
Situados en el puente sobre el Matarraña,
en Maella (Zaragoza) llama la atención por su espléndida rejería, una fachada
orientada hacia el sol de mediodía, viendo desde Cataluña. Visible desde varios
ángulos, al acercarme aun pude observar en la zona superior de su fachada,
algún disparo de cuando la guerra civil. El edificio debió ser soberbio en su
tiempo y según me han dicho contenía esplendidos salones, biblioteca e incluso
capilla. Se trata de la llamada casa de “la Mompeona” en honor de doña Feliciana Mompeón y Goser, que vivió
allí. Doña Feliciana era natural de Sástago (Zaragoza) y estaba casada con don Manuel
Jordana Benedito, natural de la Puebla de Híjar y dueño del molino de esta
localidad bajo aragonesa. El matrimonio gozó de buena posición social allá por
mediados del siglo XIX, ella fue tía de Antonio Mompeón Motos, que llegó a ser
director del Heraldo de Aragón entre
otras muchas cosas. La pareja tuvo un hijo llamado Jorge Jordana Mompeón.
Feliciana falleció en Zaragoza en 1904 a los 71 años de edad.
Don Jorge fue un personaje relevante
en la vida social aragonesa y zaragozana, sobre todo durante el primer tercio
del siglo XX. Nacido en el pueblo de su padre en 1857, realizó sus estudios de
Derecho en Madrid al amparo de su tío materno Juan Mompeón Goser, a la sazón
por entonces diputado aragonés en la Corte de Amadeo de Saboya. Jorge Jordana
no solo fue un importante empresario agropecuario que introdujo y modernizó cultivos
en Aragón como el de la remolacha azucarera o la mejora de la cría y producción
del ganado lanar. Ejerció como secretario de las Comunidades de Regantes de Rabal y Urdán, fue un importante
promotor del asociacionismo agrario cooperando en los primeros años de la
creación de la Asociación de Labradores de Zaragoza. En 1910 fundó la
Federación Agraria Aragonesa. Fiel seguidor de la política hidráulica costista,
a quien seguramente conoció en sus años madrileños, impulsó el I Congreso Nacional de Riegos en 1913,
a raíz de la aprobación de la Ley de
Riegos del Alto Aragón. Fue también Presidente de la Casa de Ganaderos de Zaragoza, patrocinando desde ella el cooperativismo,
fundando la primera lechería cooperativa aragonesa. No participó en la política
activa salvo en excepcionales ocasiones: como concejal del Ayuntamiento de
Zaragoza, al constituirse una corporación de notables tras la muerte de tres
funcionarios municipales durante el agitado año de 1923 y como alcalde el
último año de su vida, pues falleció en 1931. Apasionado de todo lo aragonés,
editó en su día un “diccionario de voces aragonesas” que fue publicado por la
Diputación de Zaragoza.
Exactamente no sé por qué motivo
vivió allí doña Feliciana, aunque intuyo que la mujer de su hijo Jorge era de
Maella, tal es así que su nieto, Luis Jordana de Pozas tenía en esta casa su
biblioteca y pasaba temporadas en esta residencia. Luis, que había nacido en
Zaragoza hacia 1890 también fue abogado como su padre, aunque se centró más en
la vida docente, llegando a ser catedrático de Derecho comparado en la
Universidad Central de Madrid. Se dedicó a la política de la mano de Calvo
Sotelo, de quien llegó a ser un estrecho colaborador. En los años cuarenta fue
Director General del Instituto Nacional
de Previsión, siendo uno de los principales impulsores del Seguro Obligatorio de Enfermedad,
implantado en 1942. Su padre en este sentido ya había promovido políticas al
respecto durante el primer tercio del siglo XX mediante la creación de
sociedades de socorros mutuos en el Aragón rural, en Maella todavía existe una
reconvertida en cine de la localidad. A lo largo de su vida tuvo numerosos
cargos y falleció en Madrid en 1983. Hoy día, la calle donde se encuentra la “Casa
de la Mompeona” lleva su nombre. Tras su muerte, sus herederos entregaron la
casa a las personas que cuidaban su hacienda en el pueblo y se marcharon de
Maella. Hoy en día el gabinete de abogados de Jordana de Pozas es uno de los
más prestigiosos de Madrid y han saltado a la fama nacional gracias al caso
Villarejo.
La casa sigue ahí en pie, todavía.
Según me contaron; en ella vivieron algunos años los nuevos propietarios pero,
con las comodidades modernas la abandonaron por otra vivienda más moderna,
mientras tanto “la Mompeona” ahí sigue, cerrada con su impresionante fachada a
la espera de mejores tiempos, o peores vete a saber.