miércoles, 1 de septiembre de 2021

Bulbuente y su paloteado


Hacía tiempo que tenía ganas de ver el dance y paloteado de Bulbuente (localidad ubicada entre Borja y Tarazona, situada en pleno somontano del Moncayo aragonés). Llevaba unos días consultando a ver si este año se iba a representar, el año pasado fue suspendido por las actuales circunstancias socio-sanitarias. Por casualidad y a través del blog del Centro de Estudios Borjanos, me enteré de que por fin se iba a celebrar el paloteado en el día de San Bartolomé, que es la fecha en que se ejecuta tradicionalmente y que coincide con las fiestas mayores del pueblo.



Salí pronto de Zaragoza y me presenté en el mesón del Aceite a tomar un café, antes de entrar en el casco urbano, allí me fui adaptando al ambiente. Me adentré por su larga calle Mayor, tras dejar la carretera y llegué hasta la misma plaza donde se levanta el recientemente restaurado castillo-palacio de los abades de Veruela, por desgracia estaba cerrado. Atravesé una estrecha calle y me di de bruces con la imagen de San Bartolomé instalada detrás de un altar levantado en la misma plaza en la que se encuentra la iglesia parroquial, que estaba abierta. Dejé el coche en un lugar que no estorbara, era difícil pues había muchos ya que el pueblo estaba lleno y me dirigí de nuevo a la plaza de la iglesia. Entre en el por fuera sencillo templo, pero en su interior es una auténtica joya. Entre otras cosas me sorprendieron dos extraños objetos que podrían ser obuses o proyectiles desmochados que se encontraban en la repisa de una ventana ubicada en las escaleras que suben al coro, desde el que hice algunas fotos. Me he enterado después de que existe un grafiti que representa una galera correspondiente a la marina de la Orden de Malta, eso para otra ocasión.


 

Salí de la iglesia y me dispuse a recorrer el pueblo, a lo lejos se oían los ecos de la gaita que se dedicaba a despertar a los vecinos a modo de “Diana”. Era un grupo de cinco músicos venidos de Zaragoza que estuvieron entreteniendo la mañana hasta la hora de comenzar la misa a las 11,30 horas, tal como me dijo un concejal al que advertí de mis intenciones, no puso ningún reparo a que captara imágenes del paloteado es más, se alegró por ello pero no era yo el único “fotógrafo” de la jornada.


 

Recorrí algunas calles de este pueblo con indudable pasado morisco y me llamaron la atención los rótulos de algunas de ellas que eran muy curiosos; “Tantano”, “Garito”, “plaza de la Nati”, “Palacio”, “Iglesia”, etc. Cuando retorné a la plaza y bajo la sombra de la imponente torre del homenaje que se encuentra en un extremo del palacio de los abades de Veruela, se encontraban algunos de los paloteadores que iban a danzar en ese día. En total el grupo contaba con 19 bailarines, divididos en dos subgrupos de 8; uno formado por veteranos y otros por jóvenes que bailaron a la vez, más 6 gaiteros todos ellos del pueblo. En la plaza se vivió otro momento emocionante, la imposición de unos pañuelos de color amarillo en los pequeños cuellecillos de los recién nacidos en el último año en la localidad. 




La misa dio comienzo en la plaza de la iglesia, en el exterior del templo y al final tras el himno a San Bartolomé, interpretado por un coro de señoras también de la localidad hizo su entrada el grupo de danzantes acompañados por los gaiteros y un grupo de personas, a pesar de encontrarnos al aire libre, el silencio era intenso, tan solo se oían los cascabeles que los paloteadores lucían en sus pantorrillas mientras éstos avanzaban en dirección al Altar mayor situado en el otro extremo de la plaza, que por cierto estaba cubierta por un entoldado. El espectáculo era impresionante, y sobrecogía verlos llegar de frente, pausados y en silencio, con ceremonioso paso y un respeto devocional enorme. Frente a la imagen del patrono de la localidad hicieron las llamadas “Cortesías” y ejecutaron la primera mudanza que me recordó mucho a la marcha que los bailadores en la cercana localidad de Añón, también interpretan durante la procesión, aunque esta es quizás más viva que aquella y también menos solemne. Después y con el mismo silencio con el que habían llegado, cruzaron la plaza y se dirigieron hacia el lugar donde iba a llevarse a cabo la representación, en esta ocasión tan solo del paloteado, suprimiendo la parte hablada.

 


En el centro de una explanada situada tras pasar bajo el puente por el que cruza la carretera que lleva a Ambel (otra localidad con un bonito dance también) se dispusieron los dos grupos, hacia el sur y bajo la sombra de una chopera se colocaron los gaiteros y poco a poco fue afluyendo el vecindario que, de todas las edades no quería perderse el espectáculo y que rodeaba el lugar. Una vez organizado el corro en torno a los protagonistas de la jornada, dio comienzo la representación del paloteado. Se ejecutaron seis mudanzas entre las que destacaron la de los mayordomos, seguida con aplausos por el público, otra con aires célticos que recordaba una canción contemporánea de un grupo español de Heavy-rock, la Jota y las cintas, antes de esta última pieza, la mayorala del grupo dirigió unas emocionadas palabras a todos, después una de las veteranas y para quien era su último paloteado, se despidió en nombre de sus compañeras y deseó suerte a los nuevos componentes del grupo.


 

Fue una representación emocionante, bonita y muy interesante, durante la misma me vino a la cabeza como; en una tierra donde prima el individualismo y las diferencias pueden llevar a las gentes a extremos insospechados, se puede llevar a cabo una representación de este tipo donde prima la labor de equipo, de grupo, de armonía y de confianza mutua, es curioso. Por otro lado sigo pensando, como opinan los entendidos, que el mejor lugar para ver la representación de un dance o un paloteado, es precisamente en su ambiente, donde ha nacido y donde reina el buen humor, la armonía y la alegría de quienes lo sienten.



No falto el buen humor






Las escenas costumbristas


Ni las nuevas tecnologías



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