sábado, 18 de julio de 2020

Una Villa nueva en el valle del Gállego


Las infiltraciones “militares” aragonesas en la zona del Castellar zaragozano comienzan a ser frecuentes a partir de finales del siglo XI, sobre todo con la consolidación de Sancho Ramírez en la zona de Cinco Villas, tras la conquista de Luna y cruzar los montes de Castejón. Los monarcas aragoneses establecieron una línea de frontera que asegurara sus conquistas en torno a la muela del Castellar, levantando posiciones defensivas conforme consolidaban su territorio “Supra Zaragoza”. Un lugar clave sería, sin duda alguna, la entrada natural a este monte, en el actual kilómetro 10 de la carretera de Villanueva a Castejón de Valdejasa. En este lugar se encontraba hasta hace unos 30 años la venta de Coscón allí, entre “el Vedao” y los “Pinares de Zuera”. Hoy día tan solo se conserva la enorme balsa que recogía las aguas provenientes de los montes castejoneros y del Castellar, unos metros más abajo se encuentran las ruinas del “Santuario”. Seguramente en este lugar o cinco kilómetros más arriba en la conocida por Cueva de Colandrea, se establecería alguna de estas posiciones estratégicas cristianas, posiciones defensivas en las cuales habría un Tenente al mando de una pequeña guarnición que controlaría la vieja calzada entre el puerto de Castejón, las colinas lindantes con el Castellar y que abarcarían las actuales partidas del Vedao, Fajas y Bayones. Este asentamiento aragonés impediría el tráfico de la Taifa zaragozana hacia sus posesiones en las bajas Cinco Villas, quizás éste fue el motivo de la entrevista entre el Cid y Sancho Ramírez precisamente a las puertas del Castellar y quizás entre los acuerdos tomados en ese día, se decidiera la fundación de una Villa Nueva fuera de las rutas que unían los territorios de la Taifa.


Ruinas del Santuario de la Venta de Coscón
 

Para el emplazamiento de esta nueva posición cristiana avanzada, se encontró un lugar en la desembocadura de la Val mayor que procedente del Castellar, desembocaba en la terraza fluvial del Gállego, justo donde se encuentra hoy día el conocido por Barrio alto de Villanueva de Gállego. En principio esta posición sería una más de las que ya se encontraban dispersas a lo largo de esta zona baja en la margen derecha del Gállego y que se tratarían de núcleos mozárabes dispersos por la zona entre las actuales Zuera y el Ebro. Tras la conquista de Zaragoza aunque, se les reconocerían los derechos que habían adquirido sobre las Fajas y el Vedao para cazar, hacer leña y pastar con sus ganados tal como «desde tiempo inmemorial» los villanovenses defienden que este término que en principio les correspondía, luego tuvo que ser repartido entre Zuera y Zaragoza. Hasta hace pocos años los vecinos de Villanueva iban a hacer leña a las Fajas y aún tienen derecho a ello o como decían los abuelos “al vuelo”.

Imagen que corresponde a Santa Catalina de Alejandría (seguramente del siglo XV) 
que se encontraba en la torre del Seminario en Villanueva de Gállego (Zaragoza)


 

Estos primeros moradores compartirían sin duda, el espíritu de cruzada que definió la expansión del reino aragonés a principios del siglo XII. Este núcleo originario consistiría en un conjunto de edificaciones en torno a una pequeña iglesia, levantada en honor a «Santa Catalina» de Alejandría (patrona de los Cruzados) en lo que más tarde fue conocido como Barrio Alto: la actual calle de Santa Catalina y adyacentes. En principio el enclave pudo consistir en un torreón de planta cuadrada, junto al que se añadió una dependencia anexa y una capilla después. Una de estas edificaciones con los años pasó a depender del Arzobispado de Zaragoza como granero para los diezmos y primicias, hoy día todo esto ha desaparecido.


Imagen aérea de Villanueva de Gállego tomada hacia 1979: en la parte inferior de la fotografía el núcleo de población. Rodeando al pueblo la primitiva distribución de lotes en fajas circulares en torno a la localidad y que provendrían de esa roturación medieval.
 

En 1138 Ramón Berenguer IV otorga una Carta de Colonización que establece ocupar «...aquella tierra yerma de Zaragoza que no pagara alfarda a sus acequias...» confirmando a quien la ocupara «...dos yugadas de tierra y a cada peón una...» al igual que «...todos aquellos huertos que no se regaran por aquellas acequias...» este documento era de aplicación «...a todos hombres que habiendo retenido heredades en los extrarradios y sus almunias, y no teniendo casas pobladas en Zaragoza (ciudad) hagan vecindad en la misma, con sus vecinos...» siendo los límites de su ámbito de aplicación Osera al este, Zuera al norte, Sobradiel al oeste y Cariñena al sur. Dichos límites con el tiempo darían lugar al término municipal de Zaragoza. Todavía se puede observar, gracias a la fotografía aérea tomada a finales de los años 70 del siglo XX, los lotes de tierra que rodean al casco urbano dispuestos en forma circular cerrada y concéntrica que proceden de esa distribución del siglo XII.

 

Escena del Barrio Alto de Villanueva a mediados del siglo XX (gentileza Lola Guillén Irache)
 

Bibliografía:

Modesto Lafuente, Historia General de España, Montaner y Simón editores. Barcelona 1888, tomo 3, pág. 183.

Viguera, María Jesús: Aragón musulmán, Mira editores, col. Temas. Zaragoza 1988.

Domingo Buesa Conde, Sancho Ramírez. Guara Editorial, Zaragoza 1978, págs. 78-79.

Gascón Ricau, Antonio: El hechizo del Castellar, Institución Fernando el Católico. Colección: Cuadernos de Aragón nº35. Zaragoza 2007.

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