate y poco a poco los soldados se fueron retirando, la impresión general era que el barrio iba a desaparecer por completo. Tan solo la torre de la iglesia se mantenía erguida y vigilante sobre las aguas, resistiendo y viendo pasar la vida a través de los siglos.

Torrentera en Villanueva de Gállego

Fotografía aérea de la zona según el vuelo americano efectuado en 1957
GEAR Aragón.






[i] Hemeroteca Virtual (Biblioteca Nacional) El Debate 12 de julio de 1923 (Portada)”El agua destruye dos pueblos aragoneses”.

[ii] La “Papelera de Calleja” pero propiedad de la famosa editorial “Calleja” fundada en 1876 por Saturnino Calleja, el de los no menos famosos cuentos. Popularmente era conocida como “Papelera de las Navas” y al final de nuestra Guerra Civil, fue convertida en un campo de concentración para los presos republicanos que procedían del frente de Cataluña. En la actualidad permanece cerrada.

martes, 11 de julio de 2023

Calle 11 de Julio (Zaragoza)


El nombre de esta calle “11 de Julio” hace referencia a la fecha de hoy pero, de hace cien años y es que hasta aquí, llegó la inundación provocada por la tormenta que el día anterior, descargó sobre la muela del Castellar y formó una catastrófica escorrentía que tras recorrer una veintena de kilómetros e inundar San Juan de Mozarrifar y la huerta del Gállego entre Villanueva y Cogullada se detuvo aquí. En lo que entonces se conocía como “barriada de Escudero” en honor a Manuel Escudero Royo, un importante miembro de la burguesía zaragozana que potenció numerosas obras de carácter católico-social, entre ellas el grupo de casas que llevaba su nombre hasta que se integró en el actual barrio zaragozano de la Jota, junto a la Avenida de Cataluña y a tan apenas un kilómetro en línea recta del puente de Piedra.

Aún hay vecinos que recuerdan la fecha, un señor me dijo que el agua no entró en la barriada porque sus habitantes se dedicaron a levantar una barrera de contención con sacos de tierra y que alguno, el esfuerzo y el stress para defender su casa le costó por entonces una pulmonía primero y después la vida. Según me cuentan, en el barrio estaban de fiestas y tuvieron que suspenderse ante las noticias de lo que se aproximaba. Desde entonces, los habitantes de la Jota recuerdan la fecha todos los días.



domingo, 9 de julio de 2023

La "Avalada" del 10 de julio de 1923 en Villanueva de Gállego

Avenida ordinaria de la Val a la altura de las Alcantarillas

En la entrada anterior, dije que la parte que más afectó la tormenta de 1923 fue en el monte del Castellar, al noroeste de la ciudad de Zaragoza pues bien, toda el agua descargada en aquellas horas se encauzó en gran parte por la llamada Val en Villanueva de Gállego de tal forma que a este fenómeno meteorológico se le llama en la localidad “La Avalada del 23”. La fuerza del agua y el granizo descargó en un punto indeterminado entre los términos municipales de Zuera, Villanueva y Zaragoza, en lo que comúnmente se llama; Vedao de la Venta, Las Fajas en Vallones y la Val Limpia del Castellar. Encauzando el agua por los barrancos de “El Aliegar” y “Cruciviñas”, (Los Cinco Ojos) entre Villanueva y la actual Urbanización de las Lomas del Gállego (que entonces no existía). Según las fuentes, La Val de Villanueva que entra de lleno en la población «llevaba una violencia jamás vista». En los barrancos de “San Miguel” y “del Cillero” entre esa localidad y Zaragoza y que recogen las aguas del Vedao bajo, Acampo del Santísimo y Zorongo, corría un cauce amplísimo y peligroso que se dirigía hacia la capital[1]. Las primeras noticias de que algo gordo estaba sucediendo llegaron al Gobierno Civil de Zaragoza sobre las 18 horas avisando de que un tren con destino a Barcelona, no pudo pasar desde San Juan de Mozarrifar y tuvo que dar marcha atrás de vuelta a la estación del Rabal. Fueron avisados desde el Gobierno Civil el Alcalde y el Secretario de Villanueva, que se encontraban en la capital e intentaron volver al pueblo en tren esa misma noche del 10 al 11 de julio, pero la línea se encontraba cerrada desde la cinco de la tarde. Regresaron al Gobierno Civil y enseguida se pusieron a su disposición un par de coches. De camino a Villanueva, el espectáculo no anunciaba nada bueno. «Árboles desgajados, cunetas desbordadas bajo un aguacero intenso, en algunos tramos era preciso caminar». Lo más trágico les esperaba en el barranco de San Miguel, a mitad de camino entre Zaragoza, Villanueva y sobre el barrio de San Juan, que queda justo bajo la terraza superior del Gállego. En este punto, el torrente había derribado el pretil de una alcantarilla, rebasando la carretera y no se podía pasar[2]. 

