miércoles, 27 de julio de 2016

La espantada de Gandesa

Iglesia de la Asunción en Gandesa, lugar en el que ocurrió la "Farsa" o "Espantada"

A Gandesa (Tarragona) fui en busca de noticias sobre la batalla del Ebro y de Cabrera y me encontré con bastantes sorpresas, entre ellas una historia bastante curiosa que desconocía y que me ha recordado un viejo conocido arqueólogo e historiador y es que en su iglesia de la Asunción, que por cierto tiene una portada románica adornada con elementos que recuerdan la presencia templaria en la zona. Como digo tuvo lugar en ese templo un enlace bastante peculiar el día 17 de octubre de 1319. Una historia que recuerda su escudo, en el que se representa un guante boca abajo sobre las barras de Aragón. En Gandesa ese día se celebró boda del príncipe Jaime, primogénito y por tanto heredero de Jaime II de Aragón (llamado el Justo) y de su segunda esposa Blanca de Anjou, con la princesa castellana Leonor, hija de Fernando IV. Tal fiasco se llevó la novia que ese enlace ha pasado en llamarse "La Farsa de Gandesa" pues se cuenta que después de la ceremonia el príncipe aragonés pegó tal espantada, huyendo de la iglesia tan despavoridamente que hasta se dejó el guante que se había quitado para que le colocaran el anillo de casado. En recuerdo de tal situación “tan comprometida”, a partir de entonces el escudo de Gandesa se representa un guante y es que cualquier lugar, por pequeño que sea de los antiguos territorios de la Corona aragonesa tiene una historia particular con un determinado monarca, es decir levantas una piedra y te sale un rey o dos.

Parece ser que el bueno de Jaime había salido a sus abuelos altoaragoneses y compartía con aquellos la voluntad de meterse monje o marcharse a luchar a Tierra Santa, sin embargo se ha querido ver en el régulo aragonés lo que siempre se ve cuando un príncipe no quiere ser rey; supuestas debilidades mentales, cambios de humor, depravación, homosexualidad, etc., cualidades que el bueno de Jaime parece ser encauzaba hacia la religiosidad. Un año antes de la boda su padre se encontró en los aposentos de su hijo un hábito de monje, con el consiguiente disgusto por parte del descubridor. Parecer ser que fue entonces cuando Jaimito le conto sus deseos a su regio progenitor, pero su boda ya estaba comprometida desde hacía tiempo con una infanta de Castilla que por más INRI era huérfana. Leonor de Castilla había nacido en 1307 y con cuatro años le echaron este novio tras las llamadas “Visitas de Calatayud” realizadas en 1311, al año siguiente de firmar el compromiso fallecieron sus padres.

Tal era la voluntad del Príncipe de Gerona en hacerse fraile, que tuvo que mediar el Papa para que le intentara convencer de que el matrimonio era lo que más le agradaba a Dios, pero ni con esas y la víspera de la boda tuvo que firmar ante Notario que tenía que casarse con Leonor sí o sí, aunque inmediatamente el hijo le planteo al padre la posibilidad de no asistir a la ceremonia, cosa a lo que el Rey se negó, el Infante debía y tenía que estar presente en la iglesia, aunque se pospuso para ulteriores negociaciones la necesidad de consumar el matrimonio, ya que los compromisos entre Castilla y Aragón únicamente obligaban a que el matrimonio fuera celebrado (para que luego digan).

Por fin amaneció el día de la boda y Jaime se presentó en la iglesia, donde le esperaba la pobre Leonor, el infante se negó a dar la paz durante la ceremonia, por lo que tuvo que hacerlo su padre. Una vez terminado el enlace, oficiado por el arzobispo de Tarragona, que era el metropolitano de Aragón, el niño volvió a transmitir a su padre el rey, su deseo de renunciar a sus derechos al trono e ingresar en un convento, después de una acalorada discusión en público Jaimito abandonó solo el templo, pidió su caballo y huyó, dejando plantada a la Plantagenet. Buscó refugio en el convento de San Francisco de Tarragona, desde allí y un par de meses después renunció a todos sus derechos dinásticos y tomó el hábito de la Orden de San Juan de Jerusalén en el Convento de Santo Domingo de la misma ciudad pero, y aquí es donde comienza a plantearse la salud mental del primogénito. Al año siguiente Jaimito quiso salirse de cura, recuperar sus derechos dinásticos y a su mujer, deseos a los que su padre Jaime II contestó que no. A lo hecho pecho y después del ridículo que le hizo pasar en Gandesa ¡te quedas ande estás! Así que el niño entonces cambió los hábitos de los Sanjuanistas por los de la Orden de Montesa, que a la sazón eran los sustitutos de los Templarios. Nunca más se supo del chaval salvo que murió en Tarragona en 1334, en cuya catedral parece ser está enterrado.

Leonor, tras vagar un tiempo por tierras aragonesas regresó a Castilla, donde fue recluida en el Monasterio de las Huelgas de Burgos aunque sin llegar a profesar. Años más tarde y una vez repuesta del trauma que pasó con apenas 12 años, tuvo más fortuna con el hermano de Jaime. Entonces ya rey aragonés Alfonso IV, con quién se casó de verdad esta vez en Tarazona diez años después de la farsa. Se conoce que los castellanos no se fiaban y prefirieron que la ceremonia se celebrara cerca de casa, por si acaso, además lo hizo con toda su parentela delante para asegurarse del chasco. Lo cierto es que Leonor no hizo mal negocio, su marido le entregó como dote la ciudad de Huesca y varias localidades importantes. Con Alfonso tuvo dos hijos, Fernando y Juan, quienes no llegarían a ocupar el trono pero si son el origen de importantes casas nobiliarias aragonesas. Leonor fue la segunda mujer de Alfonso pues éste ya era viudo cuando contrajo matrimonio con ella y de su primer matrimonio con María de Entenza, con quien había tenido al futuro Pedro IV el Ceremonioso.

Lo cierto es que en medio de la nave de la Iglesia de Gandesa, todavía se puede oler el ambiente que se generó en aquella mañana de octubre de hace setecientos años, como sería la cosa.

Bibliografía:
Mirón, Bl. Las reinas de Aragón: sus vidas y sus épocas, Prometeo, Valencia 1910.
Fatás Cabeza, Guillermo & Lucía Serrano Pellejero. Reyes y Reinas de Aragón, Heraldo de Aragón & Gobierno de Aragón, Zaragoza 2006.
Rubio Calatayud, Adela. Las reinas de Aragón, Delsan-Historia, Zaragoza 2012.


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