viernes, 15 de diciembre de 2017

Manos blancas nunca ofenden: la soberana bofetada que recibió Calomarde

Fernando VII enfermo (según una litografía que se conserva en la Biblioteca Nacional, obra de Federico Madrazo)

Tradicionalmente, y nunca mejor dicho en este contexto lo de “tradicionalmente” los orígenes del Carlismo se nos han presentado como una disputa familiar dinástica entre un tío y su sobrina por ocupar el trono español. Sin duda esta imagen representa una visión romántica de la historia según la cual un monarca, déspota, moribundo y tres veces viudo, se casa con una bella princesa de origen napolitano y veinte años más joven que él. Ésta se encuentra desvalida en una corte extranjera y en la cual tan solo posee el apoyo de su esposo quien, tras una vida de crápula y excesos sexuales ha sentado la cabeza con esta italiana que podría ser su hija pequeña. María Cristina, que ese es su nombre, le ha dado dos infantitas; Isabel y Luisa Fernanda, con lo que ha logrado formar una familia y tan enamorado está el anciano monarca, que quiere dejar su reino a su primogénita, se opone a esta pretensión el hermano del rey; un personaje oscuro, intrigante y mezquino dominado por su mujer, que siente envidia de su cuñado y sobre todo de su cuñada, que es más joven y más bella que ella. El hermano que en el fondo es tonto y está dominado por su esposa (cosa que es cierta) es convencido por ésta, para que reclame sus derechos al trono basándose en una antigua ley que prohibía gobernar a las mujeres que parece ser, estaba en suspenso pero no publicada, una cosa extraña.


El rey se encuentra muy grave y casi inconsciente, es entonces cuando el primer ministro, que es un traidor redomado llamado Calomarde y que en realidad está al servicio de su hermano, que se llama Carlos María, consigue que firme un decreto por el que es nombrado heredero el infante en lugar de su hija, que es una tierna infantita de apenas 2 añitos, el dramón romántico y melodramático está servido. La reina se entera de la maniobra de sus cuñaos y escribe entre sollozos a su hermana que vive en Sevilla, Luisa Carlota es una señora de armas tomar y enterada de la maniobra, en tan solo tres días se presenta en el palacio de la Granja de Segovia, que es donde se produce la escena. Entra la cámara donde el rey se encuentra enfermo y exige que se presente ante ella Calomarde, el ministro ruin y traidor. Ante él le exige que le entregue el decreto y acto seguido lo rompe en dos, acto seguido le arrea una soberana bofetada en la cara al valido quien, ante tamaña afrenta responde: “Señora: manos blancas nunca ofenden”. Acto seguido presenta su dimisión y se va a su pueblo en Teruel. Fernando VII recupera la salud, la consciencia y nombra a Isabel, Princesa de Asturias. Mientras tanto su tío Carlos huye a Portugal. El viejo rey aun vivirá un año más, falleciendo en Madrid el 29 de septiembre de 1833. Enterado el hermano del óbito se niega a reconocer a su sobrina como nueva soberana española y se proclama rey dos días después, iniciando de esta manera una guerra civil que se alargará durante siete años y que por supuesto perdió en favor de Isabel II. El taimado Calomarde se exiliará en Francia muriendo en Tolouse años después, en su haber hay que decir que a don Judas Tadeo (que así se llamaba el hombre) le debemos los españoles una buena ley de educación y un programa para construir escuelas por todo el territorio nacional. En cuanto a Luisa Carlota conseguirá, con el paso del tiempo, que su hijo Francisco de Asís contraiga matrimonio con su prima Isabel y es que a veces, hay amores que matan.

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