Villanueva aparecía inundado, no hay que olvidar que en la localidad existen dos barrancos que delimitaban el pueblo por entonces; la “Val” en el sur y la Val de la Bigarda al norte. Las mieses iban a merced de la corriente, las traviesas de la vía aparecían flotando. Una niña de seis años, hija de unos quincalleros ambulantes, acampados detrás del cementerio que se encuentra justo en la salida del gran barranco, había desaparecido y resultó ser la única víctima mortal y directa de toda la inundación. El guarda barreras de la vía del ferrocarril, tuvo que luchar contra la corriente más de 50 metros para poder salvarse[3]. En la mañana del 12 de julio el aspecto era desolador: las barandillas del puente sobre el barranco de San Miguel aparecían derribadas en la carretera, tres carros cargados de tejas y ladrillos abandonados en medio del camino, así como haces de mies esparcidos a centenares de metros de sus campos. Por si fuera poca la desgracia en la población de Villanueva, la Estación se encontraba llena de pasajeros procedentes de Barcelona y Jaca que desde la víspera no pudieron pasar y se encontraban aislados en medio de una inmensa laguna. La vega aparecía arrasada materialmente por el aluvión, así como la parte baja del pueblo, en la que tuvieron que ser desalojadas 70 casas. Según decían los vecinos, se habían alcanzado los cuatro metros de agua en algunos sitios[4]. Las alcantarillas situadas a la entrada del pueblo, construidas para canalizar el agua que proviene de la Val no dieron de si, y el agua saltaba por encima del puente por el que circula la carretera de entrada al casco urbano. Se formaron «lagunas inmensas» en medio de las cuales aparecían aisladas las torres del Hospitalico, Guallar y el Barrio del Comercio[5]. Los vecinos afectados ya de por sí, tuvieron que acoger como pudieron a los pasajeros del tren y les auxiliaron en todo momento. El instante más crítico se alcanzó en la mañana del día 11 cuando sin cesar de llover, las avenidas crecían sin límite y los villanovenses se consideraban abandonados a su propio esfuerzo. Fue entonces cuando se presentó en la localidad una compañía del regimiento de Pontoneros de Zaragoza al mando del capitán don Pedro Fauquié con su ayudante al alférez señor Durán, varios sargentos y noventa soldados de tropa quienes, con sus pontones les dieron esperanza y tranquilidad al castigado vecindario, mientras se dedicaban a rescatar a las personas aisladas por el agua en las torres, el barrio del Comercio, que se encuentra enclavado en medio de la huerta, cerca del Gállego y a mitad de camino entre el pueblo y el barrio de San Juan. Hay que decir que el regimiento de Pontoneros ya había realizado varias maniobras militares anteriormente con lo cual, el conocimiento del terrero fue muy importante para el restablecimiento de la normalidad. Según las crónicas, hasta tres violentas tormentas se produjeron entre la tarde del 10 y la mañana del 11 de julio y que fueron las que descargaron sobre Villanueva el Diluvio[6]. 

En las tareas de rescate, además del Regimiento de Pontoneros intervino la Guardia Civil quienes prestaron un importante servicio evacuando a los vecinos de las torres, así como la Cruz Roja (La por entonces presidenta de la Cruz Roja en Zaragoza, doña Leonor Salas Ruiz era la propietaria del Vedado de Villanueva). Incluso los vecinos de Villanueva constituyeron una comisión encargada de suministrar apoyo a los de San Juan, el lugar más afectado durante la catástrofe enviando alimentos y ropa. En un primer momento el Alcalde de Villanueva Francisco Bueno[7] censuró la conducta de la Compañía de Ferrocarriles pues, sabiendo lo ocurrido «trasladó a este pueblo todos los viajeros de los trenes descendentes, creando una situación verdaderamente difícil al vecindario» Ciertamente tendrían que haber quedado en Zuera, no obstante la estación zufariense queda a bastantes kilómetros de Villanueva y es posible que a los convoyes, les pillara de improviso el aluvión y el primer lugar donde encontraron refugio fue en Villanueva. El edil valoró las pérdidas sufridas en millón y medio de pesetas (de la época y solo en Villanueva) además de las cosechas de cereales, remolacha, alfalfa y otros productos de la huerta[8]. En una parte de la huerta se formó una laguna que duró durante meses con el peligro subsiguiente para la salud de sus vecinos.

