Quizás una de las tradiciones más
representativas del carácter añorero es la historia de la “Tía Eduviges” o
“Luviges”. Una señora que cayó por uno de los cortados del pueblo que bajan
hacia la Huecha y cuya falda hizo de paracaídas, lo cual le salvo de males
mayores. Bajaron a buscarla con un burro y la montaron en él, con tan mala
fortuna que al llegar al pueblo, Luviges cayó del animal y allí se desnucó. Una
historia popular cargada de sentido del humor socarrón y burlesco. Entre otras
cosas porque doña Luviges no consta que practicara ningún tipo de brujería o
malas artes. Desde hace unos años se representa el vuelo de la “Tía Eduviges”
pero en lugar de terminar en defunción (tampoco se sabe cuál fue la causa real
de su muerte ni cuándo, ni porqué; aunque parece ser que sí se trata de un
suceso real) lo que se lleva a cabo tras el rescate de la anciana es una
merienda en la plaza Mayor. Este sábado a las 18 horas volverá a saltar para todos.
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