Hace un par de días, me sorprendió este sencillo ramito de flores sobre la tumba que Francisco Pradilla dedicó a sus padres en el cementerio de Villanueva de Gállego (Zaragoza). Un espontáneo, sencillo y sentido homenaje no solo a los padres del genial pintor villanovense, sino un emotivo recuerdo a la memoria de su ilustre hijo en este día en que se cumple un siglo de su fallecimiento. Como dijo un titular de periódico en la época: “Ha muerto Pradilla y con él, una parte de la historia de España”.
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