Villanueva de Gállego (Zaragoza) según fotografía aérea realizada
por la Confederación Hidrográfica del Ebro en 1927 (IGEAR Aragón)

Trayectoria de la "Avalada" de 1923 (sigpac Aragón)

En primer término la huerta y el casco urbano de Villanueva, tras el pueblo, la Val que baja de los montes del Castellar y de Zuera

El barranco de las Pesqueras que desahoga del monte de la Sarda. Según se cuenta
en ese mismo lugar, junto a la balsa de su mismo nombre y bajo la Universidad San Jorge
En la edad medía existía un poblado que tuvo que ser abandonado tras una barrancada y sus habitantes
se refugiaron en la actual Villanueva de Gállego. Hace unos años se encontraron restos de
edificación, seguramente una venta o algo parecido en la zona de la balsa de las Pesqueras,
lo que confirmaría la veracidad de la historiay por tanto, estaríamos ante el primer registro de una avalada en la zona..



[1] Archivo Municipal de Zaragoza (Hemeroteca): Heraldo de Aragón. Miércoles 12 de julio de 1923, portada.

[2] En aquella época y hasta la construcción de la autovía Mudéjar, la carretera bajaba hasta el fondo del barranco y volvía a subir es decir, no había ningún tipo de puente

[3] Ibídem.: HA. Miércoles 11 de julio de 1923, portada.

[4] Ibídem.: El Noticiero, Jueves 12 de julio de 1923, página 2.

[5] Ibídem.: HA. Miércoles 11 de julio de 1923, pág. 4.

[6] Morte Sabaté, Víctor. “Villanueva de Gállego” Heraldo de Aragón, miércoles 18 de julio de 1923 (Hemeroteca Municipal de Zaragoza P0178)

[7] El secretario municipal entonces se llamaba Andrés García Blasco

[8] Ibídem HA.: Jueves 12 de julio de 1923, pág. 4.

Tormenta de 1923 en Zaragoza


En la tarde del pasado 6 de julio, una tormenta en rotación o supercelda descargó sobre Zaragoza y los montes de Cuarte 54 litros por metro cuadrado en apenas una hora, causando importantes destrozos en la ciudad y sobre todo una espectacular “avalada” en la llamada Z40, construida precisamente sobre un barranco llamado (también es casualidad) “de la muerte” aunque provocó importantes sustos, no hubo desgracias personales graves, al menos aparentemente. 

Una supercéluda según la Wikipedia


Una supercélula es una inmensa tormenta que puede durar varias horas como entidad única. Tienen lugar en casi todo el mundo, aunque se dan con más frecuencia en la costa de California en los EE. UU. Se caracterizan por producir tornados de larga duración y descargar abundante granizo llegando a ser la piedra del tamaño de un “huevo de gallina” o incluso superior. Estas “megatormentas” como también se conocen, tienden a formarse en condiciones de alta inestabilidad, con vientos fuertes a grandes alturas además, presentan un sistema organizado de circulación interna que les hacen tener una duración mucho mayor que otras, es común la aparición de fuertes corrientes rotatorias que la hacen potencialmente más peligrosa que los tipos de tormenta convectivas. Pueden producir vientos fuertes, grandes granizadas y tornados de larga duración sobre una amplia trayectoria. Según los investigadores del Servicio Geológico de los Estados Unidos, este tipo de “megatormenta” es conocido también como "Ríos atmosféricos". Se trata de columnas estrechas de vapor de agua condensado que viajan como ríos de oeste a este a través del Océano. Un cauce de estas características puede contener de 7,5 a 15 veces la cantidad de agua que el flujo promedio de una tormenta habitual. Cuando ese “río” de vapor de agua caliente desemboca en sentido inverso en la costa y atraviesa cordilleras, a medida que el vapor pasa sobre estas montañas, se enfría rápidamente y se convierte en precipitación”[1]. 

Las fotos son de Heraldo de Aragón y Aragón digital y corresponden a tormenta del pasado 6 de julio

Según cuentan las crónicas, el martes 10 de julio pero de 1923 en Zaragoza, es decir hace justo cien años se produjo un fenómeno similar, aunque con algunas características que lo hicieron peculiar. A eso de las cuatro de la madrugada en la capital del valle el Ebro, se sintieron varios temblores sísmicos. El último de ellos de cierta intensidad se registró hacia las cinco y media. Estos movimientos telúricos formaban parte de un terremoto que tenía su epicentro en la Canal de Berdún, entre las altas Cinco Villas de Zaragoza y los valles pirenaicos occidentales en la provincia de Huesca. El del día 10 fue el primero de una serie, que se fueron repitiendo en días sucesivos entre el 13 y 21 de ese mismo mes de julio. Todos estos seísmos oscilaron entre una intensidad de 5 a 8 en la escala Mercalli, siendo el de mayor virulencia el primero. El terremoto causó algunos desperfectos como el derrumbe de la chimenea de la fábrica de “Galletas Patria” situada en la Avenida de Cataluña (muy cerca de la estación del norte o del Arrabal). 

