martes, 9 de marzo de 2021

Val de la Bigarda


Es una pena que se vayan perdiendo los nombres populares y tradicionales de las calles o de lugares que nos son próximos, referencias geográficas que han pasado de generación en generación y que en muchos casos esconden una especie de arqueología topográfica y que en los últimos años se ha ido perdiendo por culpa del progreso, de la mal llamada cultura o muchas veces por parecer más urbanitas, algo de esto pasa con la calle Zaragoza de Villanueva de Gállego. Para mis abuelos este lugar era conocido por “Val de la Bigarda” y efectivamente constituye un barranco que baja del monte y desemboca en la huerta del Gállego, delimitando el primitivo “Barrio Alto” de la población. Siempre me ha llamado la atención el significado de esta sonora palabra que en algunos sitios sirve para definir a una persona extremadamente alta y enjuta. He buscado en varios lugares el significado que podía resultar más acertado y el que más me ha gustado ha sido el que ofrece el Diccionario etimológico de la lengua española publicado por don Roque Barcia en Madrid hacia el año 1880 por la Tipografía Álvarez hermanos. En su tomo primero aparece la palabra “Bigardo” y dice que se trata de un nombre injurioso, que se solía aplicar a los frailes desenvueltos y de vida libre. Utilizándose como adjetivo y sinónimo de vago y vicioso.



Parece ser que la palabra procede de Begardo, un monje franciscano bastante docto y que vivió allá por el siglo XIII, parece ser que era seguidor de doctrinas análogas a las de los gnósticos e iluminados que defendían entre otras cosas, la impecabilidad del alma humana cuando llega a la visión directa de Dios lo cual, él creía posible de realizarse en esta vida. Este monje llegó a tener muchos seguidores en Alemania, Italia y en la Provenza francesa llegando a constituir una herejía medieval. Se caracterizaban por rechazar el voto de obediencia, “viviendo libres y  desordenadamente aunque, queriendo seguir siendo frailes franciscanos”. Muchos de estos bigardos fueron condenados a la hoguera por la Inquisición, siendo muy perseguidos en tiempos del papa de Aviñón, Juan XXII. Estos franciscanos eran también llamados “espirituales” o “fraticcelli”. Defendían radicalmente un ideal de pobreza absoluta, alegando que tanto Jesús como sus discípulos carecían de posesiones ni individuales ni comunitarios, hay quien ha querido ver en ellos unos paleo anarquistas o incluso hippies. Este conflicto llevó a una seria división dentro de la Orden franciscana. Por lo que Juan XXII el 7 de octubre de 1317, por medio de la bula Quorumdam exigit ordenó que los así llamados espirituales, que habían iniciado formas de vida eremítica, se sometieran a la obediencia de los superiores de su comunidad, de lo contrario serían perseguidos por la Inquisición.




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