jueves, 11 de julio de 2013

Cristóbal Carceller


Cristóbal es la persona que se encuentra situada en el centro de la fotografía, sujeto al carro (atención de Angelines Longas cuyo Padre, Fidentino, es el primero por la derecha, agachado Julián Pisa, Manolo Enfedaque y José Peralta).
Cristóbal Carceller es un villanovense residente en Madrid y que acaba de cumplir 88 años, con una memoria prodigiosa relata en las redes sociales (Facebook) todos los recuerdos de su infancia y juventud en las calles de su pueblo y descubre a las nuevas generaciones, un pasado sin nostalgias pero con una riqueza visual importante, pues detalla sus memorias como un ejercicio para el presente. Hijo de Victoriano Carceller Iranzo y Auristela Calvo Gargallo. Es el penúltimo de doce hermanos, perteneciente a una familia de trabajadores del campo que llevaba un par de generaciones asentada en el pueblo. En los años cuarenta y haciendo la mili en Madrid, se preparó en una academia de Policía y se colocó en la Comisaría de la Puerta del Sol, allí se jubiló como Comisario. Mientras tanto contrajo matrimonio con Isabel y tuvieron tres hijos. Estos son algunos de sus recuerdos de Villanueva de Gállego:
 

El Lavadero: “Había en Villanueva una acequia próxima al pueblo, que los viejos llamaban “brazal nuevo”, y los más modernos “Lavadero” ya que, a su paso por Villanueva y en sus márgenes, habían colocado piedras grandes y planas en las cuales las mujeres se arrodillaban mediante una especie de cajón, al que le faltaba un lateral. Algún año antes de la guerra, se construyó un lavadero público y cubierto en la misma acequia. Canalizado en cemento, con las paredes inclinadas hacia el agua y lo suficientemente anchas para lavar encima de ellas. Fue un adelanto y comodidad para las mujeres, pues lavaban de pié y tenían apoyo en el propio muro. Faltaban muchos años para que se inventaran las lavadoras y el flamante lavadero nuevo, quedara inservible”. Ese lavadero continuó en activo hasta los años sesenta del siglo XX y en esa época compatibilizada con las funciones de piscina, iniciación al tabaquismo y “festejódromo. Aun se conserva y a sus paredes sirven para inspiración de graffiteros.  

Cine mudo: “En tiempos remotos venía a Villanueva, para hacer cine en la plaza, un matrimonio. Traían todos los atalajes en un carro desvencijado y tirado por un caballejo tan desvencijado como el carro y tan escuálido como el Rocinante de D. Quijote. Como telón ponían una sábana, que no estaba tan blanca como suelen estar las sábanas, en la pared del Ayuntamiento que entonces sostenía la terraza” debajo de la cual se encontraba el calabozo y la carbonera. “Traían unas tablas que servían de asientos, sostenidas por una especie de trípodes. Los que las ocupaban pagaban veinte céntimos los demás, formábamos corro alrededor. El proyector funcionaba dándole vueltas a una manivela, tarea que hacía la mujer, mientras el hombre, con un fuerte vozarrón, explicaba la película y hacía los efectos especiales. Las carreras de caballos las hacían tamborileando los dedos en una tabla y también fingía el tableteo del tren así como la puesta en marcha de las máquinas de vapor. En una película explicaba; Dense cuenta como sube Dan por el cerro "El cerro se veía, pero a Dan no. Dan iba en busca de su novia que estaba en el alto del cerro secuestrada por dos forajidos, que la habían abandonado y huido al aproximarse Dan. Al encontrarse los novios se besaban con un beso muy casto, ya que en el cine de entonces todavía no se daban los besos a tornillo o a muerde-lenguas, como después. Cuando estaban en la escena amorosa, el explicador decía: Ahora están haciendo el "Fachirifachi" Con el explicador tenías la ventaja de que te enterabas de la peli, aunque fuera muda”.  

Ayuntamiento viejo. (Gentileza Jesús Calvo Guillén)

Las fiestas de Villanueva: “En el programa del año 1931 se anunciaba un acontecimiento titulado CARRERA DE BURROS CON ALBARDAS AL REVES. A la hora fijada ya estaban en la plaza doce burros con sus jinetes. Tenían que montar de espaldas a la cabeza del burro y de cara a la cola. Salieron los burros corriendo por la calle hacia el puente ancho. Toda la zagalería íbamos corriendo detrás, y riéndonos con las jugarretas que hacían los burros y sus jinetes. Tenían que doblar por la carretera a bajar por la calle del Arco, hasta la calle Pradilla y girar de nuevo hacia la izquierda para llegar a la meta en la plaza. Mi hermano mayor, José, montaba el burro de “Sarticule”, que al enfilar la calle del Arco corría como un demonio, dejando a todos atrás. Todos le vitoreábamos creyendo que iba a ganar. Pero el jodido burro, al llegar a la calle Pradilla, en lugar de girar a la izquierda, giró a la derecha donde en el primer portal vivía Sarticule y tenía la cuadra el burro. Se metió en la cuadra con José encima y dijo que de allí no salía y no hubo forma de sacarlo. Todos nos reíamos mucho. José se cabreó pero terminó riendo con todos y fue a la plaza a felicitar al ganador, que fue Pedro Cativiela. He visto muchas carreras de motos, coches, caballos, pero tan divertida como la de burros de mí pueblo ninguna”.