Zaragoza se despertó asustada pero conforme avanzaba el día «unos nubarrones bajos y cárdenos hacían tan espesa la cerrazón, que en las habitaciones interiores fue preciso encender las luces, porque no se veía materialmente»[2]. Hacia las dos de la tarde se levantó un fuerte ciclón, volaron persianas y toldos, se golpearon puertas y balcones con gran estrépito. Seguidamente «comenzó a descargar lluvia con piedra en gran abundancia y grueso tamaño». En algunos lugares se recogieron hasta ocho kilos de granizo. En unos veinte minutos se anegaron las calles y hubo pequeñas inundaciones en los bajos de muchas casas. Sin embargo, hasta la anochecida se repitieron los chubascos: «durante el crepúsculo cinco o seis tormentas simultáneas ensordecían a la población con el ronco bramar incesante de sus truenos y con fulgor acardenalado y continuo de sus culebrinas». Este episodio meteorológico se inició a las dos de la tarde del día 10 y duró hasta las nueve de la mañana del día siguiente 11 de julio[3], permaneciendo el temporal 17 horas ininterrumpidamente.

 

El profesor de la universidad de Zaragoza, don Fernando Domínguez Castro ha publicado dentro de la obra colectiva “Lainundación de San Juan de Mozarrifar (Zaragoza) en 1923[4] un interesante mapa de situación de las localidades afectadas por la “megatormenta” del 10 de julio y que nos aporta datos muy interesantes; en primer lugar el núcleo de la ciclogénesis se encuentra alrededor de la ciudad de Zaragoza donde se producen tornados (señalados en blanco) avenidas de agua por barrancos (círculos azules) y lluvias torrenciales (círculos en rojo). Como nervios de una misma cédula aparecen ramificaciones en los ríos Huerva, Jalón, Gállego y los Arbas. Como datos curiosos las localidades de Artieda, Longás, Martés y Bagüés que se vieron afectadas por el epicentro del terremoto, también sufrieron las lluvias torrenciales. Otro dato que nos retrotrae a la barrancada del día 6 de julio pasado es que el 10 de julio de hace cien años, el mismo barranco de la Muerte, que se encuentra muy próximo al barrio zaragozano de la Cartuja también se desbordó.


El epicentro de la tormenta en esta ocasión fue en la muela del Castellar, también es coincidencia y casualidad que ambas supercédulas se desarrollaran en sendas sierras y con las mismas características. Según el observatorio situado en la Facultad de Medicina y Ciencias de la Universidad de Zaragoza (actual Paraninfo) en ese día se recogieron 122 litros aunque y según el Boletín meteorológico nacional, correspondiente al día 11 de julio, los registros pluviométricos se vieron desbordados no solo en Aragón, sino en toda España con lo cual, no se poseen datos de ese día. Según los registros se trata de la tormenta más fuerte que sufrió Zaragoza en el siglo XX, seguida por otra en 1945 que descargó casi 120 litros. Para concluir y según el Boletín meteorológico nacional, las temperaturas en los días anteriores eran las normales para esas fechas con una máxima de 29 y una mínima de 18 grados para el 8 de julio y una máxima de 32 y una mínima también de 18 grados para el 10 de julio. El día de la tormenta la máxima fue de 28 y una mínima de 20 grados, descendiendo al día siguiente a una máxima de 19,6 y una mínima de 12,3 grados.

Hoja del Boletín Meteorológico Nacional




[2] Hemeroteca Municipal de Zaragoza: Heraldo de Aragón, miércoles 11 de julio de 1923, portada.

[3] Hemeroteca municipal de Zaragoza: El Noticiero, miércoles 12 de julio de 1923, página 2.

[4] Alfonso Vicente Millán (Coordinador) Zaragoza 2023: “La inundación de San Juan de Mozarrifar” págs. 79-122.

Eso no estaba en mi libro de Historia de Aragón

Según me avisan de la Editorial Almuzara, el día 7 de mayo, saldrá a la venta mi segundo libro con ellos, que será la primera parte de la hi...