lunes, 4 de mayo de 2020

María Antonia Orús Sacacia



Se cumplen ahora diez años desde que comencé a escribir en este blog; al que en principio no sabía muy bien como titular y que acabó llamándose “El Retabillo”. Llevaba tiempo madurando la idea, pues poseía un archivo considerable de material histórico que era necesario canalizar de alguna manera y ante la notoria ausencia de apoyo exterior, había que hacer algo. En este sentido tengo que decir que las nuevas tecnologías de la comunicación han hecho un papel importante pero como todo, tiene su lado bueno y su lado malo. Algún día contaré como fue el nacimiento de esta aventura o pequeña empresa, por ahora quisiera dar las gracias a las casi 700.000 personas de todos los rincones del mundo, ha habido veces que me he encontrado con visitas de los lugares más insospechados, que se han acercado a sus entradas y que me ha permitido conocer una cantidad enorme de personas y entidades; a lo largo de esta década ha habido de todo y quizás por eso hay que celebrarlo de alguna manera. Paralelamente a esta singladura comencé a publicar artículos en otro blog, llamado Noticias de Villanueva; hubo un momento en que aquella página dejó de funcionar y decidí seguir por mi cuenta, hasta 69 entradas publiqué en aquel blog que ahora rescato en esta su casa y que comienzo hoy con un recuerdo especial lleno de emotividad y que me han solicitado en muchas ocasiones.

Una noche de verano encontré una referencia sobre María Antonia Orús Sacacia. Se me ocurrió escribir puntualizando esa información, más que nada porque la viví. Fue muy simple, el Ayuntamiento quería que participara en las primeras ediciones del Concurso Pradilla y ella prefirió regalar un cuadro suyo que se conserva en el Hall, de esta manera  entré en contacto de manera puntual con la página Noticias de Villanueva. A modo de entronque con aquella intervención, voy a seguir hablando de Mari (que era así como se la conocía familiarmente). Nació el 10 de marzo de 1949 en la clínica de Roncalés, en Zaragoza. Pasó sus primeros años en la torre del Hospitalico en Villanueva, que era donde vivían sus padres (Andrés “el tío Royo” y María, que falleció hace apenas un par de años con casi cien). Muy joven comenzó a destacar por su afición a la pintura, en un programa de fiestas de principios de los sesenta se anuncia una exposición suya en la entonces Hermandad Sindical, con apenas doce o trece años, guardo con especial cariño uno de los cuadros que expuso en esa ocasión. Tras terminar sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de Zaragoza se trasladó a Barcelona, donde obtuvo la Diplomatura en la Escuela Superior de Artes de San Jorge.

Hacia 1970 comenzó a realizar exposiciones en varias ciudades españolas y francesas (Barcelona, Teruel, Morella, Burdeos, Zaragoza, Logroño, Pontevedra, Huesca, Avilés, Madrid, Segovia, etc.) De esta etapa segoviana guardaría siempre un especial recuerdo no solo por su actividad artística, sino por las amistades que cosechó y que le sirvieron después a lo largo de su trayectoria. Compatibilizaba esta actividad con un puesto de trabajo en el Hospital de Nuestra Sra. de Gracia, donde daba clases de pintura a los enfermos. Poco a poco logró montar un enorme estudio de pintura en su casa de la calle Ronda, allí había cuadros por todas partes y también se vivieron algunos momentos de la transición, preparando papeletas para el Referéndum de 1976 o decorados para las primeras “semanas culturales” del Club Juvenil San José. De esta etapa recuerdo sus exposiciones en Zaragoza, me gustaba ir a verla a la sala Luzán y alguna más. Recuerdo que una vez estuvimos en Huesca, exponiendo en una sala que pertenecía a los dueños de un restaurante muy típico en aquella época en la capital oscense “La parrilla Gombar” allí probé por vez primera una tortilla de gambas.

Hacia 1980 su vida tomaría un giro importante. Conocería a los propietarios de la galería Goya de Zaragoza, que se convertirían en unos auténticos mecenas. Crearía su propia academia en un piso de la plaza de San Miguel, justo al lado de la casa en la que había vivido nada más ni nada menos que Francisco de Goya. Por entonces contraería matrimonio con Julio Senent. Ingeniero de Telecomunicaciones, fue trasladado a Menorca, allí nacerían sus dos hijos, Julio y Diana, viviendo en Villa Carlos (Els Castells) hasta 1988. Ella sabía de mi afición a la fotografía y me pidió que fuera un verano allí y que hiciera muchas fotos, de esas vacaciones tengo un enorme reportaje fotográfico de la isla que conservo. En este año su marido fue trasladado Huesca. La vida parecía encarrilársele, cuando una rápida y fatal enfermedad se la llevó, con apenas 41 años, el 27 de marzo de 1990. Cuando era un crío le decía que me gustaría que me hiciera un retrato, ella me contestaba que cuando me formalizara y me supiera estar quieto, es decir que no sabía posar. Al final empezó a pintarlo, pero desgraciadamente dejó la tarea sin terminar, le hacía ilusión pintarme un retrato, vestido de músico y con el Bajo, bueno yo creo que ella pensaba que tocaba el contrabajo y cuando me vio con semejante pedazo de tuba se desilusionó, pero con todo siguió adelante con lo prometido.

Sería difícil cuantificar su obra. En cuanto a la calidad de la misma, toda tiene algo en común. Engancha a quien la mira, su pintura sugiere vida incluso más allá de lo que el propio ojo puede ver y a la vez, una tremenda serenidad y quietud. A mi me ha impresionado siempre como capta la luz, da igual un paisaje mesetario, montañés, mediterráneo y sobre todo en su etapa menorquina. Maria Antonia Orús aprovecha cada rincón del lienzo para expresar algo que da sentido al conjunto, sus cuadros son como un puzle lleno de pequeños detalles igual de importantes, consiguiendo que el espectador explore toda la obra. Ella misma lo escribió en 1979: “Soy de la opinión de que al pintor se le debe conocer en toda su expresividad, donde las simples notas de color pueden valer tanto o más que un cuadro de profundidad expresiva”. Para finalizar quisiera añadir una faceta desconocida de ella. Era también una excelente ceramista. Le gustaba trabajar con la arcilla, decorándola con diferentes acabados, utilizando técnicas novedosas y logrando efectos muy curiosos, en definitiva toda una artista y una excelente persona que nos dejó demasiado pronto.



2 comentarios:

  1. Dónde estuvo fue el Manicomio de Zaragoza y dejó dos murales preciosos que intente que fueran a Villanueva y supongo que seguirán en el almacén

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  2. Es cierto, trabajó durante siete años en el taller del hospital psiquiátrico Nuestra Sra. del Pilar dando clases a los enfermos y apoyándoles en la terapia. De esta época se guardan varios cuadros que ella hacía sobre lo que hoy es el parque de Delicias, yo pensé durante un tiempo que ese parque bien podría llevar su nombre, sería un bonito homenaje.

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