“Se llamaba Miguel, le conocí siendo yo niño y él ya era abuelo, poseía varios campos de huerta y para ir a verlos se compró lo que él llamaba su bicicleta de cuatro ruedas, que era un burro pequeño que cuando lo montaba le daban los pies en el suelo. De joven fue un gran aficionado a las carreras pedestres. Entrenaba mucho y participaba en las que se celebraban en las fiestas de los pueblos de alrededor. Oí contar a personas mayores que fue a las fiestas de Zuera, a competir en la carrera con los mozos del pueblo. La carrera se celebraba en la plaza, dentro de un círculo formado por dos cuerdas gruesas, colocadas a más de un metro de altura. Comenzó la competición y los mozos corrían velozmente y enseguida le sacaron a Miguel una vuelta de ventaja, el público aplaudía a los suyos y se reían de Miguel, el cual comenzó a correr con una marcha regular y muy pronto, los mozos del pueblo estaban reventados y no podían con su alma. Miguel siguió a su ritmo y los sobrepasó a todos. El público empezó a abuchear a Miguel y le amenazaban con zurrarle si ganaba, por lo que al terminar la carrera ganándoles a todos. Miguel salto la cuerda, y sin esperar a cobrar el premio, se fue corriendo hasta Villanueva”.
Gentileza Victorio Vicente Arnas

Los Quintos: “Ya estamos en el mes de mayo. Recuerdo que en Villanueva, en mi juventud, no sé si lo seguirán haciendo, los quintos de cada año, iban al soto, y cortaban un árbol, cuanto más grande mejor, y lo plantaban como mayo, por regla general en la carretera, en el puente ancho. Al tronco, le quitaban la corteza hasta unos dos metros desde tierra y lo untaban con jabón, para que hubiera dificultad en trepar hasta coger algo que colocaban en las primeras ramas, y que pasaba a ser propiedad del que llegara a cogerlo. En una ocasión, hicieron un muñeco con unos pantalones llenos de paja y otro saco para el cuerpo, le pusieron un jersey de colorines que era de Manolín, uno de los quintos, y lo colocaron cerca de las ramas agarrado al tronco, como si estuviera trepando. Por la mañana estaban varias mujeres contemplando el mayo, y de pronto la señora Felisa empezó a gritar: ¡Virgen del Pilar Sagrada, si es mi Manolín!, ¡¡Chicoooo baja de ahí enseguida o se lo digo a tu padre!! Las otras mujeres riéndose, le dijeron: ¡si no es su Manolín, es un muñeco al que le han puesto el jersey de su hijo! La seña Felisa apenas pudo decir: ¡¡Ay, Dios mío, que susto me han dado esos granujas!!”
Mujeres recogiendo algodón en Villanueva (Gentileza: Jesús Calvo Guillén)
Trabajo en el campo: “Recuerdo que cuando yo era niño, hace una eternidad, en Villanueva se cultivaba mucho la remolacha azucarera. La recolección suponía un gran trabajo en el que participaban los hombres que la arrancaban, los niños mayorcitos que la recogían y amontonaban y las mujeres que se sentaban o arrodillaban en cada montón y la descoronaban y limpiaban quitándoles las hojas. Después se cargaba en los carros y se llevaba a la estación del ferrocarril y como no había vagones suficientes, se descargaba en el suelo y se formaba una gran montaña de este producto. En los campos solía hacer mucho frío y había mucha humedad, a pesar de ello reinaba buen humor, pues se gastaban bromas y se reían mucho. En una ocasión, una mujer riéndose, le gritó al encargado del grupo: "Tío xxx que lleva la bragueta abierta" ja,ja,ja. Las otras gritaron: "La sacristía abierta y el sacristán en la puerta" ja,ja.ja... Todo eran risas. El tío xxxx, que tenía un excelente humor, se miraba hacia abajo y hacía como que se escudriñaba la bragueta y también gritaba: "No hay cuidado, está pacífica" Y todo eran risas.- Yo me admiraba del buen humor de las mujeres a pesar del trabajo y del frío, pero se lo pasaban bien.
Escena de vendimia en Villanueva (Gentileza Jesús Calvo Guillén)
Para la realización de esta entrada ha sido necesaria la colaboración de su sobrina Carmen, gracias y a seguir recordando.

 

5 comentarios:

  1. Cristóbal Carceller Me ha entusiasmado,. Gracias y Feliz verano.-

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  2. Feli Sacacia Dieste me ha recordado cuantas veces me contaba mi madre lo de es coronar y realmente no sabia lo que era, me ha gustado mucho este recordatorio de nuestro pueblo

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  3. Antonio Banus Fantastico. Debia ser genial correr calle abajo con el burro montado al reves

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  4. Piluka Globalchat muchas gracias

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  5. Fidel Angel Vicente Martínez gran documento gracias Carlos

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